Luis Miguel Castro: «Personas sin casa y casas sin personas: la Iglesia pide cambiar el modelo»

Fabio Ovalle Medina
3 de octubre de 2026

La crisis de la vivienda no es solo un problema económico ni una cuestión política coyuntural: afecta directamente a la dignidad humana. Así lo sostiene Luis Miguel Castro, sacerdote diocesano de Zaragoza y experto en Doctrina Social de la Iglesia, quien advierte de un problema estructural cuando el máximo beneficio se antepone al derecho de las personas a vivir dignamente.

Entrevistado por David López en El Espejo de COPE Zaragoza, Castro recordó que la defensa eclesial del acceso a una vivienda adecuada viene de décadas atrás y hunde sus raíces en la defensa de los derechos humanos.

La vivienda, un derecho y no un lujo

Ya en 1963, san Juan XXIII recogía en Pacem in Terris los derechos necesarios para una existencia digna. Para Castro, esta posición no responde a una determinada coyuntura política, sino a una convicción fundamental: toda persona posee una dignidad que exige poder acceder a aquello que necesita para vivir.

El sacerdote identifica algunos criterios concretos:

  • Que un trabajo y un salario dignos permitan cubrir las necesidades fundamentales.
  • Que el coste de alquiler o hipoteca no obligue a renunciar a alimentación, salud u otros derechos.
  • Que las instituciones puedan actuar para favorecer precios asequibles.
  • Que las viviendas vacías encuentren un uso social, acompañado e incentivado por las administraciones.

 

Cuando el beneficio tiene límites

Castro considera legítimo obtener beneficios económicos, pero no a costa de aprovecharse de la necesidad de otras personas. La actividad empresarial, recuerda, debe incorporar ética, respeto a los trabajadores, responsabilidad social y cuidado del medio ambiente.

La paradoja resulta evidente: mientras existen personas sin hogar, también existen viviendas sin utilizar. Desde el principio del destino universal de los bienes, la propiedad tiene una función social y no puede desvincularse del bien común. «No se puede aprovechar la necesidad de la gente para empobrecerla o hacer que renuncie a otros derechos por tener que pagar su vivienda». Señala Castro.

Un problema que va más allá de casos concretos

Para Luis Miguel Castro, España no afronta únicamente situaciones aisladas, sino un problema estructural y cultural. El individualismo y una economía orientada exclusivamente al máximo beneficio terminan convirtiendo a la persona en objeto.

La alternativa pasa por recuperar el significado original de la economía: administrar la casa para que todos sus integrantes tengan lo necesario para vivir dignamente. Una llamada de la Doctrina Social de la Iglesia que devuelve al centro una pregunta esencial: ¿para qué sirve la economía si deja a parte de la sociedad sin acceso a un hogar?

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