Lectio Divina: 21 de diciembre de 2017

Lucas 1, 39-45.  La Visita de la Virgen a su prima Isabel

1.- Introducción.
«Dichosa tú, que has creído». María fue llamada dichosa, no por el hecho de ser Madre de Dios, sino por su fe. Ven, Espíritu Santo, para que esta oración aumente mi fe en el amor y en el poder de Dios, y sepa entregarme con amor y sin reservas a mi misión. María, Madre mía, ayúdame a imitarte hoy en el servicio a los demás.

2.- Lectura reposada del evangelio Lucas 1, 39-45
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!

3.- Qué dice la palabra de Dios.

Meditación-reflexión
Aquellas dos mujeres, Isabel y María, significan dos Alianzas, dos Testamentos. Dos Alianzas que se estrechan y se abrazan. Entre el Antiguo y el Nuevo Testamento no hay ruptura sino “abrazo”. Con un salto de gozo en el seno de Isabel recibe el último de los profetas a Jesús. Todo ha sido un largo camino de preparación, de crecimiento, de búsqueda, de nostalgia. “Muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron” (Lc. 10,24). Juan, en el seno de su madre, recoge todos los anhelos, deseos, esperanzas de un pueblo y da un salto de júbilo. Todo el A.T llevaba a Cristo en sus entrañas. El N.T nos dirá quién es ese Cristo del quien ya se venía hablando.

Palabra autorizada del Papa
Este episodio nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo. En efecto, la primera respuesta al saludo de María la da el niño saltando gozosamente en el vientre de Isabel. Exultar por la alegría del encuentro es, en cierto sentido, el arquetipo y el símbolo de cualquier otra comunicación que aprendemos incluso antes de venir al mundo. El seno materno que nos acoge es la primera “escuela” de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mama. Este encuentro entre dos seres a la vez tan íntimos, aunque todavía tan extraños uno de otro, es un encuentro lleno de promesas, es nuestra primera experiencia de comunicación. Y es una experiencia que nos acomuna a todos, porque todos nosotros hemos nacido de una madre. Después de llegar al mundo, permanecemos en un “seno”, que es la familia. Un seno hecho de personas diversas en relación; la familia es el “lugar donde se aprende a convivir en la diferencia”: diferencias de géneros y de generaciones, que comunican antes que nada porque se acogen mutuamente, porque entre ellos existe un vínculo. Y cuanto más amplio es el abanico de estas relaciones y más diversas son las edades, más rico es nuestro ambiente de vida. (Mensaje de S.S. Francisco, 23 de enero de 2015).

4.- Qué me dice ahora a mí esta palabra que acabo de meditar. Guardo silencio. Dios quiere que sea mejor, que cambie de vida, que ajuste mi vida al evangelio.

5.-Propósito. Vivir hoy con la resolución de servir, por amor, a las personas con las que convivo.

6.- Dios me ha hablado a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.
María, gracias por enseñarme a entregar mi voluntad a Dios, a no querer cumplir todos mis deseos, por muy importantes que me puedan parecer, a saber dejar todo en manos de nuestro Padre y Señor. Quiero imitar tu bondad y disposición para ayudar a los demás. Intercede por mí para que sepa imitar esas virtudes que más agradan a tu Hijo, nuestro Señor.

 

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Autor: Raúl Romero