Lola Arrieta y Cova Orejas, Carmelitas de la Caridad de Vedruna, abrieron el tercer año de la puesta en marcha del Espacio diocesano de acompañamiento espiritual Horeb con una conferencia y un taller sobre el acompañamiento como camino para una fe adulta y una pastoral más cercana a la vida.
La Casa de la Iglesia de Zaragoza acogió el pasado 18 y 19 de septiembre una nueva propuesta formativa del Espacio diocesano de acompañamiento espiritual Horeb, que ha querido comenzar el curso poniendo el acompañamiento espiritual en el centro de la reflexión pastoral.
La convocatoria tuvo una amplia respuesta, con cerca de 90 participantes, en su mayoría personas implicadas en la evangelización y en la vida pastoral de sus comunidades. La numerosa asistencia y la actitud especialmente receptiva de los participantes mostraron el interés que suscita hoy la reflexión sobre el acompañamiento y su lugar en la acción pastoral.
De la mano de Lola Arrieta y Cova Orejas, Hermanas Carmelitas de la Caridad de Vedruna, las dos jornadas combinaron reflexión y experiencia práctica en torno a una pregunta que atraviesa hoy a muchas comunidades cristianas: ¿qué lugar puede tener el acompañamiento espiritual en la pastoral de nuestro tiempo?
La convocatoria partía de una inquietud concreta. Si el acompañamiento puede ayudar a las personas a vivir una fe más personalizada, capaz de integrar fe y vida y de favorecer procesos hacia una fe adulta, ¿por qué existe una demanda tan escasa de acompañamiento entre personas implicadas activamente en nuestras comunidades, agentes de pastoral, incluso entre sacerdotes y personas consagradas?
«Dios estaba aquí y yo no lo sabía»
Con el título «Dios estaba aquí y yo no lo sabía» (Gn 28,10-22), Lola Arrieta inició la sesión del viernes con una relectura del relato bíblico del encuentro de Jacob con Dios. El texto sirvió como punto de partida para plantear una pregunta que acompañó toda la reflexión: ¿qué cosas nos ocultan hoy la presencia de Dios?
Desde ahí apareció una de las primeras claves del arte de acompañar: «En el acompañamiento hay que regalar preguntas». No se trata tanto de ofrecer respuestas o soluciones cuanto, de ayudar a la persona a mirar su propia vida, descubrir lo que está viviendo y reconocer en ella posibles caminos de encuentro con Dios.
Lola Arrieta subrayó que el acompañamiento espiritual no es una moda ni una práctica reservada a determinados momentos de crisis. Forma parte de una larga tradición que, sin embargo, necesita ser actualizada en cada época. Y en el contexto actual adquiere una especial relevancia.
Vivimos, señaló, en una cultura marcada por la aceleración, el aislamiento y una cierta dificultad para detenerse y prestar atención a lo que acontece en la propia vida. En este contexto, el acompañamiento puede convertirse en un espacio que ayude a recuperar la pausa, la escucha, la reflexión y la capacidad de tomar decisiones más conscientes.
Frente al riesgo de instalarse en el escepticismo, la desesperanza o el aislamiento, acompañar supone también crear un espacio donde la persona pueda ser escuchada, hacerse preguntas y descubrir posibilidades que quizá permanecen ocultas en medio de la vorágine de la vida cotidiana.
El acompañamiento como sustrato de la pastoral
Una de las intuiciones centrales de la sesión fue entender el acompañamiento no como una actividad pastoral más que compite con otras, sino como un sustrato que puede sostener y enraizar el conjunto de la acción pastoral.
Desde esta perspectiva, acompañar no sería otra actividad más añadida a las tareas pastorales, sino una manera de situarse ante las personas y ante sus procesos vitales. Una forma de relación que puede atravesar las distintas acciones y propuestas de una comunidad.
Esta cultura del acompañamiento es la traducción de la exigencia que Sinodalidad está pidiendo a nuestra Iglesia: una forma de relación basada en la escucha real.
Ante la pregunta inevitable ¿por qué se acompaña tan poco si el acompañamiento puede aportar tanto?
La respuesta no parece estar únicamente en que las personas no lo demanden explícitamente, sino en las actuales condiciones de vida —la aceleración, las prisas, la falta de tiempo o el hecho de no haber experimentado nunca el acompañamiento como una posibilidad— que pueden hacer que esa necesidad no llegue a formularse de manera explícita, pero sí a través de ciertas expresiones y preguntas que podemos escuchar y mantener.
De ahí la necesidad de crear cauces, ofrecer medios adecuados y salir al encuentro, generando poco a poco una verdadera cultura del acompañamiento.
Del discurso a la experiencia
Durante la segunda jornada, Cova Orejas y Lola Arrieta propusieron un taller experiencial en el que, en primer lugar, los 18 participantes, en su mayoría acompañantes, pusieron de manifiesto sus fortalezas y las dificultades que encuentran a la hora de realizar este servicio. Después, a través de varias dramatizaciones y ejercicios prácticos, pudieron identificar algunas áreas de mejora que a veces resultan difíciles de percibir únicamente desde la teoría.
La experiencia permitió detenerse en aspectos concretos de la relación de acompañamiento y tomar conciencia de aquellos elementos que pueden favorecer o dificultar un verdadero encuentro.
Una de las claves que atravesó el taller fue precisamente esta: el acompañamiento es, ante todo, un encuentro. No se acompañan problemas, situaciones o dificultades de manera aislada; se acompañan sobre todo personas, en situación. El acompañamiento es encuentro, y ese encuentro es lugar de Revelación. El objetivo del acompañamiento es crea condiciones para generar resonancias internas que ayuden a identificar cómo el Espíritu está actuando.
Por eso, acompañar no consiste fundamentalmente en aplicar determinadas técnicas o proporcionar consejos. Se trata de crear las condiciones para que pueda darse el encuentro: de la persona consigo misma, con los otros, y con el Señor.
En palabras que resumen bien el espíritu de las dos jornadas, acompañar es «acoger la vida, acompañando la vida y caminando juntos».
Una invitación a seguir generando cultura de acompañamiento
La propuesta de Lola Arrieta y Cova Orejas se sitúa en la larga trayectoria de Ruaj, equipo itinerante de reflexión, formación y desarrollo del acompañamiento espiritual en la vida diaria, nacido hace casi treinta años en el ámbito Vedruna y convertido en una referencia en nuestro país en este campo.
Su experiencia de acompañamiento y formación de acompañantes se ha plasmado también en distintas publicaciones, entre ellas Acoger la vida, acompañando la vida, Acompañar en las periferias existenciales y Sembrar esperanza acompañando el presente.
Para el Espacio diocesano de Acompañamiento espiritual Horeb, estas dos jornadas han supuesto una oportunidad para seguir poniendo en diálogo formación, experiencia y reflexión pastoral, y para abrir el curso planteando una cuestión que sigue pendiente: cómo hacer del acompañamiento una realidad más presente en la vida ordinaria de nuestras comunidades.
Quizá el reto no consista únicamente en conseguir que más personas soliciten ser acompañadas, sino en generar una cultura eclesial en la que acompañar y dejarse acompañar formen parte de una pastoral de procesos, que ayude a crecer en una fe adulta, que integre fe y vida, facilitando las condiciones para una verdadera relación personal con Dios.
Porque, como sugería el relato de Jacob que abrió la jornada, Dios está presente mucho más cerca de lo que imaginamos. A veces necesitamos simplemente que alguien nos ayude a detenernos, mirar y descubrirlo.
Manolo Vela



