Lectio Divina: 20 de junio de 2018

El Padre que está en lo escondido os premiará

1.- Oración introductoria.

Señor, hoy mi oración se dirige a Ti para que me enseñes a orar. Y Tú cuando rezabas al Padre buscabas el sitio y el momento más adecuado. Te retirabas…buscabas la soledad de la noche…y ahí te encontrabas con tu Padre. Después, durante el día, te metías en el ajetreo de la vida, en los problemas de la gente, en el cuidado de los enfermos. Todo tenía sentido para Ti después de haberte encontrado con el Padre. Precisamente por retirarte a orar en la soledad de la noche, podías dedicarte al fecundo servicio de los hermanos durante el día.

2.- Lectura reposada de la palabra de Dios. Mateo 6, 1-6; 16-18

Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa ante vuestro Padre, que está en los cielos. Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Cuando des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre, que ve lo oculto, te premiará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas, que demudan su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión.

Vivimos en el mundo de la imagen. Los productos que no se anuncian en T.V no se venden. Y las personas que no salen nunca en   la pequeña pantalla no son importantes. Por eso nuestro mundo se alimenta de cosas superficiales. Importa más el aparentar que el ser; interesa más la fachada que el interior de la casa; y estamos más pendientes del qué dirá la gente, que del qué dirá Dios. Jesús no vive pendiente de su imagen, al contrario. Vivió feliz en el anonimato: “pasó por la vida como uno más, como uno de tantos” (Fil. 2,7). Por eso no podía soportar a los hipócritas, los fariseos, los que obraban para ser vistos por los hombres. Y luchó para que no se usara la religión –limosna, ayunos, oración- para prestigio personal. Jesús nos dice que a Dios hay que buscarlo “en lo secreto, en lo escondido”. ¿Por qué? Porque, como dijo Isaías, “Dios es un Dios escondido” (Is.45, 15). Por eso no hay que salir fuera para encontrarnos con Dios. Jesús nos remite a lo escondido del corazón, donde habita Dios. Ahí está nuestro verdadero tesoro, nuestra perla más fina, nuestro manantial más profundo. Encontrar ahí al verdadero Dios es nuestra mejor recompensa.

Palabra del Papa

“En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que «ve en lo secreto y te recompensará». Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que «no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el «alimento verdadero», que es hacer la voluntad del Padre. Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de «no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal», con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia. Benedicto XVI, 3 de febrero de 2009.

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio)

5.-Propósito: Hacer un rato de oración ante el sagrario de mi corazón.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Te doy gracias, Señor, porque has aparecido ante nosotros: humano, sencillo, humilde, rocero, amigo de los que nunca salen en la prensa, nunca reciben galardones, nunca buscan los mejores cargos, nunca se sientan en la mesa de los poderosos. Gracias, porque Tú sí que eres de los nuestros.

 

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Autor: Raúl Romero