La comunicación social tiene un inmenso poder para promover la felicidad del hombre y su realización, pero también puede violar el bien de la persona.

 

Signos de esperanza

Los medios de comunicación pueden usarse para el bien o para el mal; es cuestión de elegir. No conviene olvidar que la comunicación a través de los medios de comunicación social no es un ejercicio práctico dirigido solo a motivar, persuadir o vender. Mucho menos, un vehículo para la ideología. Los medios de comunicación pueden a veces reducir a los seres humanos a simples unidades de consumo, o a grupos rivales de interés; también pueden manipular a los espectadores, lectores y oyentes, considerándolos meras cifras de las que se obtienen ventajas, sea en venta de productos sea en apoyo político. Y todo ello destruye la comunidad. La tarea de la comunicación es unir a las personas y enriquecer su vida, no aislarlas ni explotarlas.

La crítica condena con frecuencia la superficialidad y el mal gusto de los medios de comunicación que, sin estar obligados a la estrechez de miras o la uniformidad, no deberían tampoco caer en la vulgaridad o la degradación. No sirve de excusa afirmar que los medios de comunicación social reflejan las costumbres populares, dado que también ejercen una poderosa influencia sobre esas costumbres, y, por ello, tienen el grave deber de elevarlas y no degradarlas.

Los medios de comunicación presentan a menudo lo que es soez y degradante con un aspecto atractivo e ignoran o ridiculizan lo que eleva y ennoblece. Pueden difundir noticias falsas y desinformación, favoreciendo la trivialidad y la banalidad. Además, con frecuencia la comunicación social descuida lo que es auténticamente nuevo e importante y se concentra en lo que está de moda o en lo excéntrico.

Dice el profesor Niceto Blázquez que manipular la información implica intervenir deliberadamente en los datos de una noticia por parte del emisor; trastocar sutilmente esos datos de modo que, sin anularlos del todo, proporcionen a la noticia un sentido distinto del original, en función de unos intereses preconcebidos por parte del emisor. Y todo ello de tal forma que el receptor no pueda percatarse de esa intervención sin recurrir a otras fuentes de información. En su obra El desafío ético de la información, Blázquez enumera algunas técnicas de manipulación informativa, como el abuso del lenguaje, la manipulación fotográfica, la mentira…

Los medios de comunicación social, usados correctamente, pueden ayudar a crear y apoyar una comunidad humana basada en la justicia y la caridad; y, en la medida en que lo hagan, serán signos de esperanza.

 

Libertad de prensa y libertades de información y de expresión  

Según el Diario de Mallorca, la Asociación de Medios de Información (AMI) ha recordado que las libertades de información y de expresión y la libertad de prensa son principios fundamentales de la democracia española que deben ser defendidos por todas las instituciones y sus representantes, especialmente en un momento de crisis como el actual.

La AMI recuerda que la libertad de prensa y el pluralismo son pilares esenciales de la democracia.

La Asociación de Medios de Información condena todo intento de censura o limitación de la libertad de información con independencia de su línea editorial.

Esta reacción se produce tras las recientes declaraciones del vicepresidente segundo del Gobierno de España, Pablo Iglesias, en referencia a una posible restricción de la actividad informativa de los medios durante la crisis sanitaria en función de su línea editorial. En este sentido, la Asociación recuerda que la libertad de prensa es esencial para la sociedad y que cualquier medida por parte del poder político tendente a ejercer un control sobre los medios de comunicación supondría un atentado al sistema democrático.

“Los medios de comunicación libres transforman a las sociedades ya que proporcionan informaciones que iluminan el proceso de toma de decisiones. Así, se otorga a los individuos el poder de decidir sobre sus destinos. En semejante contexto, la libertad de medios de comunicación desempeña un papel crucial en la transformación de la sociedad al restructurar sus aspectos político, económico y social. Es por ello que la UNESCO promueve la libertad, en calidad de agencia especializada de Naciones Unidas provista de un mandato con miras a defender y fomentar la libertad de expresión, así como su corolario, la libertad de prensa” (“Día Mundial de la Libertad de Prensa 2012”, UNESCO).

La independencia y libertad de los medios de comunicación en un sistema democrático es de vital importancia. El denominado cuarto poder ha de servir de control y crítica al gobierno, sacando a la luz casos de corrupción o escándalos, de modo que con su investigación aportan elementos que se escapan a las comisiones de investigación de las Cámaras legislativas.

