Lectio Divina: 25 de abril de 2018

San Marcos
“Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio”

1.- Ambientación.

Señor, en esta fiesta de San Marcos, me llamas a dedicarme a predicar tu Evangelio. ¡Qué privilegio el poder contribuir en la extensión de tu Reino! Para lograrlo, necesito aumentar mi fe y mi caridad; por ello te pido que esta oración sea el medio más eficaz para fortalecer mi convicción de ser un auténtico discípulo y misionero de tu amor.

2.- Lectura reposada de la Palabra de Dios. Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo se apareció Jesús y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

3.- Qué dice la Palabra de Dios en este evangelio.

Meditación-Reflexión

El evangelio de Marcos se abre con una pregunta sumamente interesante: ¿Quién es éste? ¿Y esta doctrina nueva? ¿Qué está pasando aquí? La pregunta es provocada por la persona de Jesús. Lo que hace y lo que dice, en perfecta armonía, cautiva, sorprende. Nada que ver con la doctrina gastada, repetida, de los fariseos. Lo peor que nos puede pasar a los viejos cristianos es que la rutina, la incoherencia, la falta de testimonio personal, ha hecho que mueran las preguntas. Y si no hay preguntas no puede haber respuestas. Nos sucede aquello que nos advirtió el poeta Antonio Machado: “Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber. Lo peor es que no sabemos para qué sirve la sed”. Esa sed de infinito, de trascendencia, de ir “más allá” de la mundanidad, se ha acabado. Estamos bien en este mundo, en esta tierra, en nuestras pequeñas satisfacciones humanas, y ya no necesitamos más. Ni estamos dispuestos a escuchar otras voces distintas, ni aceptar otras alternativas. Ese hombre del Génesis, hecho a “imagen y semejanza de Dios” ha convertido a Dios en “imagen y semejanza del hombre”, es decir, en un ídolo de barro. ¿Qué hacer? Tratar de “mostrar” con nuestro testimonio que este barro del cual está hecho el hombre, tiene un “soplo divino” que nadie le podrá arrebatar porque es su íntimo y profundo A.D.N. Sólo aquel que viva el estilo de vida de Jesús, puede levantar preguntas. Y las preguntas que interesan al mundo de hoy no son de carácter teórico: “dinos lo tú sabes de Dios”. Eso no interesa. Pero pueden interesar las de tipo práctico: “dinos a qué sabe Dios”. Dinos qué sucede cuando Dios irrumpe en tu vida. Dinos por qué estás siempre alegre; por qué no te hundes ante el sufrimiento; por qué avanzas sereno y tranquilo hacia la muerte.

Palabra autorizada del Papa.

«Todos estamos llamados a ser escritores vivos del Evangelio, portadores de la Buena Noticia a todo hombre y mujer de hoy. Lo podemos hacer realizando las obras de misericordia corporales y espirituales, que son el estilo de vida del cristiano. Por medio de estos gestos sencillos y fuertes, a veces hasta invisibles, podemos visitar a los necesitados, llevándoles la ternura y el consuelo de Dios. Se sigue así aquello que cumplió Jesús en el día de Pascua, cuando derramó en los corazones de los discípulos temerosos la misericordia del Padre, exhaló sobre ellos el Espíritu Santo que perdona los pecados y da la alegría.» (S.S. Francisco, 3 de abril del 2016).

4.- Qué me dice hoy a mí esta Palabra. Silencio. 

5.-Propósito. Que yo sea hoy un evangelio vivo para mis hermanos.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y yo le respondo con mi oración.

Señor, en este día de San Marcos, yo quiero darte gracias por ser el primer evangelista que puso por escrito tus palabras y tus hechos. Gracias al Evangelio nosotros podemos estar en constante diálogo contigo, podemos por medio del Espíritu, actualizar tus gestos, tus signos, tu presencia. Gracias al Evangelio podemos beber tus palabras en el mismo manantial.

 

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Autor: Raúl Romero