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Zaragoza se une en oración por las vocaciones en el Pilar

Diócesis de Zaragoza
25 de abril de 2026

La Basílica del Pilar acogió en la tarde de ayer, 25 de abril de 2026, una Vigilia de Oración con motivo de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y las Vocaciones Nativas. Bajo el lema «Todos oramos por todos», la celebración reunió a numerosos fieles -especialmente jóvenes- en torno a una petición común: que cada persona pueda descubrir la llamada de Dios en su vida y responder a ella con generosidad y alegría.

Foto: Rodrigo de Miguel

La vigilia, marcada por el silencio, la adoración y el recogimiento, se convirtió en un verdadero espacio de encuentro con el Señor, en el que los participantes pusieron en sus manos su propia vida y la de los demás. En este contexto de oración, también se elevó una intención especial por el Papa y por su próxima visita a España, pidiendo que sea un momento de gracia y renovación para toda la Iglesia.

La celebración estuvo presidida por el arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano Subías, quien animó a los presentes a dejarse atraer por Cristo y a abrirse a su llamada. En su intervención, subrayó la fuerza transformadora del encuentro con Él: «La presencia de Cristo es impresionante, es singular, es cautivadora. Dicho en lenguaje coloquial, es un crack. Pero un crack que nos cambia la vida».

Esta vigilia se enmarca en la invitación realizada por los obispos de Aragón con motivo de esta jornada, en la que recuerdan que la vocación no es una cuestión individual, sino una responsabilidad compartida de toda la Iglesia. En su mensaje, subrayan la importancia de crear comunidades que acompañen, sostengan y disciernan, especialmente en un contexto marcado por la secularización y la fragilidad de los compromisos duraderos.

Los pastores insisten también en que toda vocación nace y crece en un clima de oración, de ahí la urgencia de pedir al Señor de la mies que siga llamando y enviando trabajadores a su Iglesia. Al mismo tiempo, ponen el acento en la necesidad de cuidar todas las vocaciones -laicales, sacerdotales y a la vida consagrada- como expresión de una Iglesia viva, corresponsable y en salida misionera.

De este modo, la Iglesia en Zaragoza se unió a la oración de toda la Iglesia universal, recordando que solo desde el encuentro personal con Cristo y el acompañamiento comunitario es posible descubrir y sostener la propia vocación.

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