Marisol Carpintero: «He encontrado en la cruz de Cristo el sentido del sufrimiento»

Fabio Ovalle Medina
9 de octubre de 2026

El sufrimiento puede convertirse también en un lugar de encuentro con Dios cuando se vive acompañado, con fe y esperanza. Así lo explica Marisol Carpintero Estévez, delegada de Pastoral de la Salud de Ávila, que presentará el próximo 23 de octubre, a las 17:00 horas, en la Casa de la Iglesia de Zaragoza, el libro Mensajes desde el amor, al hombre que sufre.

Entrevistada por Rocío Álvarez en El Espejo de COPE Zaragoza, Carpintero explicó que la obra reúne mensajes de los últimos pontífices en torno a la Jornada Mundial del Enfermo y nace también de su propia experiencia de enfermedad y acompañamiento pastoral.

Un libro que también escribe el lector

La publicación no pretende ser únicamente una recopilación de textos pontificios. Marisol propone leer cada mensaje con calma, meditarlo, rezarlo y dejar espacio para que cada persona añada su propia reflexión.

De este modo, enfermos, familiares, profesionales sanitarios, sacerdotes y agentes de pastoral pueden convertir el libro en un itinerario personal. La propuesta se apoya en tres gestos sencillos: leer cada mensaje de forma pausada; reflexionar desde la propia experiencia; y terminar con un momento de oración y una aportación personal.

De la enfermedad al acompañamiento

El origen de esta obra está profundamente unido a la historia personal de Carpintero. Durante un proceso de enfermedad, sintió el deseo de peregrinar a Roma durante el Jubileo del año 2000 y recuerda aquella experiencia como un momento en el que se sintió «abrazada por Dios».

Años después comenzó su servicio en la Pastoral de la Salud de Ávila y profundizó especialmente en el magisterio de san Juan Pablo II sobre el sufrimiento humano. «He encontrado, pegando mi cruz a la cruz de Cristo, el sentido cristiano del sufrimiento humano».

Aprender a cuidar como el Buen Samaritano

Para Marisol Carpintero, Jesús ofrece en la parábola del Buen Samaritano una auténtica escuela para acercarse a quien sufre: mirar, cuidar, acompañar y salvar. La presentación en Zaragoza quiere precisamente abrir un espacio para redescubrir cómo la Iglesia puede estar cerca de quienes atraviesan la enfermedad, la fragilidad o el dolor, no solo con palabras, sino con presencia, escucha y esperanza.

 

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