TEMAS: #   #   #

Dadles vosotros de comer

Pedro Escartín
1 de agosto de 2026

El relato de la multiplicación de los panes dejó una huella profunda en la memoria de los primeros cristianos, a juzgar por la frecuencia con la que este hecho aparece en los Evangelios: dos veces en Mateo y Marcos, una en Lucas y otra en Juan. El que hoy hemos escuchado (Mt 14, 13-21) ofrece, además, un detalle singular, porque presenta a Jesús conmocionado por la muerte de Juan el Bautista. Sabemos que entre Jesús y Juan hubo una estrecha relación, y esto me da pie para hablar hoy con Jesús de aquel hombre del que dijo que era “el mayor de los nacidos de mujer…”

– Cuando supiste que habían arrestado a Juan, te decidiste a anunciar la llegada del Reino y, cuando te dijeron que ya había muerto a manos de Herodes, te sentiste conmocionado e intentaste retirarte a un lugar desierto, ¿temías que Herodes viniese también a por ti o estabas tan unido con Juan que su muerte te conmocionó?

– Recuerda que éramos parientes. Isabel, la madre de Juan era prima de mi madre…

– Cierto, pero tenías más parientes, y no parece que te influyeran tanto como Juan.

– El Padre quiso que Juan fuese mi precursor, y bien sabes que yo no temía a Herodes. Si me retiré con los discípulos a un lugar solitario fue porque, con la muerte de Juan, vi claro que debía dedicar el tiempo que me quedaba a prepararlos para la tarea que iba a encomendarles.

– Y, sin embargo, de soledad, nada de nada. Cuando desembarcaste, te esperaba una multitud que se había adelantado por tierra.

– Y me compadecí de aquella buena gente curando a sus enfermos hasta que los discípulos me apremiaron a despedirla para que se buscara alguna comida, pues caía la noche.

– Tus discípulos eran realistas; además calcularon que harían falta doscientos denarios para dar un mendrugo a cada uno. ¡Doscientos denarios! ¡El salario de doscientos días de trabajo!

– Por eso les dije: “dadles vosotros de comer”.

– Y los dejaste sin saber qué hacer, porque no tenían tanto dinero y contaban con algo tan menguado como cinco panes y dos peces, que se los requisaste de inmediato; los bendijiste, los partiste y los entregaste a tus discípulos para que los repartieran a la gente.

– Hice lo que más tarde volvería a hacer en la cena de despedida. ¿No te dice nada esto?

– ¿Quieres decirme que, con aquel gesto, ya los preparabas para el misterio de la Eucaristía que pensabas instituir en tu última Cena?

– Sí; prefiguré la Eucaristía, recordándoles que Eliseo alimentó a cien israelitas con unos pocos panes de cebada y el Padre alimentó a su pueblo con el maná en el desierto. Pero además les anuncié que su misión sería ser mediadores al igual que los discípulos repartiendo los panes multiplicados milagrosamente.

– La gente te impidió quedarte a solas con tus discípulos para explicarles estas cosas, pero con un gesto sorprendente les diste un anticipo del misterio de la Eucaristía y de cuál sería su misión como cristianos. No me extraña que este gesto aparezca con frecuencia en los Evangelios.

– Fue un gesto que os sigue impulsando a encontraros conmigo cada domingo en el pan único y partido, y que os fortalece para encontrarme también en mis hermanos. ¿No te emociona el ejemplo de aquellas intrépidas mujeres que declararon la guerra hambre poniendo en marcha “Manos Unidas” para dar de comer a tantos pueblos olvidados por los poderosos?

– ¡Que agradable es recordarlo en estos tiempos de egoísmo! -he dicho al salir-.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (14, 13-21).

Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ellos y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:

«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».

Jesús les replico: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos».

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a sus discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir
WhatsApp
Email
Facebook
X (Twitter)
LinkedIn

Noticias relacionadas