Un católico no puede eludir su responsabilidad civil

Estudiar las propuestas antes de apoyarlas

El bien común debe estar por encima de intereses personales

Ejercer la libertad siempre para hacer el bien, nunca para violar los derechos ajenos

Emitir un voto responsable, libre y consciente para elegir a las nuevas autoridades

Examinar la verdad. Se deben estudiar las propuestas antes de apoyarlas. Hablar es fácil, obrar en la verdad cuesta la vida. Hay que buscar la verdad con la mayor objetividad posible. Más que basarse en lo que dicen los políticos, hay que analizar lo que han hecho para ver si son coherentes, íntegros y honestos. El malvado siempre disfraza sus intenciones con argumentos hermosos.

Evitar la demagogia. Los políticos saben qué teclas tocar para encender las emociones, muchas veces irresponsablemente. Cuidado con la manipulación de los sentimientos hacia la patria, la raza, el sufrimiento de los pobres, la libertad, etc. Con frecuencia se crea un mito en torno a un político o se destruye su reputación basada en la repetición de falacias. El cristiano no se debe llevar por las emociones ni por la fiebre que incita a las masas. No debe dejarse engañar por promesas. La prosperidad de los pueblos requiere un largo proceso de construcción y fortalecimiento de un sistema de gobierno, de educación, de trabajo, etc. bajo un estado de derecho que proteja justamente a todos los ciudadanos. Esto no se consigue con la demagogia. Hay que estar preparado para tomar opciones que no sean populares pero que sean justas. Recordemos cómo Jesucristo fue condenado por las masas porque matarlo «era conveniente».

El fin no justifica los medios.
Nunca será aceptable utilizar un medio en sí mismo perverso para lograr un bien. Por eso debemos condenar, por ejemplo, el aborto, el secuestro, la mentira y la difamación…

Ordenar las prioridades. El bien común debe estar por encima de intereses personales. Al mismo tiempo no se deben violar los derechos naturales de ninguna persona. No se debe votar por quien viola la ley natural, aunque por otra parte tenga buenas propuestas. Un católico no debe votar por candidatos que favorecen la inmoralidad, tal como es, por ejemplo, el aborto. En casos, como ocurre con frecuencia, en que todos los candidatos carecen de una clara posición moral que cubra todos los campos, el votante debe decidirse por el que al menos promueva los valores fundamentales.

Obligación de participar en la política. En una democracia los gobernantes son elegidos por el voto popular. Por eso todo ciudadano tiene la responsabilidad de votar habiendo seriamente estudiado los temas y conocido la posición de los candidatos. Un católico no puede eludir su responsabilidad civil ya que eso sería cederle el paso al mal. El hecho de que haya mucha corrupción en la política no exonera al cristiano de su responsabilidad. Más bien le debe retar a trabajar por un mundo mejor. El que no vota o vota sin atención a las leyes de Dios es culpable de los resultantes males. «Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política» (Vaticano II, Ch L, 42).

Los obispos de Estados Unidos declararon en 1995: «En la tradición católica, la ciudadanía es una virtud y la participación en el proceso político es una obligación» (Documento «Political Responsibility»).

Parte 2: aprendiendo a ser libres - Diario El Sol. Mendoza, Argentina.

Libertad

La libertad

La libertad es un don que conlleva una gran responsabilidad. Como católicos estamos comprometidos a ejercer nuestra libertad siempre para hacer el bien y nunca para violar los derechos ajenos.

«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5, 29).

En 1946, Pío XII dijo a un grupo de jóvenes que comenzaban en la política, entre ellos el que luego fue gran estadista italiano, Alcides De Gásperi: «Id al Parlamento para servir; no cedáis en cuestión de principios; tened las puertas abiertas pues la democracia significa colaborar; no penséis en vuestros intereses particulares, sino en los de la comunidad. Id al Parlamento con espíritu ágil: capaz de subir escalones si os piden desempeñar puestos de responsabilidad, pero también de bajar con elegancia y humildad cantando alabanzas al Señor… sin romperos el “fémur espiritual” que es una de las fracturas más peligrosas», con mayor razón si se trata de cuestiones referidas a la defensa de la verdad y de la libertad de conciencia.

Juan Pablo II a los jóvenes venezolanos el 11 de febrero de 1996: “Sean  protagonistas de su propia historia”

En su visita a Estados Unidos en 1987, Juan Pablo II retó a los Estados Unidos a vivir completamente los nobles preceptos de su Constitución respetando la dignidad de todo ser humano:

«Por esta razón, América, tu más profunda identidad y verdadero carácter como nación se revela en la postura que tomes como nación hacia la persona humana. La prueba máxima de tu grandeza está en la forma que trates a cada ser humano, pero especialmente a los más débiles y más indefensos» (Juan Pablo II en Estados Unidos, 1987). Original (en inglés): «For this reason, America, your deepest identity and truest character as a nation is revealed in the position you take toward the human person. The ultimate test of your greatness is the way you treat every human being, but especially the weakest and most defenseless ones».

