La Casa de la Iglesia vivió el pasado sábado 14 de marzo una auténtica fiesta de las familias organizada por el Área de Laicos, Familia y Vida. En un ambiente de alegría y fraternidad, cerca de cien personas se dieron cita para participar en un encuentro que logró unir a diferentes colectivos de la diócesis bajo un objetivo común: fortalecer los lazos comunitarios y personales.
La jornada comenzó con una dinámica de bienvenida que llenó la sala principal, donde los asistentes participaron en juegos de presentación y gestos grupales para romper el hielo. Tras la acogida, se dio paso a un momento de oración y reflexión basado en la lectura evangélica de la casa edificada sobre roca y arena. Esta actividad se adaptó por edades: mientras los adultos reflexionaban en grupos sobre qué elementos constituyen la «roca» de sus vidas, los niños y jóvenes trabajaron el mensaje a través de vídeos didácticos.
Uno de los momentos más significativos de la mañana fue la creación de un escudo familiar. Utilizando diversos materiales, cada familia diseñó su propia insignia, que posteriormente fue entregada a los jóvenes de la diócesis. Estos se encargaron de confeccionar un gran manto común, cosiendo los diferentes retazos de tela y pañuelos que representaban a cada institución y familia presente.
El obispo de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Pérez Pueyo, resaltó la belleza de esta acción, subrayando la «necesidad ineludible de estar todos y juntos, unidos tejiendo el mismo manto: los distintos grupos apostólicos, movimientos e instituciones eclesiales con diversos carismas». Este manto fue posteriormente ofrecido durante la eucaristía como símbolo de la riqueza que aporta la diversidad en la unidad.
El encuentro destacó por su capacidad de integrar diferentes itinerarios en una misma jornada. Por un lado, los profesores de Religión y catequistas, que celebraron su encuentro anual con un taller específico sobre el autocuidado y la importancia de cuidar a los demás. Por otro, las parejas de novios en preparación al matrimonio, que participaron en una sesión sobre el sacramento impartida por el párroco moderador de la Unidad Pastoral de Barbastro, Omar Quilcaro, integrándose plenamente en la vida de la comunidad familiar.
Y en el exterior, las familias disfrutaron de una yincana con juegos tradicionales como bolos, mimo y un futbolín humano que fomentó la convivencia intergeneracional.
La jornada culminó con una eucaristía conjunta y una comida compartida, sellando un día de encuentro donde, como señaló la organización, se pudo visualizar la fuerza de una Iglesia que camina unida.








