Lectio Divina: 2 de junio de 2018

¿Con qué autoridad haces esto?

1.-Oración introductoria

Señor, hoy me quieres dar una lección de autoridad, pero no como la entiende el mundo sino como la entiendes Tú. Para Ti la autoridad es servicio gozoso y desinteresado. Jamás has usado tu autoridad como Hijo de Dios, para beneficio tuyo personal. Tú no entiendes la autoridad como un camino de ascenso sino de descenso: bajas en el bautismo a las aguas del Jordán para meterte en el rio de nuestra historia, y así purificarnos de nuestros egoísmos y vanidades y elevarnos a la categoría de hijos de Dios.

2.- Lectura reposada del evangelio: Marcos 11, 27-33

Vuelven a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?» Jesús les dijo: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme». Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: «Del cielo», dirá: «Entonces, ¿por qué no le creísteis?» Pero ¿vamos a decir: «De los hombres?»» Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta. Responden, pues, a Jesús: «No sabemos». Jesús entonces les dice: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión.

¿Con qué autoridad haces esto? “Autoridad”, en boca de los sacerdotes y de los escribas, indica “poder”, “fuerza”, “dominio”, “capacidad de imponer leyes y de juzgar”. Ésta es la autoridad que ellos tenían en el Templo y que, de ninguna manera, querían perder. Toda autoridad humana tiende a controlar todo, a dominar todo, para así mantenerse en el poder. Los escribas y sacerdotes, que viven muy bien incluso económicamente en su cargo, ven en Jesús un enemigo peligroso. Por eso intentan matarlo. Una vez más el poder corrompe y el poder religioso todavía más porque intentan apoyarlo en Dios. Y Jesús, ¿cómo entiende la autoridad? En el lavatorio de los pies, Jesús se desprende del manto, símbolo de poder, se ciñe una toalla, y se pone a lavar los pies, acción propia de los esclavos. Así entiende Jesús la autoridad: como un servicio a los que están abajo para elevarlos a categoría de hijos de Dios. Jesús nos quiere a todos “iguales ante el Padre”. Y así se crea la gran familia de los hijos de Dios.

A la pregunta capciosa y malintencionada de los sacerdotes y escribas, Jesús no responde. Tampoco responde Jesús a preguntas tontas o superficiales: qué marca de coche me voy a comprar, o dónde me voy a divertir más en las próximas vacaciones, o dónde se venden las entradas para ver el partidazo del próximo fin de semana. Pero sí responde a las preguntas de profundidad: qué sentido tiene mi vida, por qué la gente tiene que sufrir tanto, por qué los bienes de la tierra están tan mal repartidos, qué será de mí después de la muerte…A estas preguntas de profundidad, siempre responde el Señor. Y responde con sus palabras y sus acciones; con su vida y con su muerte.

Palabra del Papa.

Jesús nos hace misericordiosos hacia la gente, mientras quien tiene el corazón débil porque no está fundado en Jesucristo corre el riesgo de ser rígido en la disciplina exterior, pero hipócrita y oportunista dentro. El Evangelio del día, en el que los jefes de los sacerdotes preguntan a Jesús con qué autoridad hace sus obras, la pregunta demuestra el corazón hipócrita de esta gente. A ellos no les interesaba la verdad, buscaban solo sus intereses e iban según el viento: conviene ir por aquí, conviene ir por allí… eran veletas. Tenían un corazón sin consistencia. Y así negociaban todo: negociaban la libertad interior, negociaban la fe, negociaban la patria, todo, menos las apariencias. A ellos les importaba salir bien en las situaciones […] Este es el drama de la hipocresía de esta gente. Y Jesús no negociaba, pero su corazón de Hijo del Padre, estaba muy abierto a la gente, buscando caminos para ayudar. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 15 de diciembre de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra bíblica ya meditada. (Silencio)

5.- Propósito: Intentaré ser humilde y no creerme nunca superior a los demás.

6.- Dios me ha hablado a mí hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, qué lección tan bonita nos has dado hoy en tu evangelio. Has cambiado el manto por la toalla; la autoridad por el servicio. No quieres personas que estén ni por arriba ni por abajo, sino todos al mismo nivel. Así podemos ser todos hermanos. Esto es lo que a Ti te gusta. Y esto es lo que le agrada al Padre.

 

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Autor: Raúl Romero