Más de 1.500 aragoneses participaron el pasado fin de semana en la vigilia del sábado y en la solemne Eucaristía del Corpus Christi presidida por el Papa León XIV en la plaza de Cibeles de Madrid. Entre ellos se encontraban numerosos fieles de la Diócesis de Teruel y Albarracín, que regresan a casa con el corazón lleno de gratitud, esperanza y el deseo de seguir siendo testigos del Evangelio en sus comunidades.
Para muchos de los participantes, el encuentro ha supuesto una confirmación de que la fe sigue viva entre las nuevas generaciones y una llamada a vivir con mayor compromiso su vocación cristiana.
Es el caso de Carmen Moreno, María Perales y María Lapuente, alumnas del Colegio Victoria Díez de Teruel, que recientemente recibieron el sacramento de la Confirmación en la parroquia de Santa Emerenciana. Las jóvenes explican que decidieron acudir a Madrid porque «era una oportunidad difícil de dejar pasar». «No sabemos si volveremos a tener una ocasión así tan cerca. Nos ilusiona ver al Papa, pero también compartir unos días de convivencia, reflexión y encuentro que nos ayuden a vivir la fe de una manera más profunda», señalan.
Además, consideran que este viaje ha adquirido un significado especial tras haber recibido recientemente la Confirmación. «Sentimos que este momento puede ayudarnos a seguir creciendo como cristianas y a profundizar en nuestro camino de fe», afirman.
También la joven turolense Marta Ortín destaca la intensidad de una experiencia marcada por el esfuerzo y la alegría compartida. «Ha sido un fin de semana marcado por el cansancio, las largas caminatas, las pocas horas de sueño y las inevitables esperas propias de un encuentro multitudinario. Sin embargo, todo esfuerzo ha merecido la pena por la experiencia vivida junto a miles de jóvenes cristianos reunidos en un ambiente de fe, alegría, fraternidad y esperanza», explica.
Para Marta, uno de los aspectos más importantes ha sido descubrir que la Iglesia sigue contando con numerosos jóvenes comprometidos. «Este encuentro nos ha recordado una verdad sencilla pero necesaria: no estamos solos. Aunque en el día a día pueda parecer que la presencia de los jóvenes en la Iglesia disminuye, reunirnos con tantos jóvenes que desean vivir su fe y compartirla nos ha hecho tomar conciencia de que somos muchos los que seguimos buscando a Dios y queremos llevarlo a nuestra vida cotidiana».
Los momentos de oración también dejaron una profunda huella en los asistentes. «En medio de la fiesta y la convivencia también hubo momentos de profundo encuentro con Dios, especialmente durante la vigilia y la celebración de la Eucaristía. Han sido instantes de gran emoción que difícilmente pueden describirse con palabras y que solo se comprenden plenamente viviéndolos en primera persona», añade.
Entre las palabras del Santo Padre, Marta destaca especialmente su invitación a vivir con autenticidad: «Nos impactó especialmente su llamada a no caer en la indiferencia ni en la superficialidad de una sociedad que avanza cada vez más deprisa. Nos animó a ser testigos de esperanza y a asumir la misión que tenemos como cristianos en todos los ámbitos de nuestra vida».
Desde otra perspectiva, la del ministerio sacerdotal, Avelino Belenguer, párroco de Báguena, vivió la celebración de manera especialmente intensa. «Para mí, poder concelebrar en la misa del Papa en Madrid y, además, haber podido distribuir la Comunión a tantas personas ha sido una experiencia muy gozosa, llena de fe, de amor y de sentirnos Comunidad-Iglesia viva, con la fuerza del Espíritu que nos envía. Ha sido sentir que Dios está aquí, con nosotros y en nosotros. Ha sido tocar el cielo desde la tierra», resume emocionado.
Por su parte, David López, director de la Oficina de Comunicación de la Iglesia en Aragón, calificó la visita como un acontecimiento «histórico» y «excepcional». En declaraciones al programa Herrera en COPE en Teruel, destacó la profundidad de los mensajes del Pontífice y el impacto que han tenido entre los fieles.
López subrayó especialmente el valor de la experiencia comunitaria para quienes proceden de diócesis pequeñas y entornos cada vez más secularizados. «Es esa experiencia de comunión que muchas veces necesitamos», señaló, destacando la importancia de compartir la fe con miles de creyentes llegados de distintos lugares.
Entre los momentos que conservará para siempre en la memoria, destaca uno muy concreto: «Me voy a quedar con la mirada de León XIV al pasar justo al lado de nosotros». En aquella expresión descubrió un mensaje que resume el espíritu de todo el encuentro: «Vi alegría, y es una lección, porque lo que te está diciendo es que no podemos ser otra cosa más que alegres después de habernos encontrado con el Señor».
Los testimonios recogidos tras la visita muestran cómo este gran encuentro eclesial ha fortalecido la fe de quienes participaron y les anima ahora a regresar a sus parroquias, colegios y comunidades con renovado entusiasmo. Una experiencia de Iglesia universal que se convierte también en impulso para seguir construyendo, desde Teruel y Albarracín, comunidades vivas, alegres y llenas de esperanza.


