Lectio Divina: 27 de noviembre de 2017

En el evangelio de Lucas este relato viene a continuación de una controversia de Jesús con los maestros de Israel que buscaban los primeros puestos y devoraban la hacienda de las viudas. Jesús observa cómo los ricos echan dinero en el arca del templo. Cuanto más sonaban las monedas, más fuertes eran los aplausos de la gente. Pero la mirada de Jesús se detiene en una pobre viuda que, llevando dos monedas, echa las dos y se queda sin nada. Podría haberse quedado una y tener asegurado el pan del día siguiente. Pero la viuda se queda sin nada: sin el sustento de hoy y sin el pan del mañana.

 

 

1.- Introducción
Hoy, Señor, quiero darte gracias por tu mirada. No es como la nuestra que se va detrás de lo grande, lo fastuoso, lo que relumbra. Nos fijamos en los buenos artistas, famosos futbolistas, gente que sale mucho en televisión. Nuestros ojos están enfermos, son turbios, miopes. La mirada de Jesús es limpia, profunda, dulce, transformadora. Jesús no ve a aquellos que echan limosnas para engrandecerse, para que la gente se fije en ellos. Jesús ve, observa, mira, admira a esa viejecita que dando dos moneditas ha dado todo lo que tenía.

2.- Escucha atenta del evangelio. Lucas 21, 1-4
En aquel tiempo, alzando Jesús la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión
En el evangelio de Lucas este relato viene a continuación de una controversia de Jesús con los maestros de Israel que buscaban los primeros puestos y devoraban la hacienda de las viudas. Jesús observa cómo los ricos echan dinero en el arca del templo. Cuanto más sonaban las monedas, más fuertes eran los aplausos de la gente. Pero la mirada de Jesús se detiene en una pobre viuda que, llevando dos monedas, echa las dos y se queda sin nada. Podría haberse quedado una y tener asegurado el pan del día siguiente. Pero la viuda se queda sin nada: sin el sustento de hoy y sin el pan del mañana. Al vaciarse de todo lo que tiene, pone el presente y el futuro en las manos de Dios. No da de lo que le sobra, sino de lo que necesita para vivir. Ha depositado sus monedas en el cepillo de las ofrendas para el sacrificio de “holocausto”. Y en esta clase de sacrificios, como indica la palabra, se quemaba todo. Ella es de Dios y le entrega a Dios todo lo que tiene y todo lo que es. Sólo Dios puede crear, es decir, sacar algo de la nada. Y, en el orden espiritual, lo mismo. Dios llena al que está vacío, enriquece al que es pobre, y con nuestra nada, sabe trabajar muy bien y hacer cosas maravillosas. Como sucedió con su madre que hizo con ella cosas admirables porque se fijó en su pequeñez.

Palabra del Papa
Pero los pobres –y este es el tercer punto– no sólo son personas a las que les podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos… En cierto sentido, los pobres son para nosotros como maestros. Nos enseñan que una persona no es valiosa por lo que posee, por lo que tiene en su cuenta en el banco. Un pobre, una persona que no tiene bienes materiales, mantiene siempre su dignidad. Los pobres pueden enseñarnos mucho, también sobre la humildad y la confianza en Dios. En la parábola del fariseo y el publicano, Jesús presenta a este último como modelo porque es humilde y se considera pecador. También la viuda que echa dos pequeñas monedas en el tesoro del templo es un ejemplo de la generosidad de quien, aun teniendo poco o nada, da todo» (S.S. Francisco, Mensaje para la XXIX Jornada mundial de la juventud, enero 2014).

4.- Qué me dice hoy a mi esta palabra ya reflexionada. (Silencio)

5.-Propósito: Hoy daré algo en relación con las personas que me necesitan: algo de mi tiempo, algo de mi afecto.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
Señor, estoy impresionado con la postura de esta pobre viuda que da todo lo poco que tiene para el Señor. En el evangelio de Lucas, tan amigo de los pobres, esta mujer será ejemplo y modelo de seguimiento fiel al Señor. Ella es feliz, no por ser pobre, sino por tener a Dios como suprema riqueza de su vida. Señor, ¡qué lejos estoy de vivir esta actitud de la viejecita”. Dame un corazón grande y generoso, vacío de todo para poder llenarlo de Ti.

Autor: Raúl Romero