Algunos dicen que no se debe votar basándose en un solo tema. Aunque es cierto que se deben considerar los diferentes temas que afectan a la nación, hay temas que son más importantes que otros y en los que se fundamentan los demás. Hay algunas posiciones políticas que por sí solas son tan graves que deberían ser suficientes para no votar por el candidato que las sostenga. Por ejemplo: no podemos votar en buena conciencia por un candidato que promueva la «limpieza étnica», aunque tuviese un gran plan para la economía. Un católico no debe votar por un candidato que promueva el aborto, la eutanasia…

En la situación política actual, los católicos deben apoyar aquellos programas políticos, y por lo tanto a aquellos partidos, en los cuales un católico pueda reconocerse decentemente, junto a tantos otros ciudadanos. No es cuestión de «unidad» política de los católicos, sino de «incisividad» política de los católicos, sin confesionalismos.

Si, en cuanto ciudadano, el creyente no se distingue en nada de los demás, la fe ha de dar un sello característico a su libre actuación.

El peligro típico moderno es que la política suplante la acción social del cristiano —del ciudadano—. De ahí que «hoy en día  —en palabras del italiano Roberto Formigoni—, uno de los cometidos del político cristiano —a decir verdad, de cualquier hombre de buena voluntad que se preocupe por la auténtica dignidad humana— consiste en luchar contra toda forma de Estado totalitario, impedir que el Estado se convierta en el único empresario, el único educador, el único agente sanitario, el único comunicador, etc.».

Formigoni advierte que subsiste la amenaza de «una forma totalitaria de organización de la vida social». La diferencia es que «ya no se impone por la fuerza», sino que utiliza «la persuasión oculta», y que su éxito depende de la complicidad pasiva de los ciudadanos. «El poder ha descubierto y comprendido que, para dominar verdaderamente al hombre, es preciso dominar sus deseos, es decir, sofocar y hacerle olvidar los deseos más verdaderos y auténticos del corazón humano y sustituirlos por su caricatura fundada en lo instintivo (el hedonismo y el consumismo), o en el espiritualismo (la huida de la realidad que preconizan las religiones desencarnadas, nuevas y viejas, con las que el poder siempre ha sido condescendiente, desde la época del Imperio Romano hasta hoy)».

«Debemos ayudar a la sociedad —afirma el español Andrés Ollero— a recuperar el respeto por los seres humanos. Esta es la única manera de combatir el aborto y la eutanasia, así como todos los demás ataques contra la dignidad humana que se llevan a cabo en el campo de la ingeniería genética y en bioética. […] Pienso que el cristiano debe actuar en política como un recordatorio constante de la igualdad esencial de todas las personas con independencia de las circunstancias en que se encuentren. Debemos darnos cuenta de que el aborto y la eutanasia no son las únicas manifestaciones contra el respeto a la dignidad humana. […] No tendremos credibilidad en nuestra defensa de la dignidad humana si no tenemos un compromiso solidario con todos, y no solo en el sentido económico».

Frente a los planteamientos laicistas, que pretenden expulsarlo del ámbito de lo público, es preciso reafirmar esa dimensión positiva del fenómeno religioso que nuestra Constitución suscribe.

Pensar la fe es ponerse, humilde y pacientemente, en condiciones de argumentar la verdad recibida, para transmitirla sin argumentos de autoridad a quienes no podrían compartirlos. El cristiano ha de realizar esta tarea sin complejos, consciente de estar ejerciendo —ante todo— derechos ciudadanos; por más que —como creyente— se le hayan convertido en deberes.

10 buenos propósitos para familias felices » LetsFamily

También hay que promover la familia, afectada por distintas amenazas: el paro y la inestabilidad laboral de los jóvenes a punto de formar una familia; la disminución de apoyo político para las familias y la consecuente debilitación de esta institución, y un gran incremento en el número de divorcios, así como el individualismo. ¿Cómo pueden quejarse los políticos de que las mujeres tengan tan pocos hijos, si no hacen nada para asegurar que ellas puedan compatibilizar la maternidad y el trabajo? Si las mujeres europeas gozaran de una verdadera igualdad con los hombres en este aspecto, de modo que tener hijos no pusiera en peligro sus carreras profesionales, tendríamos otras tasas de natalidad.

Para fomentar la estabilidad de los matrimonios, la noruega Janne Haaland Matlary pone en primer lugar el testimonio personal de los cristianos. Mucha gente tiene poca fe en la posibilidad de casarse para toda la vida y cree que ha de haber una vía de escape para cuando surjan conflictos. Por el contrario, los cristianos deben mostrar a los demás que «existe una felicidad de madurez que es resultado de la lucha en común para resolver los problemas: la serenidad de quien es dueño de sí mismo y cumple sus compromisos».

