La catedral de Huesca ha acogido este miércoles 28 de octubre una celebración litúrgica en memoria de don Javier Osés Flamarique, obispo de la diócesis entre 1977 y 2001, en la que se ha dado gracias a Dios por su vida y su ministerio sacerdotal y se ha pedido por el eterno descanso de su alma. La eucaristía, presidida por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, ha reunido al presbiterio diocesano, delegados de la diócesis y autoridades civiles y militares de la ciudad.
La celebración ha tenido también presentes a las víctimas mortales, a las personas heridas y a los familiares afectados por el accidente ferroviario ocurrido en Toledo.
Han concelebrado el obispo de Huesca y de Jaca, el padre Pedro Aguado Cuesta; el arzobispo de Zaragoza, don Carlos Escribano; el obispo de Tarazona, don Vicente Rebollo; y el obispo titular de Ofena, don José Luis Redrado.
Durante la homilía, el padre Pedro ha invitado a dar gracias por el testimonio de un pastor que dedicó buena parte de su vida al servicio de las comunidades cristianas y de toda la sociedad altoaragonesa. Don Javier estuvo al frente de la diócesis de Huesca durante 32 años, 24 de ellos como obispo titular, en una etapa marcada por su entrega pastoral y su cercanía a las personas.
El obispo ha recordado que la figura de don Javier permanece vinculada a su sabiduría, su sencillez, su testimonio de fe, su dedicación a los más necesitados y su apertura a todos. Un legado que, ha subrayado, permite reconocer el bien que hizo en la Iglesia y en la sociedad.
A partir de las lecturas de la festividad de los apóstoles san Simón y san Judas, Aguado ha situado el ministerio episcopal en la llamada a construir la Iglesia desde la centralidad de Jesucristo. Ha recordado las palabras de san Pablo, “tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús”, como expresión de la vocación de todo pastor y como clave para comprender la trayectoria de don Javier.
“Hoy celebramos a un obispo sabio y sencillo, humilde y amigo de todos”, ha afirmado, al establecer un paralelismo entre la memoria del prelado y la figura de los dos apóstoles cuya fiesta celebra la Iglesia este día, conocidos por su discreción y humildad.
El obispo de Huesca y de Jaca ha destacado también la identificación de don Javier con aquellos a quienes Jesús situó en el centro de su mensaje: los pequeños, los pobres y quienes buscaban la fe. Esa cercanía, ha explicado, le permitió acompañar a personas y comunidades muy diversas y colaborar con quienes trabajaban por un mundo más justo.
La homilía ha profundizado en el mensaje evangélico de la misericordia, el perdón y el amor al prójimo. Aguado ha recordado a Jesús como referencia de una vida entregada a escuchar, acoger, curar y acompañar, y ha señalado que seguir su ejemplo exige reconocer la propia fragilidad y pedir a Dios la fuerza necesaria para caminar con fidelidad al Evangelio.
El cardenal Juan José Omella ha recordado asimismo su vinculación personal con la Iglesia oscense, donde sucedió a don Javier como administrador apostólico durante dos años y tres meses, en el periodo de sede vacante. Su presencia ha contribuido a subrayar la continuidad de una memoria compartida por quienes conocieron y acompañaron al prelado en su ministerio.
Al término de la celebración, Carlos Barraca ha leído unas palabras de agradecimiento de Margarita Osés Flamarique, hermana de don Javier, en nombre de la familia. Posteriormente, los obispos y sacerdotes se han trasladado a la capilla de Nuestra Señora del Pópulo, donde está enterrado don Javier, para rezar una oración por su eterno descanso.
La celebración ha sido una ocasión para renovar el agradecimiento de la Diócesis de Huesca por la vida y el ministerio de quien fue su pastor durante más de tres décadas, y para recordar una forma de ejercer el episcopado marcada por la humildad, la cercanía y el servicio.














