Lectio Divina: 24 de abril de 2018

“Nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre”

1.- Oración de introducción.

Señor, hoy quiero acercarme al evangelio con un corazón “ensanchado” porque eres Tú mismo el que me invitas a pedir no sólo vida, sino “vida eterna”. Yo pequeño, yo frágil, yo caduco, yo mortal, puedo atreverme a pedirte “vida eterna”. Si lo hago es porque Tú, Señor, me invitas a hacerlo. Gracias, Señor, por esta gran oferta que me haces: vivir para siempre, amar para siempre, gozar para siempre, ser feliz para siempre.

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 10, 22-30

Se celebraba por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-Reflexión.

¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Es una bonita definición de Jesús la que hoy nos ofrece el evangelio: Jesús es aquel que es capaz de mantenernos en vilo. Jesús no pasa nunca indiferente ante nosotros. Él mantiene un interés, una búsqueda, una inquietud. Su misma vida nos invita a preguntarnos: ¿Quién es éste? El mismo evangelio de hoy nos da la respuesta: Jesús es aquel que es capaz de ofrecer a los mortales una “vida eterna”. En realidad la vida siempre es una vida en relación. Uno está muerto cuando sólo vive para sí mismo. Y tratándose de Jesús es relación con quien es “la fuente de la vida”. Por eso los místicos que se habían acercado de un modo especial a esa fuente, sentían sed insaciable. “Del agua de la vida mi alma tiene sed insaciable… desea la salida de este cuerpo para beber del agua perdurable” (Juan de la Cruz). La vida, la vida auténtica, la vida en plenitud, la vida eterna, sólo la tenemos a través de Jesús. Él nos pone en relación con el Padre y con nuestros hermanos. Y esta vida en relación “nadie nos la puede ya arrebatar de sus manos”.

Palabra del Papa.

“Estoy delante de la Puerta Santa y pido: «Señor, ¡ayúdame a abrir la puerta de mi corazón!». No tendría mucha eficacia el Año Santo si la puerta de nuestro corazón no dejara pasar a Cristo que nos empuja a ir hacia los demás, para llevarlo a Él y su amor. Por lo tanto, igual que la Puerta santa permanece abierta, porque es el signo de la acogida que Dios mismo nos reserva, así también nuestra puerta, la del corazón, ha de estar siempre abierta para no excluir a ninguno. Ni siquiera al que o a la que me molesta: a ninguno. (Homilía de S.S. Francisco, 16 de diciembre de 2015).

4.- Qué nos dice hoy a nosotros este texto que hemos meditado. (Guardo silencio).

5.- Propósito. Tener una mirada de observación y caer en la cuenta de la estrechez de vida de tantas personas. Yo soy un privilegiado.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, Tú eres para nosotros como un “sol mañanero”. Nace y se va extendiendo más y más. Cada día me ofreces nuevas perspectivas, nuevos horizontes. Ayer me hablabas de plenitud de vida y hoy me hablas de “vida eterna”. No te satisface que vivamos bien sino que te preocupas de que nadie nos quite este bienestar, ni en esta vida ni en la otra. Gracias, Dios mío.

 

PDF:  https://app.box.com/s/pfcsgfgn10qx0brvv3swy1nah6hxdtlh

Autor: Raúl Romero