“Jesús vio a un publicano llamado Leví”

1.-Oración introductoria.
Hoy, Señor, quiero aprender de Leví a ser desprendido, humilde, generoso. Y, sobre todo, a vivir tu llamada con gozo. Leví tuvo que renunciar al dinero, al puesto de trabajo muy rentable, a la familia y a la posición de sus colegas. Y todo lo hizo con garbo, con presteza, con gozo. Dame la gracia de “servirte a ti, Señor, con alegría”.
2.- Palabra reposada del evangelio. Lucas 5, 27-32
En aquel tiempo salió Jesús y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?» Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores».
3.- Qué dice el texto.
Meditación-reflexión
Llama poderosamente la atención la rapidez de la respuesta de Leví a una llamada de Jesús tan exigente y comprometida. Porque Leví tiene un trabajo que da mucho dinero, tiene una familia, tiene su vida asegurada… Y Leví renuncia a todo por seguir a Jesús. Y hay algo más asombroso todavía: invita a Jesús a un banquete porque esa llamada de Jesús “hay que celebrarla”. ¿Dónde está la clave de este comportamiento tan ejemplar? Yo creo que lo dice el evangelio al principio: “Jesús vio a un publicano llamado Leví”. Después le dice: “Sígueme”. Jesús se fijó, le miró, le llamó por su nombre… Aquel Leví tenía dinero, pero ese oficio era mal visto por la gente, nadie le saludaba, le despreciaban, le insultaban… Y Jesús le saluda, se fija en él, le mira con cariño, y le invita a ser su discípulo. Hacía mucho tiempo que no era querido por nadie de su pueblo. Tenía mucho dinero en los bolsillos, pero su dignidad (ahora se diría su estima) estaba por los suelos. Y su corazón estaba frío, muy frío. Con Jesús todo cambia. Se siente persona, se siente querido, no le dice nada de su vida, ni de su pecado, ni del escándalo de corrupción. Jesús le ama. Le ama de verdad. Le ama sin exigirle nada a cambio, excepto el dejarse amar. Y llegó el milagro del amor. Y me digo: Si las personas, en cualquier situación que vivamos, nos dejáramos amar por Dios, todo sería distinto.
Palabra del Papa
A Cristo que los llama, le dicen «sí», con humildad y valentía. Y este «aquí estoy», que le dirigen, brota en la vida de la Iglesia y se deja acompañar por el necesario camino de discernimiento y formación.
Jesús, como saben, los llama, en primer lugar, a vivir una experiencia de amistad con Él y con sus compañeros de cuerda (cf. Mc 3,13); una experiencia destinada a crecer permanentemente incluso después de la Ordenación y que abarca todos los aspectos de la vida. De hecho, no hay nada en ustedes que deba descartarse, sino que todo debe asumirse y transfigurarse en la lógica del grano de trigo, para convertirse en personas y sacerdotes felices, «puentes» y no obstáculos para el encuentro con Cristo para todos los que se acercan a ustedes. Sí, Él debe crecer y nosotros debemos menguar, para que podamos ser pastores según su Corazón . (Papa León XIV)
4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)
5.- Propósito: La vocación no sólo se acepta, sino que se celebra. Voy a celebrar hoy el hecho de haber sido llamado por Dios.
6.- Dios me ha hablado hoy a mí. Y yo le respondo con mi oración.
Señor, en este rato de oración he leído tu palabra, la he meditado, me he dejado impresionar por ella. ¡Qué bueno eres para con nosotros! No te importa nuestro pasado, ni la situación que estemos viviendo. Cada uno acudimos a ti tal y como somos: con nuestras limitaciones y pecados. Y Tú nos miras, nos llamas con nuestros nombres, nos rehabilitas, nos regalas tu amor y hasta nos llamas a ser discípulos tuyos. GRACIAS POR TODO.