Uno de los errores más graves en cuanto a la recepción del Concilio Vaticano II se da en los círculos de tendencia progresista radical, que intentando adaptar la Iglesia y la fe católica a la modernidad, abrazan en mayor o menor grado los postulados del modernismo teológico.

Papa san Pío X

(Decreto Lamentabili sine exitu, sobre los errores del modernismo, de Pío X; carta encíclica Pascendi, sobre las doctrinas de los modernistas, de Pío X; Syllabus de Pío IX y Pío X)

El modernismo es una postura teológica herética que considera a la Iglesia y a sus dogmas como instituciones solamente humanas, portadoras de rasgos debidos a su contexto histórico, y por tanto necesitadas de ser constantemente revisadas y reformadas para adaptarse a los tiempos actuales. Bajo esta forma de pensar el dogma no es inmutable, ni una verdad revelada por Dios, sino que puede ir evolucionando a través del tiempo llegando incluso a contradecir lo que antes enseñaba.

La Iglesia Católica en cambio enseña que el dogma no puede cambiar en su naturaleza. Distinguimos así la evolución transformista del dogma, de la evolución homogénea o legítimo desarrollo de la doctrina cristiana que consiste en el crecimiento en profundidad y claridad del entendimiento de las verdades de la divina revelación. Es importante entender que las verdades substanciales o esenciales en el núcleo de cada doctrina (como parte del único depósito, dado por Cristo a los apóstoles) permanece inmutable y la Iglesia Católica como institución divina preserva el depósito, y es su Guardián.

La solución es interpretar los textos del Concilio en continuidad con la Tradición y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.