Qué es Mujer - Definición, Significado y Concepto

La Biblia describe a la mujer como la que está llena de fuerza y de poder.

La mujer tiene principios muy claros y elevados y no teme hacerlos valer. Como un ejército, quiere batirse por lo que cree justo, y se levanta contra las potencias adversas. Se siente como una «fortificación militar» para proteger a su familia y a su hogar, resistiendo a todo lo que podría amenazarles.

Trabaja eficazmente, empleando los recursos y no malgastando nada. Es fuerte en espíritu, pero al mismo tiempo, es práctica y sabe utilizar con sabiduría el dinero y bienes materiales. No piensa solo en ella misma, sino en su familia y emplea su influencia para hacer el bien a los demás.

El valor de una tal mujer, de hecho, «supera mucho el de las perlas». Hoy, nuestro mundo necesita mujeres así, que son fuertes en el Espíritu y siguen los principios divinos, rechazan lo fácil y quieren combatir por el Reino de Dios. Y nuestro mundo necesita de hombres que se comprometan de la misma manera.

Seas hombre o mujer, apasiónate por el Reino de Dios. Comprométete en la guerra espiritual. Busca servir a tu Rey. Defiende la justicia.

Respetar a la mujer no es, ni debe ser, un acto altruista del hombre que quiere mostrarse caballeroso y atento con ella. La dignidad de la mujer es por ella misma.

Llevamos a cuestas una cultura en la que a la mujer le ha tocado un papel de sujeción al hombre. Inicialmente, la excusa ha sido —se supone— la superioridad física del hombre y por ella domina a la mujer.

Pero se han añadido otras excusas: el destino prioritario de la mujer a las labores del hogar y a la atención de la familia. Así, el esposo continúa siendo el sostén económico y la esposa la responsable de la marcha y del orden del hogar.

Pero el esquema se rompe en la medida en que la mujer se ve obligada a ser también sostén del hogar dada la difícil situación económica actual para solventar las necesidades elementales de las familias.

Poco a poco ha ido la mujer conquistando espacios en los cuales participa y ejerce su libertad. Es un logro que pueda beneficiarse de la instrucción pública a nivel técnico y profesional, lo que le ha permitido ir ocupando cargos cada vez más importantes con efectividad. Pero todavía hay espacios en los que ella es segunda parte y a los que tan solo se le permite acceder por la conveniencia de dar la apariencia de liberalidad. ¿Qué tanto por ciento de mujeres ocupan cargos públicos significativos o desempeñan labores importantes en el mundo de los negocios?

Es necesario acabar con la idea de que la dignidad de la mujer, como la de los niños, se debe a su debilidad.

Respetar a la mujer no es —como hemos dicho más arriba—, ni debe ser, un acto altruista del hombre que quiere mostrarse caballeroso y atento con ella. La dignidad de la mujer es por ella misma.

En la liturgia del matrimonio se habla de ella como «compañera de igual dignidad» y la orientación prematrimonial habla de los esposos, de ambos, como cabeza del hogar.

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El hombre y la mujer son iguales en dignidad y diferentes en funciones, se enseña a los esposos católicos y con esto se trata de salvaguardar los objetivos del matrimonio católico: la formación de una familia y la ayuda mutua.

Cuando la mujer casada renuncia a los hijos, está renunciando a su ser mujer.

Son loables las leyes civiles que protegen la maternidad de la mujer que trabaja. Son loables los matrimonios que toman en cuenta el acompañamiento responsable de los niños cuando la mujer tiene que trabajar. Y, desde luego, son loables los hombres que comparten con la esposa, equitativamente, la atención a los hijos y al hogar mismo.

Fue necesaria la creación de la mujer, como dice la Escritura, para ayudar al varón no en alguna obra cualquiera, como sostuvieron algunos, ya que para otras obras podían prestarle mejor ayuda los otros hombres, sino para ayudarle en la generación. Así, inmediatamente después de la formación de la mujer, se dice en Gn 2, 24: «Serán dos en una sola carne».

La intención de toda la naturaleza depende de Dios, Autor de la misma, quien al producirla no solo produjo al hombre, sino también a la mujer.

Jesús vino a salvar a todos. Nadie quedaba excluido de su redención. Mucho menos, la mujer, en quien Jesús puso tanta confianza, como guardiana de los valores humanos y religiosos del hogar.

Jesús supo tratar a la mujer con gran respeto y dignidad, valorando toda la riqueza espiritual que ella trae consigo, en orden a la educación humana y moral de los hijos y a la formación de un hogar donde reine la comprensión, el cariño y la paz, y donde Dios sea el centro.