Lectio Divina: Domingo, 7 de enero de 2018

BAUTISMO DEL SEÑOR

A veces nos pasamos todo el día en un Museo y nos damos “un baño de arte”. Otro día nos entusiasmamos oyendo bellas sinfonías. Y nos damos “un baño de música”. ¿Y no pensamos que un día nos dieron un precioso “baño de Dios”?. De Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. De Dios que es Comunión, Hogar, Familia, “Éxtasis de amor”. No olvidemos el día más bonito de nuestra vida.

Evangelio de Mateo 3,13-17

En ese entonces llegó Jesús, que venía de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

REFLEXIÓN

Jesús se bautiza en el Jordán por Juan Bautista, pero le da al bautismo un nuevo contenido. Nos dice que no basta bautizarse con agua, un puro rito externo, sino que hay que bautizarse en el Espíritu Santo. “Se abrieron los cielos y vino sobre Jesús el Espíritu Santo”. Y esto significa lo siguiente:

1.- El E. Santo es el Dios del amor. Ser bautizado en el Espíritu es estar impregnado, empapado del amor del Padre. Por eso, lo que oye Jesús cuando se abren los cielos,  es la voz del Padre que dice: ”Este es mi hijo muy amado en el que pongo mis complacencias”. El cristiano se bautiza en ese mar infinito de amor.  Y procura, como Jesús, hacer las delicias de Dios, su Padre. ¿Cómo en concreto? Estando muy cerca del que más lo necesita. “Jesús pasó por  la vida haciendo el bien y curando a los que estaban oprimidos” (2ª lectura). No dice el texto: ”Pasó por la vida sin hacer mal a nadie”.  “Pasó haciendo el bien”. No es un buen cristiano el que se limita a no hacer mal. Es cristiano el que dedica su vida, sus años, su juventud, en hacer bien a los que lo están necesitando. Sanar, curar, alentar, levantar, son verbos cristianos.

2.- En la primera lectura el profeta Isaías nos ha dicho acerca del Mesías.” No gritará, no vociferará”. De 33 años que vivió Jesucristo se pasó 30 años en un pueblo insignificante, Nazaret, viviendo y trabajando como uno más, como uno de tantos. Hay momentos y circunstancias en la vida humana en que sobran las palabras. Todo lo que tenemos que decir, lo decimos mucho mejor con el silencio. “Las mejores palabras brotan de un corazón silencioso”.  El cristiano no va por la vida “gritando”, “imponiendo”, “haciendo ruido”, “haciéndose el importante”.

3.- “No romperá la caña cascada. Es una bella definición de la persona humana. Lo dijo muy bien Pascal:” El hombre es una caña pensante”. Por ser “caña” es débil, frágil, muy limitado. Por ser “pensante” aumenta la capacidad de sufrimiento. Mueren las plantas y mueren los animales, pero “no saben que se mueren”, no sufren por tener que morir. Por eso el pájaro puede morir cantando y la flor exhalando el último perfume. Sólo el hombre muere llorando. Ser cristiano es asumir la condición de hombre, y tratar de superar esta situación  acercándose a la persona de Jesús, bautizándose no con un bautismo de agua sino “de sangre”, es decir, entregando su vida al servicio de los demás. . Al final “se abrirán los cielos”, y saldrá el mismo Padre en persona a recibirnos y darnos  un abrazo eterno.

PREGUNTAS.

1.– Como cristiano, ¿doy importancia a mi bautismo? ¿He pensado alguna vez en lo que supone estar bautizado, es decir, estar sumergido, empapado en el amor infinito del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo?.

2.- ¿Me creo que por gritar más tengo más razón? ¿Estimo el silencio y la soledad como  valores de la vida?

3.- “El pábilo vacilante no lo apagará” . Debajo de las cenizas de cada persona, ¿Sé descubrir el rescoldo de sinceridad, de bondad, de solidaridad que llevan dentro?

ORACIÓN

Este evangelio, en verso, suena así:

Con ilusión nuestros padres

nos bautizaron de “niños”.

Celebraron una fiesta

con familiares y amigos.

De “mayores” olvidamos,

por ignorancia o descuido,

que en el bautismo aceptamos

unos fuertes compromisos.

Por el bautismo elegimos

ser discípulos de Cristo:

poner nuestra fe en Jesús

y vivir según su estilo.

En la fuente del bautismo

estrenamos un “vestido”

nos ungieron con el “óleo”,

nos entregaron un “cirio”.

Estos símbolos nos urgen

a ser de Cristo “testigos”

a pasar haciendo el bien

curando a los oprimidos.

En el mundo del dinero

del poder y del prestigio,

los cristianos apostamos

por el amor y el servicio.

Señor, que nuestro bautismo

dé a nuestra vida sentido.

Es timbre de honor y gloria

ser tus hijos adoptivos.

José-Javier Pérez Benedí

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Autor: Raúl Romero