Lectio Divina: 4 de junio de 2018

Todavía le quedaba un hijo querido

1.- Oración introductoria.

Hoy, Señor, leyendo tu evangelio he sentido una especie de escalofrío ante la maldad humana. Es como una fiera que mata y destruye con tal de salvar sus intereses. Y no se limita a matar a los empleados sino que va más lejos y llega a matar al hijo del dueño de la viña. Y esa parábola se cumplió en Jesús. Y queda suspendida en el aire la pregunta ¿Qué hará el dueño de la viña? ¿Castigará a todos? ¿Los matará? ¿O dejará que los brazos del Hijo, clavado en la Cruz, abracen a los mismos asesinos?

2.- Lectura reposada del evangelio. Mc 12, 1-12)

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó». Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. «¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’». Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión:

¡Qué bonitos los sueños de Dios y qué feas nuestras acciones! No cabe duda de que Jesús, al proponer la parábola de la vid, ha pensado en Isaías 5, 1-3 “Mi amigo tenía una viña en un fértil otero. La cavó, la despedregó, y la plantó de cepas exquisitas…esperó que diese uvas, pero dio agrazones”. Cuantos sueños de Dios sobre su viña, cuántos desvelos, cuanto cuidado, cuanto mimo…. Y, al tiempo de la cosecha, cuanta amargura y decepción. No sólo dio agrazones sino que llegaron a matar al Hijo del Dueño de la Viña. Pensemos que ningún padre entrega a su hijo querido si ya han dado muerte a sus jornaleros… La parábola tiende a situar el amor de ese padre en el terreno de lo irracional, lo absurdo, lo jamás visto ni oído. De nuevo Dios nos sorprende con su amor escandaloso. Este amor de Dios debe provocar en nosotros un amor sin medida. Ser cristiano es caer en la cuenta del amor abismal que Dios nos tiene, dejar que ese amor nos empape por dentro, nos transforme el corazón, nos trastorne la cabeza, y nos haga pasar por la vida como “verdaderos locos” dispuestos a contagiar esta locura de amor a los demás.

Palabra del Papa.

No olvidéis esto: Dios piensa siempre con misericordia: ¡es el Padre misericordioso! Dios piensa como el padre que espera el regre­so del hijo y va a su encuentro, lo ve venir cuando todavía está lejos… ¿Qué significa esto? Que todos los días iba a ver si el hijo volvía a casa: éste es nuestro Padre misericordioso. Es el signo de que lo esperaba de corazón en la terraza de su casa. Dios piensa como el samaritano que no pasa cerca del desventurado compadeciéndose o mirando hacia otro lado, sino socorriéndole sin pedir nada a cambio; sin preguntar si era judío, si era pagano, si era samaritano, si era rico, si era pobre: no pregunta nada. No pregunta estas cosas, no pide nada. Va en su ayuda: así es Dios. Dios piensa como el pastor que da su vida para defender y salvar a las ovejas (Audiencia del 27.3.13).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Dar a los demás en este día un amor sin medida.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, al terminar este día mi oración, quiero quedar impresionado del amor que me tienes. No amor de palabra sino de obra; no de mero sentimiento, sino real, histórico, comprobado. Que ante tu Cruz, no haga bromas, me tome la vida en serio y evite toda frivolidad. Que no me limite a ser un cristiano a medias, como fruta inmadura que produce agrazones. Dios, el dueño de la viña, no se merece agrazones sino uva sazonada. Que mi vida deje a Dios un buen sabor de boca.

 

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Autor: Raúl Romero