Sin el traje de fiesta

Pedro Escartín
10 de octubre de 2026

Flash de mi conversación (imaginaria) con Jesús sobre el Evangelio del XXVIII Domingo del tiempo ordinario – ciclo A – 11 de octubre de 2026 – Pedro Escartín Celaya

Después de la parábola de los viñadores homicidas, que meditábamos el domingo pasado, el evangelista nos recuerda otra parábola parecida a ésta. Jesús también la dijo a los principales del pueblo de Israel con la intención de insistirles en que se estaban ganado a pulso el ser excluidos de un lugar en el banquete del Reino. El párroco nos ha advertido que no demos por sabida la enseñanza de esta parábola, porque en la de este domingo (Mt 22, 1-14) hay algo novedoso…

– Me parece que hoy has repetido lo que ya nos dijiste el pasado domingo con la parábola de los viñadores homicidas –he dicho a Jesús con una sonrisa en los labios y en el tono más amable que he logrado articular–.

– No pongas el rostro de los que se excusan al decir lo que dicen –me ha advertido Jesús con una sonrisa–. Tienes razón en lo que dices, pero sólo hasta cierto punto. Con ambas parábolas yo perseguía lo mismo: insistir en que aquellos que el Padre quiso que fueran los primeros destinatarios de su Reino lo rechazaban y, con ello, se acarreaban su propia perdición y la del pueblo. Pero también quise subrayar que no es suficiente con haber aceptado la invitación a la boda del hijo, sino que es necesario acudir con un estilo de vida parecido al mío y conforme con mis enseñanzas.

– Supongo que esto es lo que quisiste decirnos con el episodio de aquel invitado que se metió en el banquete sin vestido de boda –he dicho abriendo mis ojos como platos–. A pesar de todo, insisto en que me parece un poco raro que el rey de la parábola exigiera un traje de fiesta a un pordiosero recogido por los caminos.

– Te parece raro porque no recuerdas las costumbres de entonces. Mis parábolas reflejan aquel modo de vivir, y era costumbre que el anfitrión de un banquete preparara vestidos apropiados para los invitados que, por algún motivo, llegaran sin el traje adecuado. Lee la parábola pausadamente y te darás cuenta de que los primeros invitados hicieron un feo al rey al negarse a acudir a la boda del hijo, máxime cuando el rey ya había matado los terneros y las reses cebadas para el banquete, además de que maltrataron a los criados que envió a recordarles la invitación…

– Más que un feo –he dicho interrumpiendo su explicación–, sino que protagonizaron un notable desprecio del rey, si tenemos en cuenta la función social de los banquetes: afianzan las relaciones sociales y manifiestan el estatus del anfitrión; al tratarse de la boda de su hijo, el rey debió seleccionar los invitados minuciosamente y, seguramente, había entre ellos personajes importantes…

– Sin duda fue así, pero en aquel banquete hubo otro desprecio: el del invitado que no aceptó el traje de fiesta que le ofreció el rey. Era costumbre que el anfitrión preparara vestidos de fiesta para los que no los llevaban; si aquel había sido recogido en los caminos, era comprensible que no llevara consigo el traje adecuado, pero no tiene explicación que rechazara el que se le ofreció.

– ¿Quieres decir que el vestido de fiesta que ahora nos ofrece el Padre para poder sentarnos en el banquete del Reino es el Sacramento del Perdón?

– ¿Dónde, si no, vas a experimentar el abrazo y el consuelo que ofrecí a la mujer pecadora cuando le dije: “Yo no te condeno; quédate en paz y no peques más”?

– Este sí que es un hermoso traje de fiesta ?he exclamado?. No permitas que lo rechace. ¡Que tengas un feliz día del Señor!

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 1-14).

En aquel tiempo de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar a otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?” El otro no abrió la boca, Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”».

Palabra del Señor.

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