Hay relativamente pocos políticos que se atrevan a hablar claro sobre estos temas hoy en día, porque es políticamente más correcto decir que las cuestiones de «estilo de vida» son algo privado. Probablemente lo sean; pero las condiciones para tener hijos sí son una cuestión pública.

La democracia no se construye solo a base de votos, sino que es una acción comprometida de todos los días con la comunidad. Construir justicia y solidaridad, afrontar y resolver los problemas económicos y sociales, avanzar en madurez política, no es asunto exclusivo de los elegidos para gobernar y legislar, sino que es un asunto que nos compete a todos.

No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social. La actividad democrática se ha reducido a la mera participación en los procesos electorales. Necesitamos un horizonte cultural capaz de hacer germinar y de suscitar el renacimiento de la vida política. Esto no será posible sin una responsable participación ciudadana. El sistema político democrático exige el protagonismo de los ciudadanos en la vida pública; por eso los cristianos tienen que participar activamente en ella, pues no basta tener fe y querer hacer el bien, es necesario además dar vida a las instituciones de la vida pública y actuar con eficacia dentro de ellas. Es conveniente promover el crecimiento de la sociedad civil en el nivel local, lo que supone desarrollar el sentido de pertenencia a la comunidad, el compromiso, la generosidad, el sentido moral y el interés por los asuntos públicos. La vertebración ciudadana favorecerá que nuestra democracia, además de representativa, sea participativa.

La tarea cristiana de transmitir la fe a los demás debe ir unida al trabajo de los cristianos en la política.

Las «nuevas religiones» de la política (como la «woke»: «despierto») surgen en medio de un mundo que está cada vez más secularizado y en donde existe cierto tipo de líderes elitistas que se interesan poco por la religión y no tienen verdaderos vínculos con las naciones en las que ellos viven o con las tradiciones o culturas locales.

Desde el punto de vista de ellos, la religión, y especialmente el cristianismo, es algo que solo es un estorbo para el tipo de sociedad que ellos esperan construir.

Con el colapso de la cosmovisión judeocristiana y el surgimiento del secularismo, los sistemas de creencias políticas basados en la justicia social y en la identidad personal han llegado a llenar el espacio que alguna vez ocuparon las creencias y prácticas cristianas.

Como sea que llamemos a estos movimientos —‘justicia social’, ‘cultura woke’, ‘política identitaria’, ‘interseccionalidad’, ‘ideología sucesora’— estos afirman ofrecer lo que la religión proporciona.

En su primer discurso como presidente de EEUU, Joe Biden hizo un llamado a  la unidad

Biden es el segundo presidente católico de Estados Unidos: un «católico» que promueve los males del aborto, el matrimonio del mismo sexo y el transgenerismo. Con frecuencia habla de la importancia de su fe pero promueve una política abortista en la que los contribuyentes financian el aborto. También ha apoyado la no inclusión de la Enmienda Hyde, que prohíbe el financiamiento del aborto en los planes del seguro Medicaid.

En palabras del Obispo de Springfield, en Illinois, Mons. Thomas Paprocki: «Quienes obstinadamente persisten en el pecado grave no deben ser admitidos a la Santa Comunión».

En una carta pastoral del Arzobispo de San Francisco, Mons. Salvatore Cordileone, resaltó que cualquier católico que coopere formalmente con el aborto debe abstenerse de recibir la Eucaristía.

Recordamos que de acuerdo a la legislación mexicana, los ministros de culto no tienen permitido hacer propaganda en favor o contra de los partidos políticos, no pueden inducir a los fieles dentro de las celebraciones a votar a favor o en contra de candidatos, ni se pueden unir para fines políticos, así como tampoco pueden ser candidatos a puestos de elección popular.

Un buen católico no puede, en conciencia, votar por partidos y candidatos que promocionen el aborto, los matrimonios homosexuales y la ideología de género.

Es importante para los cristianos votar por candidatos que defienden la vida y rechazan la ideología de género.

María Lourdes Varela, directora de «40 Días por la Vida» en Iberoamérica, alienta a conocer la postura de los candidatos en temas de vital importancia.

«Conozcamos primero sus valores y compromisos con la vida y la familia, después votemos», anima Varela.

«Los creyentes, y aquellos que creemos en el valor de todas las vidas, tenemos que darnos cuenta de que debemos votar siempre por la vida», añade.

«No podemos decir que ‘me gusta más tal o cual candidato aunque no sea provida’. No, que siempre nuestro voto sea coherente: ‘Con aborto No te Voto’», dice María Lourdes.

