Lectio Divina: 5 de junio de 2018

“Maestro, sabemos que eres veraz”

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy vengo a pedirte que me hagas descubrir mi propia identidad. Y quiero preguntarme con toda sinceridad: Y yo ¿de quién soy imagen? Yo sé que fui hecho a imagen y semejanza de Dios. Pero, ¿Caigo en la cuenta de lo que esto significa? ¿Me doy cuenta de que el ser imagen de Dios es mi mejor carnet de identidad, mi ADN más profundo? Ya sé lo que me quieres decir en este rato de oración: “Sé lo que eres”.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo mandaron a Jesús unos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar? Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea. Se lo trajeron y les dice: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: Del César. Jesús les dijo: Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios. Y se maravillaban de Él.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

Nos pasamos la vida poniéndonos zancadillas. Aquello que hicieron los judíos a Jesús lo hacemos nosotros todos los días. Parece que disfrutamos poniendo piedras en el camino para frenar los pasos de nuestros hermanos hacia la verdad, la libertad y el amor. Y el mayor tropiezo es el que le ponemos al amor. Nos lo advierte el apóstol San Juan: “El que ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza” (1Jn. 2,10). Por eso, el que no ama, no hace más que tropezar. Jesús, en este evangelio, desenmascara la hipocresía de los fariseos: pasean la imagen del César grabada en las monedas, la llevan en la cartera, cerca del corazón, se están sirviendo de ella para hacer sus compras o sus negocios, y después dicen que odian al César… Dad al César lo que es del César. Y, como aquel que no dice nada, apostilla: “Dad a Dios lo que es de Dios”. Como si les dijera: y vosotros, fervientes judíos, que leéis la Biblia cada día, ¿qué habéis hecho de la imagen de Dios grabada en lo más íntimo de vuestro corazón? A todos, judíos y cristianos; creyentes y no creyentes, se nos invita a hacer el viaje más bonito y fantástico: bajar a lo más profundo de nuestro ser y descubrir la imagen de Dios que nada ni nadie puede borrar: ni el demonio ni el pecado. “Reconoce, hombre o mujer, tu dignidad”.

Palabra del Papa.

Usted me pregunta también cómo entender la originalidad de la fe cristiana, ya que esta se basa precisamente en la encarnación del Hijo de Dios, en comparación con otras creencias que giran en torno a la absoluta trascendencia de Dios. La originalidad, diría yo, radica en el hecho de que la fe nos hace partícipes, en Jesús, en la relación que Él tiene con Dios, que es Abbá y, de este modo, en la relación que Él tiene con todos los demás hombres, incluidos los enemigos, en signo del amor. En otras palabras, la filiación de Jesús, como ella se presenta a la fe cristiana, no se reveló para marcar una separación insuperable entre Jesús y todos los demás: sino para decirnos que, en Él, todos estamos llamados a ser hijos del único Padre y hermanos entre nosotros. La singularidad de Jesús es para la comunicación, y no para la exclusión. Por cierto, de aquello se deduce también -y no es poca cosa-, aquella distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, que está consagrado en el «dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César», afirmada claramente por Jesús y en la que, con gran trabajo, se ha construido la historia de Occidente. (S.S. Francisco, carta del papa al director del diario La Repubblica, 11 septiembre de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio) 

5.-Propósito: Buscar un rato para pensar: ¿Qué he hecho de esa bonita imagen que Dios grabó dentro de mí?

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Gracias, Dios mío, porque me has hecho caer en la cuenta de mi dignidad de persona. Soy importante sólo por el hecho de haber nacido. Y las demás personas son también importantes para mí. Por eso se merecen un respeto, y nunca puedo instrumentalizarlas. Como cristiano, quiero ver en cada hombre o mujer a un hermano y a una hermana.

 

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Autor: Raúl Romero