Alejandro Polanco on Twitter: "Estoy alejado de las redes estos días,  terminando dos proyectos gordos pero no quiero perder la tradición. Aquí va  la lectura casera de hoy: “Para acabar con la

Enemiga declarada de los mitos ideológicos, la historiadora francesa Régine Pernoud retrató la Edad Media como un periodo rebosante de creatividad y dinamismo. Una edad de crecimiento de las artes, la ciencia y las instituciones sociales y políticas. Sus tesis la condenaron al ostracismo en los círculos de la historiografía académica, pero miles de lectores en todo el mundo siguen disfrutando de sus libros de divulgación rigurosa.

Basta con ojear cualquier periódico o ver un par de telediarios para encontrarse el adjetivo «medieval» utilizado como insulto, como sinónimo de atraso, superstición y miseria. La frase suele ir acompañada de tópicos desmentidos mil veces, como el derecho de pernada o la carencia de alma de las mujeres. Pocas personas hicieron más para combatir esa imagen falsa y simplista que la medievalista francesa Régine Pernoud, quien logró situar sus obras, traducidas a muchos idiomas, en las estanterías de los más vendidos.

Nacida en 1909 en Nièvre, se licenció en Letras con 20 años en la Universidad de Aix-en-Provence y se doctoró con una tesis sobre la historia del puerto de Marsella desde sus orígenes hasta el siglo XIII. La ausencia de vacantes para profesores universitarios, unida a un cierto recelo hacia las mujeres en el ámbito académico, provocaron que renunciara la carrera docente y se dedicara a trabajar en museos y archivos. Fue, en el fondo, una suerte: si hubiera llegado joven a una cátedra, quizás habría sido una erudita tan brillante en su especialidad como desconocida para el gran público y hoy no estaríamos escribiendo estas líneas.

La Edad Media fue la época en la que se forjó nuestra civilización, nada menos.

Un aspecto concreto ocupó buena parte de su obra: la posición de la mujer en la Edad Media. Según su tesis, las mujeres tenían una posición más preminente que la que tendrían a partir del Renacimiento, debido al reforzamiento del Derecho romano -más limitador que el de tradición germánica- y a la asimilación, mal entendida, de la herencia clásica. En el medievo, reinas, abadesas o señoras feudales alcanzaron un gran poder terrenal, y hasta las más humildes tenían un papel de importancia en el hogar. Fue a partir del Renacimiento, y más aún con la Ilustración, explica, cuando se alcanzaría el mayor nivel de discriminación hacia las mujeres.

La clave de ese estatus, según Pernoud, fue la transformación de la familia, transformada por la aportación del cristianismo. «La aparición del hogar en el sentido estricto del término desempeñó una función cierta en el nuevo lugar que ocupó la mujer en el seno de la comunidad familiar. Para ella fue un símbolo de la integración en la vida común, lo contrario de lo que fue el gineceo y de lo que es el harén; uno y otro confinan a la mujer en un sitio aparte, son símbolos de su exclusión».

«Como historiadora», dijo, «me he planteado un desafío: plasmar en lenguaje sencillo lo que he descubierto mediante investigaciones complejas». No cabe duda de que lo logró.

En Para acabar con la Edad Media, una de sus obras más difundidas, rechaza el propio concepto de Medievo, que reduce todo un milenio a una mera bisagra entre dos tiempos luminosos.