Lectio Divina: 23 de abril de 2018

Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia

1.-Oración introductoria.

Señor, este primer momento de mi oración tiene para mí mucha importancia. Crea dentro de mí un ambiente, un espacio vital, y me predispone para el diálogo, la comunicación, el abrazo contigo. Gracias por esta preparación, por esta predisposición, por este interés que Tú pones en mí para avivar en lo más íntimo de mi corazón el deseo ardiente de un encuentro.

2.- Lectura reposada del evangelio Jn. 10, 1-10

En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es un ladrón y un salteador. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero y las ovejas atienden a su voz, llama a sus propias ovejas por su nombre y las conduce fuera. Cuando las ha sacado todas, va delante de ellas y las ovejas le siguen porque conocen su voz. Pero a un extraño no le seguirán, sino que huirán de él porque no conocen la voz de los extraños. Jesús les propuso esta comparación, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Entonces volvió a decir Jesús: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos han venido antes que yo son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si alguno entra a través de mí, se salvará; y entrará y saldrá y encontrará pastos. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

Si Dios es Amor, necesariamente la puerta del aprisco es el amor. Ésta es la puerta principal. Pretender entrar en el aprisco de otra manera, es intentar entrar por la puerta falsa. Por esa puerta falsa pretendían entrar los fariseos de entonces y los fariseos de ahora. Y cuando uno entra por la puerta verdadera se encuentra con el verdadero Pastor. Éste le abre con gozo, le llama por su propio nombre, y va delante de él. Pensemos un poco: Para Jesús, mi Pastor, yo soy importante, tengo un nombre, y entre Él y yo se establece un maravilloso diálogo de amor. Me conoce, es decir, tiene conmigo una relación de intimidad. Este Pastor “va por delante” de las ovejas. Él marca el camino, me defiende de los posibles enemigos, y me invita a seguir por un camino que Él ya conoce porque ya lo ha experimentado. Jesús obraba y después hablaba de lo que ya había practicado. Lo contrario de los fariseos que “decían pero no hacían”. El resultado de este seguimiento a este buen Pastor es “una vida en abundancia”. No una vida raquítica, mediocre, a medias, sino una vida de plena realización.

Palabra del Papa

“La puerta es siempre el paso de un lugar a otro. Ingresar por una puerta significa dejar una estancia y entrar a otra totalmente diversa. Pasar una puerta implica un movimiento, un cambio de visión. Una puerta nunca te obliga a entrar o a salir. La puerta siempre está allí, esperando que la abras, que ingreses o que salgas por ella. ¡Qué maravilloso es contemplar a Cristo como la puerta que nos permitirá salir de “nuestra vida” y entrar a otra vida nueva, diversa! Pasar por Cristo no significa que todo el día tenemos que estar rezando sin parar, o que tenemos que estar pensando hora tras hora en Dios. El Señor nos lo dice con tanta sencillez: “quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos”. Es como si Cristo nos quisiera expresar: “Mira, cuando necesites mi gracia: aquí estoy; cuando estés cansado de tu fracasos, de tus dificultades: ven a mí; cuando tu alma tenga hambre de Dios: aquí está el mejor pasto que soy Yo -¡la Eucaristía! Cristo es la puerta que nos hace entrar a la felicidad verdadera, nunca violenta nuestra libertad, pues quiere que nosotros lo elijamos a Él por un acto consciente y libre de amor”. (…)”. (Benedicto XVI, 7 de mayo de 2006).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto que acabo de meditar. (Silencio)

5.- Propósito: Llenar bien este día. No malograrlo dejando las cosas a medias.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí por medio de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración´

Señor, qué a gusto he estado contigo. Me emociona eso de que yo, que soy tan poca cosa, sea importante para ti, me llames por mi nombre, me brindes tu intimidad y llenes mi vida de sentido. Contigo me siento satisfecho, contento, feliz. ¡Qué maravilloso eres, Señor!

 

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Autor: Raúl Romero