La libertad de expresión es un derecho humano fundamental como consta en el art. 19 de La Declaración Universal de Derechos Humanos.

La libertad de expresión está ligada al acceso universal a la información y el conocimiento, incluyendo el plurilingüismo.

“Sabemos que la libertad de expresión es un elemento crítico para la democracia, el desarrollo y el diálogo —sin ella ninguna de estas palabras podría funcionar o prosperar. La libertad de expresión es un derecho universal que todo el mundo debe gozar. Todos tienen el derecho a la libertad de opinión y de expresión; este incluye el derecho a mantener una opinión sin interferencias y a buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de difusión sin limitación de fronteras, tal como lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos” (Oficina de la UNESCO en MONTEVIDEO, “Libertad de expresión”).

“[…] La libertad de prensa y el acceso a la información contribuyen al objetivo de desarrollo más amplio de dotar de autonomía a los ciudadanos, proporcionándoles la información que puede ayudarles a alcanzar el dominio de sus propias vidas.

”Esta autonomía refuerza la democracia participativa al otorgar a los ciudadanos la capacidad de tomar parte en los debates públicos así como exigir cuentas a los gobiernos y otras instancias. Pero esta circulación de la información no ocurre de manera automática, sino que es el resultado del impulso que le imprimen medios de comunicación libres, plurales, independientes y profesionales, y políticas nacionales basadas en los cuatro principios fundamentales que constituyen la médula de la labor de la UNESCO: la libertad de expresión, la educación de calidad para todos, el acceso universal a la información y el conocimiento, y el respeto de la diversidad lingüística. De hecho, la libertad de expresarse en la lengua materna con la mayor amplitud y frecuencia posibles y la capacidad de dominar otros idiomas de alcance nacional, regional o internacional, son dos aspectos a los que la UNESCO concede especial atención en este Año Internacional de los Idiomas […]

”[…] Al celebrar el Día Mundial de la Libertad de Prensa de 2008, debemos recordar tres temas:

”Primero, el valor de los periodistas que han corrido riesgos con el fin de trasmitir al público una información exacta e independiente.

”Segundo, que la libertad de prensa y la libertad de información son principios fundamentales del buen gobierno, el desarrollo y la paz.

”Tercero, que las nuevas tecnologías pueden aportar enormes beneficios en materia de información, pero han de ir respaldadas por medidas que posibiliten su aprovechamiento: educación de calidad para todos, acceso universal a la información y el conocimiento, y respeto de la diversidad lingüística […]” (Koïchiro Matsuura, Seminario Internacional: “Libertad de Prensa, Acceso a la Información y Empoderamiento Ciudadano”).

La actual Constitución española de 1978, en su artículo 20.1 reconoce y protege el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. La cuestión está en saber si esos derechos se garantizan realmente en la práctica o si de hecho el poder político, cuando no el económico, están desvirtuando los principios constitucionales. La jurisprudencia del Tribunal Constitucional es unánime al valorar de forma preferente el derecho a la libertad de expresión en caso de colisionar frente a otros derechos constitucionales, por considerar que la formación y existencia de una opinión pública libre es condición necesaria para el ejercicio de otros derechos inherentes al funcionamiento de un sistema democrático. Asimismo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos recoge en su más reciente jurisprudencia que la libertad de expresión constituye uno de los fundamentos esenciales de una sociedad democrática y una condición primordial para el progreso y desarrollo de cada persona. A la función de los medios de comunicación de difundir la información, se añade el derecho del público de recibirla. Si fuera de otro modo, la prensa no podría desempeñar su papel indispensable de “perro guardián”. Además, hay que tener en cuenta que la libertad de prensa comprende el posible recurso a cierta dosis de exageración, o incluso de provocación.

Libertad y responsabilidad en la información

Algunos informadores están sometidos a presiones morales, financieras, ideológicas y políticas. Ante ello, solo una conciencia ética sólida y vigorosa constituye el mejor antídoto ante las incitaciones a la corrupción. La corrección ética es la mejor defensa de la credibilidad profesional en materia de información. Es la ética profesional la que enseña a los informadores a escuchar y aprender de las críticas del público, así como a defenderse de los poderes políticos y económicos mediante el ejercicio de la legítima libertad de expresión al servicio del bien común.

