Lectio Divina: 30 de abril de 2018

“Bajar a Dios de la cabeza al corazón”

1.-Oración introductoria.

Señor, en este rato de oración te pido que me ayudes a meterme en la cabeza lo fundamental, lo esencial del evangelio: El amor. Es el camino que Tú, Jesús, has elegido para conocer al verdadero discípulo. Y la única norma que nos dejaste en tu testamento, antes de morir, fue ésta: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Dame tu Espíritu Santo para no salirme nunca del camino del amor.

2.- Lectura sosegada del Evangelio. Juan 14, 21-26

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas -no el Iscariote -: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?» Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.

3.- Qué dice el texto

Meditación-reflexión

El evangelio de hoy nos abre unos horizontes fabulosos para descubrir el verdadero camino para ir a Dios. Los judíos deben mirar a Jerusalén, Los árabes miran a la Meca. Y los cristianos, ¿dónde debemos mirar? ¡Al corazón! Si en nuestro corazón hay amor, ahí está Dios. El amor ancla al hombre en Dios. Donde hay verdadero amor, ahí mora el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No estamos solos. Las personas, por el hecho de amar, estamos habitados por la Santísima Trinidad. El Dios-Amor, no quiere morar en otra casa que no sea la “casa del amor”. Es el mismo Espíritu Santo el que viene a recordarnos estas cosas tan maravillosas. Y nos lo recuerda bajando “de la cabeza al corazón”, todo lo que sabemos sobre Dios. San Agustín lo decía muy bien a sus cristianos cuando estaban en el Templo: “Todos al entrar, os habéis santiguado. Todos habéis escuchado la Palabra de Dios. Todos habéis cantado “Aleluya” y todos habéis dicho “Amén” al final de la plegaria eucarística. Pero debéis de saber que “si no os amáis no sois cristianos”.

Palabra del Papa.

“Evangelio nos ofrece un retrato espiritual implícito de la Virgen María, donde Jesús dice: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él». Estas expresiones van dirigidas a los discípulos, pero se pueden aplicar en sumo grado precisamente a aquella que es la primera y perfecta discípula de Jesús. En efecto, María fue la primera que guardó plenamente la palabra de su Hijo, demostrando así que lo amaba no sólo como madre, sino antes aún como sierva humilde y obediente; por esto Dios Padre la amó y en ella puso su morada la Santísima Trinidad. Además, donde Jesús promete a sus amigos que el Espíritu Santo los asistirá ayudándoles a recordar cada palabra suya y a comprenderla profundamente, ¿cómo no pensar en María que en su corazón, templo del Espíritu, meditaba e interpretaba fielmente todo lo que su Hijo decía y hacía? De este modo, ya antes y sobre todo después de la Pascua, la Madre de Jesús se convirtió también en la Madre y el modelo de la Iglesia” (Benedicto XVI, 9 de mayo de 2010).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra de Dios que acabo de meditar. (Guardo silencio)

5.- Propósito: No pasar hoy a comulgar sin reconciliarme antes con la persona con la que no me hablo.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, quiero agradecerte el poder saber con certeza dónde te puedo encontrar. No habitas lejos, más allá de las estrellas, ni me pides cosas que yo no pueda cumplir. Habitas dentro de mí y sólo me exiges que te ame a Ti y ame a los demás. Pido al Espíritu Santo que esto me lo recuerde, es decir, que no me lo pase sólo por la cabeza sino también por el corazón.

 

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Autor: Raúl Romero