La Santa Capilla y el Altar Mayor del Pilar estrenan una nueva iluminación al servicio de la liturgia y el patrimonio

David López
25 de septiembre de 2026

La Catedral Basílica de Nuestra Señora del Pilar cuenta desde este jueves con una nueva iluminación en la Santa Capilla y el Altar Mayor, dos de los espacios de mayor valor espiritual, histórico y artístico del templo. La actuación permite contemplar con mayor detalle su riqueza patrimonial y adaptar la luz a las distintas celebraciones litúrgicas.

Durante el acto de inauguración, el arzobispo de Zaragoza, monseñor Carlos Escribano, quiso situar esta actuación más allá de una mera mejora técnica o estética. La renovación, explicó, forma parte de un horizonte mucho más amplio: la preparación del Bimilenario de la Venida de la Virgen del Pilar, que Zaragoza celebrará en 2040.

«Esta colaboración es un paso más en el camino hacia el Bimilenario de la Venida de la Virgen del Pilar, Pilar 2040: cada gesto de cuidado por nuestro patrimonio es también un gesto de preparación espiritual, para llegar a esa fecha con una basílica que hable, en cada rincón y en cada luz, de la constancia de la devoción mariana en Zaragoza», subrayó el arzobispo.

Patrimonio al servicio de la fe

La intervención afecta precisamente a dos lugares que concentran buena parte del significado religioso del Pilar. Por un lado, la Santa Capilla, corazón devocional de la basílica y lugar que custodia la Sagrada Columna y la imagen de la Virgen; por otro, el Altar Mayor, presidido por el gran retablo de la Asunción de la Virgen.

La nueva iluminación busca poner en valor sus elementos arquitectónicos y artísticos sin perder de vista la función primordial del templo. La instalación permite configurar diferentes escenas de luz en función de las necesidades litúrgicas y funcionales de la basílica y, al mismo tiempo, destacar determinados elementos durante las visitas de carácter cultural.

El estreno de la iluminación quiso expresar precisamente ese diálogo entre belleza, patrimonio y espiritualidad. La ceremonia comenzó con el templo a oscuras y, de manera progresiva, la luz fue descubriendo las figuras y conjuntos artísticos de ambos espacios.

El encendido estuvo acompañado por los Infanticos del Pilar y por Juan San Martín, organista titular de la basílica, bajo la dirección del maestro de música de las Catedrales de Zaragoza, José María Berdejo. La celebración concluyó con todos los asistentes entonando la jaculatoria «Bendita y alabada».

Una iluminación más eficiente y respetuosa

El proyecto ha sido desarrollado por Fundación Endesa en colaboración con el Cabildo Metropolitano de Zaragoza. La actuación ha sustituido los anteriores sistemas por tecnología LED, con ópticas y potencias específicamente adaptadas a cada elemento y respetando los niveles de iluminación necesarios para garantizar la conservación de las obras históricas y artísticas.

En total se han instalado 126 luminarias LED. La potencia pasa de 14,90 kW a 4,606 kW, una reducción del 69,1 %. Según los cálculos facilitados por Endesa, la nueva instalación permitirá ahorrar alrededor de 22.541 kWh al año y evitar la emisión de unas 5,64 toneladas de CO? anuales.

El sistema puede regularse punto por punto desde un nuevo cuadro de control situado en la sacristía mayor. Esto permitirá seleccionar diferentes composiciones lumínicas dependiendo de la celebración y también iluminar por separado distintos elementos del Altar Mayor durante las visitas guiadas.

Con la mirada puesta en 2040

Al acto asistieron también el presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón; la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca; el consejero delegado de Endesa, Gianni Armani, y el presidente de Endesa y de Fundación Endesa, Juan Sánchez-Calero.

La renovación se incorpora así al proceso de cuidado y puesta en valor de la basílica con la mirada puesta en una fecha que marcará la vida de la Iglesia zaragozana en los próximos años: 2040.

El horizonte señalado por monseñor Escribano, sin embargo, no se limita a preparar un edificio para una conmemoración. Se trata de llegar al Bimilenario haciendo que el propio Pilar continúe dando testimonio, también a través de su patrimonio y de su belleza, de una devoción mariana profundamente arraigada en la historia de Zaragoza.

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