La profesionalidad informativa exige cada vez más conocimientos y más sentido de responsabilidad. La responsabilidad del informador es el ejercicio razonable de la libertad de expresión y es un asunto primordial y específico de la ética. La relación entre competencia profesional y responsabilidad ética es muy estrecha. Sin embargo, no se puede exigir responsabilidad a quienes no son libres.

Una utilización libre y responsable de los medios de comunicación es una utilización ética de los mismos. Los informadores han de estar provistos de dos cualidades esenciales para utilizar correctamente estos instrumentos mediales: la libertad y la responsabilidad, es más, estos dos elementos aparecen como indisolubles, ya que, sin responsabilidad, la libertad puede tornarse en abuso, y la responsabilidad no existe allí donde uno no es libre, sino que actúa con sometimiento o vasallaje hacia otro.

La libertad y la responsabilidad en el uso de los medios de comunicación garantizan la salvaguarda de la verdad, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana, tres exigencias ineludibles que deben prevalecer en el entorno mediático si no se quiere caer en la desinformación y en la manipulación de la persona, con todo lo que ello puede acarrear de efectos funestos y degradantes.

 

Límites a la libertad de expresión

Hay que notar que, ninguna libertad, ni siquiera la libertad de expresión, es absoluta, pues encuentra su límite en el deber de respetar la dignidad y la legítima libertad de los demás.

El único límite a la libertad de información es, según una abundante jurisprudencia constitucional y europea, el respeto a los principios de veracidad y relevancia pública, y su determinación corresponde exclusivamente a los tribunales de Justicia con arreglo a la Ley.

La libertad de expresión tiene límites que no pueden ser superados en ningún país verdaderamente justo. En su ejercicio hay que buscar siempre “no herir la dignidad fundamental de las personas y de los grupos humanos, y de respetar sus creencias religiosas” (Benedicto XVI, “Discurso a una delegación de la Academia de ciencias morales y políticas de París”, 10 de febrero de 2007).

Los límites morales a la libertad de expresión son los que cada persona se impone desde su conciencia. La fuerza de este límite resulta proporcional a la calidad ética de la persona. Cuanto más desarrollada se encuentra la sensibilidad moral de una persona, más se retrae de ofender a los demás, con independencia del juicio que le merezcan sus ideas, valores y actuaciones. En este sentido, el límite moral puede llegar a ser —depende de personas— tanto el más amplio cuanto el más férreo; es decir, el límite que ejerce una censura más fuerte y sobre mayor número de cuestiones en el individuo. Esto no significa que el sentido moral nos deba llevar a callar o a cohonestar el mal, sino simplemente a evitar la burla, la ofensa objetiva y el descrédito de las personas, instituciones o grupos sociales.

La calidad de la convivencia social depende, en definitiva, de la calidad moral de sus ciudadanos, de manera que cuanto mayor es la capacidad de autolimitarse de las personas mediante su conciencia, menos necesarias son las trabas sociales y legales a la libertad de expresión. Por el contrario, en la medida en la que se pierde calidad ética, se precisa un aumento de la censura social y de las prohibiciones legales. Lo ideal es que los límites legales de la libertad de expresión sean mínimos, pues una sociedad abierta exige amplio espacio para la crítica; pero, lógicamente, la regulación y penalización se intensifica en la medida en que los ciudadanos transgredimos los límites éticos en nuestras expresiones y en la medida en que el odio y las fobias tienden a exteriorizarse.

La libertad de expresión debería atenerse a los principios como la verdad, la honradez y el respeto a la vida privada

Es evidente también que la libertad de expresión debería atenerse a los principios como la verdad, la honradez y el respeto a la vida privada. Nada, por más fascinante que sea, puede escribirse, realizarse o transmitirse en perjuicio no solo de la verdad de los hechos que refieren los profesionales de la información, sino también de la “verdad del hombre”, de la dignidad de la persona humana en todas sus dimensiones.

La democracia es un sistema de gobierno en el que los ciudadanos participan en las actividades de gobierno. La libertad de prensa, como derecho inalienable de la persona en una sociedad democrática, abarca el derecho a la verdad. La búsqueda de la verdad y el derecho a la información deben mantenerse en los límites del orden moral. Juan XXIII escribió que el individuo tiene derecho a la libertad de investigar la verdad en los límites del orden moral y el bien común y la libertad de escoger la profesión que quiera. Es necesario observar que el individuo tiene también el derecho a una información fehaciente de los acontecimientos públicos (Cfr. PT, 12).