Para Varela, «si vemos que todos nuestros gobernantes son pro aborto o que no son claros en el tema, hago un llamado para, como ciudadanos, exijamos a todo candidato que se comprometa a defender la vida». «De lo contrario, no tendrá nuestro voto», agrega.

De no tener más políticos provida y en defensa de la familia en los cargos públicos, advierte Varela, «estaremos pronto como Estados Unidos, Corea del Norte o China, donde el aborto está permitido en cualquier etapa de gestación».

El desprecio por la vida humana, afirma, podría llegar a casos como el de España con la aprobación de la eutanasia «y terminemos con una sociedad donde los hijos matan a sus padres y los padres a sus hijos».

«Sumando la inseguridad, la delincuencia y el narcotráfico, México sería un país solo de muerte», indica Varela.

Elsa Méndez, diputada local en el estado de Querétaro y candidata a la reelección como independiente, abierta defensora de la vida y la familia en México, subraya que es «fundamental que tengamos políticos que en estas posturas tengan mucha claridad, que sepan decirnos si son provida, si son pro familia».

Los cristianos tenemos un papel importante en estas decisiones, porque la defensa de la vida y la familia «son la base de nuestros valores y, si no lo hacemos, nuestros hijos serán educados de acuerdo a nuevas ideologías sin fundamento científico».

Ya pueden matar a sus bebés!: Eduardo Verástegui habla sobre el aborto |  Notigram

Eduardo Verástegui

Eduardo Verástegui, fundador del «Movimiento Viva México», subraya que «la fe y la política no deben disociarse», pues «es el amor a Dios el que da sentido y luz al servicio de quienes conducen los pueblos».

Verástegui alienta a que «cuando les pregunten por qué rezan y al mismo tiempo estén apoyando a un candidato/a, o a políticas públicas que defiendan la vida, la familia y la libertad religiosa, y les digan que no mezclen la fe con su trabajo o su vida pública, tengan claro que la fe no debe separarse de la vida real, de la acción diaria en pro de la sociedad».

«¿Entonces, si trabajas en política ya no puedes rezar? ¿O si apoyas candidatos que son pro vida en tus redes sociales, ya no puedes rezar? ¡Todo lo contrario! ¡Es cuando más debemos hacerlo!», añade Verástegui.

«Rezo, dice Verástegui, para recibir la fortaleza, rezo para tener una mejor visión, para calmarme, tranquilizarme, para que Dios me bendiga y pueda yo cumplir la misión por la cual Él me ha creado».

Papa Francisco: «Tengo experiencia de cómo se sienten los enfermos de  coronavirus que luchan por respirar»

En la Misa que celebró el 16 de septiembre de 2013 en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco señaló que un buen católico debe entrometerse en la política y que lo contrario no es un buen camino para los fieles.

Sigue diciendo el Papa: «Quizás, el gobernante, si, es un pecador, como lo era David, pero yo debo colaborar con mi opinión, con mi palabra, también con mi corrección porque ¡todos debemos participar al bien común!». Y si «tantas veces hemos escuchado: que un buen católico no se mezcla en política, esto no es verdad, ese no es un buen camino».

Afirma el Papa Francisco: «No se puede gobernar al pueblo sin amor y sin humildad. Y cada hombre, cada mujer que tiene que tomar posesión de un servicio público, debe hacerse estas dos preguntas: ¿Amo a mi pueblo para servirle mejor? ¿Soy humilde y oigo lo que dicen todos los otros, las diferentes opiniones para elegir el mejor camino? Si no se hace estas preguntas su gobierno no va a ser bueno. El hombre o la mujer gobernante que ama a su pueblo, es un hombre o una mujer humilde».

San Pablo exhorta a los gobernantes a elevar oraciones «por todos aquellos que están en el poder, para que podamos conducir una vida calma y tranquila». Los ciudadanos, observa el Papa, no pueden desinteresarse de la política.

Ninguno puede decir: «Yo no tengo nada que ver con esto, son ellos los que gobiernan… No, no, yo soy responsable de su gobierno y tengo que hacer lo mejor, para que ellos gobiernen bien y tengo que hacer lo mejor por participar en la política como pueda», dice el Papa.

Por lo tanto, concluye el Papa, «demos lo mejor de nosotros, ideas, sugerencias, lo mejor, pero sobre todo lo mejor es la oración. Oremos por los gobernantes, para que nos gobiernen bien, para que lleven a nuestra patria, a nuestra nación, y también al mundo adelante, para que exista la paz y el bien común».

«Yo recomiendo analizar —me decía un amigo mío— qué candidatos ofrece cada partido, qué profesionales con éxito presenta, qué hombres y mujeres fieles a su matrimonio ponen en las listas, qué credibilidad da cada persona y pongan las papeletas en la balanza. Pero hay algo infalible: no perdonar al político que mienta».