Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del XX Domingo del tiempo ordinario – A – (16/08/2026)
Jesús no solo no fue escuchado por su gente, sino que en las ciudades donde había realizado la mayoría de sus milagros, Corozaín y Betsaida, se decía de él: “Ahí tenéis a un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores”, como testifica el Evangelio de Mateo un poco antes del texto que se ha leído este domingo (Mt 15, 21-28). Es normal que Jesús no se encontrara a gusto en estas ciudades y se retirase a la vecina región de Tiro y Sidón, aunque era territorio pagano. Allí le salió al paso una mujer, pidiendo la curación de su hija.
– A juzgar por lo que cuenta el evangelista Mateo, me parece que estabas algo “quemado” con las ciudades de tu tierra -he dicho a Jesús acercándole su café-.
– Más que “quemado”, entristecido -me ha replicado, agradeciendo con una sonrisa el café que le he puesto delante-. Veía que mi gente perdía la oportunidad de entrar en el Reino de Dios que yo les anunciaba y, en lugar de acoger el mensaje, despreciaban al mensajero.
– Es lo que ocurre cuando nuestros deseos de conversión son escasos. Pero lo que más me ha sorprendido ha sido tu conversación con aquella mujer que te pidió la curación de su hija. En confianza: creo que la trataste con poca delicadeza. De entrada no la escuchaste hasta que tus discípulos insistieron para que la atendieses, porque tú no hacías caso y sus gritos molestaban. Además, tu respuesta fue para desalentar a cualquiera: «sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel» -le dijiste…
– Pero también a ella que tanto sufría con la enfermedad de su hija -me ha corregido-. Se me partió el corazón cuando la vi postrada delante de mí, pidiendo ayuda.
– No sé si tus palabras fueron las de un corazón partido -he vuelto a replicarle- porque me suenan a lo más desabrido.
– Si lo dices por haberle recordado que no se debe echar a los perros el pan de los hijos, he de hacerte alguna aclaración. En el Antiguo Testamento se designaba a los paganos como cananeos; por eso, el evangelista dice que aquella mujer era cananea. Y la palabra “perro”, que para vosotros tiene sentido despectivo, la utilizaban los judíos para designar a los paganos. Por eso, me emocionó la respuesta de la mujer: «También los perritos comen las migajas que caen de la mesa de los amos», dijo. ¡Cuánta humildad y confianza descubrí en sus palabras!
– Pero ¿no podías haberle ahorrado las súplicas y el aparente desprecio de tus palabras?
– Te he dicho que estaba entristecido porque la gente de mi tierra venía perdiendo su gran oportunidad para entrar en el Reino. Por eso quise que se pusiera de relieve la fe de aquella buena madre e hiciera caer en la cuenta a mi gente que debían escuchar mis palabras, contemplar los signos que hacía y preguntarse quién soy yo. Algo parecido ocurrió con el centurión romano que me pidió la curación de un criado suyo y me dijo «No soy digno de que entres en mi casa, pero di una palabra y mi criado sanará». Éste me hizo exclamar: ¡Nunca he visto tanta fe en Israel!
Con la cháchara se nos ha olvidado que teníamos los cafés intactos, así que he dicho a Jesús:
– No dejemos que se nos enfríe el café. Gracias por tu gesto con la cananea y auméntame la fe.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (15, 21-28).
Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contesto: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor, pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.
Palabra del Señor.