Lectio Divina: 21 de mayo de 2018

“Todo es posible para el que tiene fe”

1.- Oración introductoria.

Hoy, Señor, me acerco a Ti con toda humildad. No quiero presumir de nada, ni menos de mi fe. Es verdad que la tengo, pero muy pequeña, muy débil y frágil. Necesito que me la aumentes para que conecte con la vida. Quiero que mi fe sea viva, activa, responsable, comprometida. Que el verdadero termómetro para medir mi fe no sea el lugar donde rezo sino el lugar donde vivo. Dame una auténtica coherencia de vida, de modo que no existan desajustes entre lo que creo y lo que vivo. Que mi fe me lleve allá donde hay una persona que vive sola, que está enferma, que me necesita.

2.- Lectura reposada del Evangelio según san Marcos 9, 14-29

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban sus discípulos, vio que mucha gente los rodeaba y que algunos escribas discutían con ellos. Cuando la gente vio a Jesús, se impresionó mucho y corrió a saludarlo. Él les preguntó: “¿De qué están discutiendo?” De entre la gente, uno le contestó: “Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. Les he pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido”. Jesús les contestó: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho”. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó, haciéndolo echar espumarajos. Jesús le preguntó al padre: “Cuánto tiempo hace que le pasa esto?” Contestó el padre: “Desde pequeño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Por eso, si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”. Jesús le replicó: “¿Qué quiere decir eso de ‘si puedes’? Todo es posible para el que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho exclamó entre lágrimas: “Creo, Señor; pero dame tú la fe que me falta”. Jesús, al ver que la gente acudía corriendo, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Sal de él y no vuelvas a entrar en él”. Entre gritos y convulsiones violentas salió el espíritu. El muchacho se quedó como muerto, de modo que la mayoría decía que estaba muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y el muchacho se puso de pie. Al entrar en una casa con sus discípulos, éstos le preguntaron a Jesús en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?” Él les respondió: “Esta clase de demonios no sale sino a fuerza de oración y de ayuno”.

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión

¡Qué poder de destrucción tiene el mal! Aquel hombre, poseído de un mal espíritu, se revolvía, era arrojado al fuego, echaba espumarajos, se quedaba muerto… Tal vez se trataba de un caso de epilepsia. Hoy día se podría curar con medicamentos adecuados; pero Jesús entonces no usó de esos medicamentos. Lo importante es saber que allá donde un hombre o una mujer sufren, no puede desarrollarse, ni crecer, ni ser persona…ahí está Jesús. La medicina que usa Jesús es su gran misericordia. Es cierto que el mal es fuerte, pero hay alguien que es “más fuerte que el fuerte”. Es Jesús. Este milagro se realiza después de la Transfiguración donde los discípulos han estado tan a gusto en la montaña que no les hubiera importado quedarse allí. ¡Qué bien se está aquí! Pero Jesús les hace bajar del Monte. No se puede ser feliz a solas con Dios, sabiendo que ahí en el llano, en la vida, hay mucha gente que sufre. El hecho de estar yo bien me lleva a compartir ese bien con los demás. Todavía hoy nos conmueven esas sabias palabras de aquel padre: “Creo, Señor, pero dame Tú la fe que me falta”. Lo importante de la fe no es la seguridad sino la humildad para reconocer lo poco que creemos, lo mal que creemos, y así seguir pidiendo, seguir buscando.

Palabra del Papa.

“La fe es aco­gida, es decir, necesita nuestra respuesta personal, el coraje de poner nuestra confianza en Dios, de vivir su amor, agradecidos por su infini­ta misericordia. Es un don que no se reserva sólo a unos pocos, sino que se ofrece a todos generosamente. ¡Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de ser amados por Dios, el gozo de la salvación! Y es un don que no se puede conservar para uno mismo, sino que debe ser compartido. Si queremos guardarlo sólo para nosotros mis­mos, nos convertiremos en cristianos aislados, estériles y enfer­mos. El anuncio del Evangelio es parte del ser discípulos de Cristo y es un compromiso constante que anima toda la vida de la Iglesia (Mensaje para el Domund/2013, 19-5-13).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio).

5.- Propósito: Dar gracias a Dios por la fe que tengo. Es un regalo de Dios.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy te pido que me des mucha humildad para reconocer que todo lo que tengo es tuyo y no mío. A veces soy tan osado que, ante cualquier problema grave, acudo a ti para que me lo soluciones inmediatamente con un Padrenuestro mal rezado. Tengo que tener más seriedad contigo. Necesito que me des un corazón sensible ante el sufrimiento humano y esté siempre dispuesto a ayudar a los que me necesitan.

 

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Autor: Raúl Romero