El individuo tiene la responsabilidad de buscar la verdad. La Iglesia asegura que la sociedad debe ser estructurada de manera que pueda ofrecer a los individuos recursos abundantes. El acceso del individuo a la verdad y la información indica que goza de la libertad de formarse una opinión y el derecho a las necesidades de la vida. Se debe afirmar que, para que una sociedad pueda ser considerada como bien ordenada, creativa y conforme a la dignidad humana, debe basarse en la verdad (Cfr. PT, 34-35).

La gran tarea de los comunicadores sociales es ser testigos con la palabra de la verdad de los hechos.

El auténtico comunicador no cede a ningún tipo de presión, ni de seducción para falsear la verdad. Es un servidor público que hace del anuncio de la verdad una pasión y un compromiso. La verdad dicha ayuda a los pueblos y a los hombres a crecer en dignidad, en justicia, en respeto. Su ocultamiento, o peor, su falseamiento, llevan a la descomposición moral que destruye la vida y la convivencia de los humanos.

Carlos Cardona apunta en “El amor a la verdad y la verdad del amor”: “La verdad compromete personalmente, la verdad tiene consecuencias prácticas, y eso da miedo, porque no se sabe bien a dónde me puede llevar, qué sacrificios me puede exigir, qué renuncias me puede imponer”.

Mentir no es solo no decir la verdad; es ocultarla, manipularla, mezclarla con verdades —las medias verdades, que ya se sabe cómo terminan: siendo dobles falsedades—; mentira son también los silencios cómplices, las omisiones del deber, y más aún las traiciones, la utilización de unos por otros al servicio de turbios intereses…

Dice a este respecto López Quintás, en su obra La tolerancia y la manipulación, que el manipulador es un ilusionista de conceptos que tergiversa el sentido de los vocablos para alterar a su antojo la escala de valores, y conseguir que multitud de personas pierdan capacidad creativa y sean fácilmente dominables.

Manipulación y tolerancia son dos términos contrapuestos por su sentido teleológico: mientras que la tolerancia permite la búsqueda de la verdad, la manipulación nos lleva directos a la mentira. No puede haber convivencia plural posible si se anula la fuerza constructiva de la tolerancia y se sustituye por la potencia destructora de la manipulación, de la mentira.

Ojalá que los informadores, los gestores y los responsables últimos de los medios de comunicación tengan presentes aquellas palabras que, en 1982, con ocasión de su visita a Madrid, san Juan Pablo II pronunció como retrato moral del informador responsable: “La búsqueda de la verdad indeclinable exige un esfuerzo constante, exige situarse en el adecuado nivel de conocimiento y de selección crítica. No es fácil, lo sabemos bien. Cada hombre lleva consigo sus propias ideas, sus preferencias y hasta sus prejuicios. Pero el responsable de la comunicación no puede escudarse en lo que suele llamarse la imposible objetividad. Si es difícil una objetividad completa y total, no lo es la lucha por dar con la verdad, la decisión de proponer la verdad, la praxis de no manipular la verdad, la actitud de ser incorruptibles ante la verdad. Con la sola guía de una recta conciencia ética, y sin claudicaciones por motivos de falso prestigio, de interés personal, político, económico o de grupo”.

El serio deber de los padres

Los padres tienen el serio deber de ayudar a sus hijos a aprender a valorar y usar los medios de comunicación, formando correctamente su conciencia y desarrollando sus facultades críticas. Por el bien de sus hijos, y por el suyo, los padres deben aprender y poner en práctica su capacidad de discernimiento como telespectadores, oyentes y lectores, dando ejemplo en sus hogares de un uso prudente de los medios de comunicación. De acuerdo con la edad y las circunstancias, los niños y los jóvenes deberían ser introducidos en la formación respecto a los medios de comunicación, evitando el camino fácil de la pasividad carente de espíritu crítico, la presión de sus coetáneos y la explotación comercial. Puede ser útil a las familias el que padres e hijos juntos se reúnan en grupos para estudiar y discutir los problemas y las ventajas que plantea la comunicación social.