El obispo invita a los oscenses a escuchar a san Lorenzo como «anunciador del Evangelio de Jesucristo»

Miguel Barluenga
9 de agosto de 2026

El 9 de agosto, en las horas previas a la solemnidad de nuestro patrón, la basílica de san Lorenzo de Huesca ora con las solemnes Completas, en esta ocasión interpretadas por la Coral Oscense y el Coro Ars Musicae, acompañados por la Orquesta de Cámara de Huesca. Dirigía Javier Ares Ibáñez. Un acto religioso central en el inicio de las fiestas laurentinas que reunió a cientos de devotos en el templo. Antes terminó el triduo en honor a san Lorenzo con la celebración de la eucaristía presidida por el obispo de Huesca y de Jaca, el padre Pedro Aguado Cuesta.

Ante la proximidad de la fiesta grande de la ciudad, el prelado ha centrado su homilía en el mensaje que el mártir oscense sigue ofreciendo hoy a quienes celebran su memoria, planteando una pregunta: «¿Qué nos diría san Lorenzo en la homilía si viniera a Huesca, a su tierra?»

La respuesta del obispo ha girado en torno a una certeza: san Lorenzo no hablaría de sí mismo, sino que dedicaría su predicación a «anunciar el Evangelio de Jesucristo». «Y eso es lo que quiero hacer», ha señalado el padre Pedro Aguado Cuesta, invitando a los presentes a aprender del diácono Lorenzo y a poner a Cristo en el centro de la celebración.

En este sentido, ha presentado la fe cristiana como el anuncio de un Dios que es Padre, que acompaña, perdona y es «misericordia y justicia», un Dios de amor al que las personas pueden acercarse con confianza. «Un Dios cuyo rostro es el de Jesucristo. Un Dios que apuesta por ti», ha afirmado.

El obispo ha contrapuesto esta imagen de Dios a cualquier concepción basada en la violencia o la venganza: «Un Dios que no es un Dios de guerras, sino de paz. Un Dios que no es de venganza, sino de perdón». También ha recordado que Dios permanece cercano a quienes sufren, escucha la oración de los niños y sigue esperando incluso a quienes viven de espaldas a Él, como el padre de la parábola espera al hijo que se marcha de casa.

«No hay mejor noticia que esta», ha subrayado. Para el obispo, el ser humano puede acercarse a Dios y descubrir que lo necesita, incluso cuando piensa que puede bastarse a sí mismo. «Nosotros no tenemos todas las respuestas. Ni somos la explicación de todo lo que vivimos», ha advertido.

«El encuentro con Cristo transforma nuestra vida»

El padre Pedro Aguado Cuesta ha situado después a Jesucristo como «el camino, la verdad y la vida» hacia Dios. El encuentro con Cristo, ha explicado, transforma la existencia y abre «nuevos horizontes» en el corazón. Ese fue también, según ha señalado, el camino recorrido por san Lorenzo.

El obispo ha recordado que el corazón humano mantiene desde siempre «nostalgia de infinito, de plenitud, de respuestas, de sentido». En este punto ha evocado el pasaje del Evangelio en el que los discípulos preguntan a Jesús si Él es el Mesías esperado. La respuesta de Cristo se concreta en los signos de una vida entregada a los demás: los ciegos ven, los cojos andan, los enfermos son curados y «a los pobres se les anuncia la buena noticia de la salvación».

«Este es el Evangelio», ha afirmado el obispo. Y también es el mensaje que llevó a Lorenzo hasta el martirio. Por eso, el prelado ha destacado que el anuncio cristiano no puede separarse del amor a Dios y del amor al prójimo. «Cuando le preguntaron a Jesús por el principal mandamiento, Jesús no respondió con uno, sino con dos», ha recordado: amar a Dios con todo el corazón, la mente y las fuerzas, y al prójimo como a uno mismo.

Un Evangelio que compromete

En la parte final de su homilía, el obispo ha puesto el acento en la dimensión transformadora y comprometida de la fe. «El Evangelio es tan maravilloso como comprometedor. Tan portador de paz como de inquietud. Tan pleno de respuestas como de preguntas», ha afirmado. Ser cristiano, ha explicado, significa vivir y caminar, sin dar por supuesto que ya se hace todo lo posible por poner en práctica los valores del Evangelio. «El Evangelio es un camino buscador de verdad y portador de vida», ha señalado.

Ese fue, ha recordado, el camino de Lorenzo: su ordenación como diácono en Roma, su servicio al papa Sixto y su entrega a los demás, hasta llegar al martirio. Su historia, ha subrayado el obispo, no pertenece únicamente al pasado, sino que interpela a quienes hoy celebran su fiesta.

«Nunca dejéis de pensar que al recordar a san Lorenzo, nos obligamos a vivir lo que él vivió», ha dicho. El propio significado de la palabra «recordar», vinculada al latín recordare, le ha servido para explicar que recordar es «volver a pasar por el corazón».

De este modo, la memoria de san Lorenzo se convierte en una llamada a mirar a los demás de una manera nueva. «Cuando el necesitado deja de ser un número y se convierte en alguien, la respuesta es lo que vivió san Lorenzo», ha afirmado el padre Aguado Cuesta, invitando a vivir «la serena inquietud propia de los cristianos».

El obispo ha concluido su homilía pidiendo a Dios que ayude a los oscenses a vivir «con alegría esta fe, con compromiso esta devoción y con agradecimiento» por contar con san Lorenzo como patrón. En la jornada de su solemnidad, ha señalado, la ciudad volverá a procesionar con él y a celebrar su fiesta, reconociéndolo como «un hermano mayor» que orienta y marca el camino de la fe. «Que el Señor nos ayude a vivir con alegría esta fe», ha terminado.

Completas

Las Completas, copresididas por el obispo de Málaga, monseñor José Antonio Satué Huerto, constan de una invocación inicial y el examen de conciencia. Sigue el himno “Te lucis ante términum” (“Antes de que la luz llegue a su término”); el Salmo 4 en Acción de gracias; el Salmo 133, la Oración vespertina en el templo; una lectura breve del Deuteronomio 6, 47; el responsorio “In manos tuas, Dómine, comméndo spíritum meum (“A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”); el cántico evangélico “Salva nos, Dómine, vigilántes custódi nos dormiéntes, ut vigilémus cum Christo et requiescámus in pace” (“Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz”).

Se continúa con el “Nunc dimittis” (“Cristo, luz de las naciones y gloria de Israel”), la oración “Visita, quaésumus…” (“Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros)” y se lee con la conclusión “Noctem quiétam et finem perféctum concédat nobis Dominus omnípotens” (“El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa”).

Para terminar se cantan la Antífona final a la Santísima Virgen María “Salve, Regina” y el Himno de San Lorenzo compuesto por José María Lacasa con letra de Ernesto Banzo.

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