Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del XXI Domingo del tiempo ordinario – A – (23/08/2026)
La escena que narra el Evangelio de este domingo (Mt 16, 13-20) tiene lugar en Cesarea de Filipo, una ciudad construida por el hijo de Herodes I en el monte Hermón, al norte de Palestina, que se la distinguía de la más antigua Cesarea, que estaba junto al mar. Todo ocurre en un lugar nuevo; ¿es un signo de que Jesús quiere impulsar una nueva comunidad que sustituya al viejo Israel como pueblo de Dios? El párroco nos ha advertido que esta consideración es de su cosecha, pues no la dice el Evangelio que nos ha leído, pero que le parece apropiada para entender lo que viene a continuación…
– … y no va desencaminado vuestro párroco -me ha dicho Jesús cuando le he comentado lo que vengo pensando acerca de la homilía de este domingo-. Supongo que también os habrá dicho que, en aquella ocasión, yo no pretendía hacer una encuesta sobre lo que se decía de mí.
– Entonces, ¿qué pretendías? -he reaccionado-.
– Llegar a la otra pregunta que les hice. Lo que decía la gente, es decir, “los de fuera” era notorio: Yo sabía que Herodes se preguntaba si yo sería Juan el Bautista que habría resucitado después de que él lo decapitara; los buenos israelitas me identificaban con alguien tan venerado como Elías, cuyo regreso se esperaba, o con un profeta de tan gran reputación como Jeremías, o con otro de los profetas. Ni a ellos, ni a mí tampoco interesaba la opinión de mis enemigos, que pensaban que yo arrojaba los demonios por arte de Beelzebul…
– Entonces, ¿qué querías saber? ¿Para qué les preguntaste «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»? -he insistido-.
– Quería saber qué decían de mí ellos, “los de dentro”. Y no tanto para enterarme, sino para que ellos se enteraran. Por eso, les pregunté a bocajarro quién decís que soy yo. Todos debéis responder esta pregunta alguna vez en la vida. Si buscáis que vosotros y yo nos encontremos, tenéis que daros cuenta de lo que represento para cada uno de vosotros…
– Y la respuesta de Simón Pedro te complació mucho -he añadido volviendo a acercar la taza de café a mis labios-.
– Esa respuesta le fue inspirada por el Padre, como le dije al escucharla: ¡Bienaventurado tú, Simón!, porque ha sido mi Padre quien te ha revelado que soy su Hijo. Y además le hice saber que el Padre quería que edificase mi Iglesia sobre la piedra que Pedro es.
– Una piedra algo frágil, a juzgar por lo que ocurrió con él y por lo que ha ocurrido con algunos de sus sucesores -he reaccionado sin ser capaz de contenerme-.
– Por eso, le prometí que el poder del infierno no derrotará a la Iglesia apoyada sobre él, y en la noche de la Cena le dije: «Simón, Satanás ha solicitado el poder cribaros, pero yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos».
– ¿Con este café me confirmas que tu Espíritu sigue guiando y sosteniendo a la Iglesia? Así lo afirmamos cada domingo al recitar en el Credo: “Creo a la Iglesia”.
– Pero no dejes de responder a mi pregunta: “¿Quién dices que soy yo?”
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (16, 13-20).
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Palabra del Señor.