Lectio Divina: 20 de enero de 2018

Los parientes de Jesús lo tienen por loco. Pero hay que preguntarse, ¿Por qué? Jesús ha vivido durante 30 años en Nazaret, un pueblo insignificante, ayudando a San José en su taller. Ha vivido, ha convivido, ha participado con la gente humilde y sencilla de su pueblo. Y ahí se ha realizado como persona. Es uno del pueblo. Por eso le llaman Jesús “el nazareno”. Cuando comienza a hacer algo “tan distinto”, creen que se ha vuelto loco. Y ésta es la gran lección: “Pasar 30 años, en un pueblo insignificante, como uno más”.

1.- Introducción.

Señor, hoy vengo a la oración con el único afán, el único deseo de seguirte. Sólo me interesa una cosa, la que interesaba a la esposa del Cantar de los Cantares: “Dime donde pastoreas”. No me interesa el pasto que me pueden ofrecer otros pastores. Mi único manjar quiero que seas Tú, tu vida, tu estilo, tu mensaje.

2.- Lectura reposada del evangelio. Marcos 3, 20-21

En aquel tiempo volvió Jesús con sus discípulos a casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de él, pues decían: Está fuera de sí.  3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-Reflexión.

A primera vista, este texto que acabamos de escuchar nos sorprende, nos desconcierta. Los parientes de Jesús lo tienen por loco. Pero hay que preguntarse, ¿Por qué? Jesús ha vivido durante 30 años en Nazaret, un pueblo insignificante, ayudando a San José en su taller. Ha vivido, ha convivido, ha participado con la gente humilde y sencilla de su pueblo. Y ahí se ha realizado como persona. Es uno del pueblo. Por eso le llaman Jesús “el nazareno”. Ahora bien, cuando sus paisanos observan que hace milagros, que predica y la gente le sigue hasta “aprisionarle” es lógico que piensen que a Jesús le ha ocurrido algo raro. Y quieren llevarlo, de nuevo, al pueblo. Y ahí está el gran mensaje: Jesús, el hijo de Dios, ha empleado casi toda la vida “como uno más”, “como un desconocido”. Esta vida oculta y escondida de Jesús en Nazaret durante 30 años rompe todos los esquemas no sólo de sus parientes y vecinos, sino también los nuestros. Jesús nos enseñó a vivir. Nos enseñó que es más importante callar que hablar; servir que presumir; ser, que poseer. Nos enseñó las esencias más genuinas del más puro humanismo.

Palabra del Papa.

La fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuese un pastel que se lo decora con nata. No, la fe no es esto. La fe comporta elegir a Dios como criterio- base de la vida, y Dios no es vacío, Dios no es neutro, Dios es siempre positivo, Dio es amor, y el amor es positivo. Después de que Jesús vino al mundo no se puede actuar como si no conociéramos a Dios. Como si fuese una cosa abstracta, vacía, de referencia puramente nominal; no, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia […]

Queridos amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio. Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, manteniendo fija la mirada de su corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana. Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a mantener la mirada bien fija en Jesús y a seguirle siempre, incluso cuando cuesta. (Homilía de S.S. Francisco, 18 de agosto de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra de Dios ya meditada. (Guardo silencio)

5.-Propósito. Pasar este día normal y sencillo llenándolo de sentido simplemente “estando”, disfrutando de la vida, en la más sencilla cotidianidad.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy me has dado la gran lección: el dar más importancia en mi vida al ser que al tener. A veces, por querer hacer muchas cosas, realizar muchos proyectos, sentirme útil en el mundo, me olvido de vivir. Se me olvida el disfrutar de la vida: el tener tiempo para agradecer a Dios los regalos de cada día: el sol, el agua, el aire, las flores, la montaña, el trabajo sin agobios, la amistad. Gracias, Señor, por enseñarme a vivir.

 

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Autor: Raúl Romero