Cada vez son más los niños que se acercan a una parroquia para preparar la Primera Comunión sin haber recibido antes el Bautismo. La nueva campaña de catequesis de la Conferencia Episcopal Española pone el foco precisamente en esta realidad y recuerda el papel decisivo de los catequistas para acompañar no solo a los niños, sino también a unas familias que en muchas ocasiones vuelven a encontrarse con la fe a través de sus hijos.
Septiembre vuelve a llenar las parroquias de inscripciones, reuniones y grupos de catequesis. Pero detrás de una escena aparentemente conocida está apareciendo una realidad que dice mucho de la sociedad en la que hoy tiene que anunciar el Evangelio la Iglesia: hay niños que llegan para hacer la Primera Comunión y descubren, ellos o sus familias, que ni siquiera están bautizados.
La Conferencia Episcopal Española reconoce que se trata de una «realidad creciente». No es completamente nueva. Ya en 2024, el Área de Catecumenado advertía de que era cada vez mayor el número de niños en edad catequética que acudían a las parroquias solicitando recibir la Primera Comunión sin haber recibido el Bautismo.
La cuestión ocupa ahora un lugar destacado en la campaña con la que la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado abre el curso pastoral 2026-2027. Entre sus materiales se incluye precisamente un vídeo dedicado al catecumenado bautismal de niños y una nueva guía para acompañar estos procesos utilizando el catecismo Jesús es el Señor.
No es un problema
La respuesta de la campaña es especialmente significativa. Ante la pregunta sobre qué hacer cuando un niño quiere recibir la Primera Comunión pero no está bautizado, una de sus protagonistas responde: «No, no es un problema».
Y no lo es porque la Iglesia dispone desde hace tiempo de un itinerario específico para estos casos. Pero conviene evitar un posible equívoco: no se trata de que un niño pueda hacer la Primera Comunión sin haber sido bautizado. Lo que cambia es el camino de iniciación cristiana que debe recorrer.
Los niños no bautizados que ya han alcanzado la edad catequética siguen un proceso inspirado en el capítulo V del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA). Las orientaciones de la Conferencia Episcopal establecen para ellos un verdadero catecumenado, adaptado a su edad, con distintas etapas, celebraciones y ritos. El itinerario culmina en la recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana, manteniendo la unidad entre Bautismo y Eucaristía y atendiendo a las disposiciones de cada diócesis respecto a la Confirmación.
Por tanto, no se trata simplemente de «bautizarlo antes de la Comunión» para incorporarlo rápidamente al mismo recorrido que siguen los demás niños. Las orientaciones episcopales insisten precisamente en evitar esa solución. El Bautismo no debe convertirse en un trámite previo que permita continuar después como si nada hubiera ocurrido.
Cuando los hijos acercan de nuevo a los padres
Pero seguramente el aspecto más interesante de la campaña no esté en el procedimiento, sino en la oportunidad pastoral que se abre alrededor de estas familias.
La Comisión Episcopal señala que la llegada de un niño o adolescente no bautizado puede convertirse en «una ocasión preciosa» para que toda la familia haga también una experiencia de encuentro con Dios a través de la catequesis de sus hijos.
Ahí aparece un cambio de perspectiva importante. Durante décadas, buena parte de la catequesis infantil podía presuponer que el niño había sido bautizado, que había recibido alguna transmisión religiosa en casa y que la parroquia continuaba un camino iniciado previamente por la familia. Esa presunción resulta hoy cada vez menos segura.
La catequesis se encuentra así con niños que saben poco o nada de la fe cristiana y, en ocasiones, con padres cuya relación con la Iglesia quedó interrumpida hace muchos años. Paradójicamente, puede ser entonces el hijo quien vuelva a abrir en casa una conversación sobre Dios, la oración, la Eucaristía o la pertenencia a la comunidad cristiana.
La situación constituye un desafío, pero también obliga a recuperar algo esencial: la catequesis no puede reducirse a preparar una celebración sacramental. Puede convertirse en un verdadero espacio de primer anuncio y de acompañamiento.
Catequistas que acompañan, no solo que enseñan
Por eso el segundo gran eje de la campaña de este curso es la vocación del catequista.
En una carta dirigida a los catequistas de toda España, el presidente de la Comisión Episcopal, monseñor José Rico Pavés, obispo de Asidonia-Jerez, recuerda que ser catequista «no es simplemente transmitir unas lecciones», sino acoger y acompañar a niños, jóvenes y adultos en su encuentro personal con Jesucristo.
El primero de los vídeos de la campaña cuenta precisamente la historia de una madre que escribe para agradecer a la catequista de sus hijos una labor que terminó llegando también a los padres. No fueron grandes iniciativas. Fue la cercanía, la presencia y la manera de acompañar lo que permitió que el anuncio alcanzara a toda la familia.
Y quizá ahí esté una de las claves para el nuevo curso que comienza. Frente al descenso de una transmisión casi automática de la fe de padres a hijos, las parroquias reciben situaciones más complejas, pero también personas para quienes la catequesis puede ser uno de sus primeros contactos reales con una comunidad cristiana.
No saber qué hacer con ellas sería un problema. Que llamen a la puerta, no. Como recuerda la campaña de la Conferencia Episcopal, detrás del niño que pregunta si puede hacer la Primera Comunión puede estar comenzando un camino mucho mayor: el suyo y, quizá, también el de toda su familia.
Fuentes: Conferencia Episcopal Española, Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado; Alfa y Omega; Orientaciones pastorales para la iniciación cristiana de niños no bautizados en su infancia (CEE).


