Lectio Divina: 17 de abril de 2018

“Danos siempre de ese pan”

1.-Oración introductoria.

Señor, hoy vengo a la oración como un “hambriento y como un sediento.” Y si vengo a la oración a satisfacer estas necesidades vitales es porque se trata de un pan especial y un agua también peculiar. De lo contrario hubiera ido a la panadería y a la fuente del pueblo. Si vengo a ti es porque tengo “hambre de Ti” y “sed de Ti”. Y necesito que me sacies Tú y nadie más.

2.- Lectura reposada del evangelio Juan 6 30-35

Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

3.- Qué dice el texto

Meditación-reflexión.

Jesús se manifiesta en este evangelio como el “pan de la vida”. No se trata de un pan material, ni siquiera del pan de maná que había dado el Padre a los judíos hambrientos en el desierto. Nos promete un pan que da vida, pero no una simple vida humana para prolongar nuestros años. Dice el Gran Inquisidor: “El pan te asegura el éxito y el hombre se inclina ante quien se lo da; pero si otro se adueña de su conciencia, el hombre desdeñará incluso tu pan para seguir a quien ha cautivado su razón” (Dostoyevsky). Jesús aquí nos habla de pan que da vida en plenitud. Un pan que “sacia”, un pan que nos satisface, que nos llena por dentro el corazón. En realidad, un pan que nos hace ya aquí y ahora plenamente felices. El comer con gozo este pan, en la gran mesa de la fraternidad, es la mejor garantía del Banquete Celestial. Este pan ya gustado y saboreado en esta vida, nos asegura la fiesta definitiva de Dios Padre con todos sus hijos en la gran mesa del Reino eterno. Dado el ambiente tan poco religioso que estamos viviendo en esta sociedad secularizada, cada vez se hace más difícil el creer. En realidad nadie puede creer en el más allá si ese “más allá” no se ha hace presente, de alguna manera, en el “más acá”. Por eso, el Concilio Vaticano II, nos dice muy bien en la Constitución de Liturgia: “En la liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos”. (S.C.Nº 8).

Palabra del Papa

“Es un momento de profunda comunión: la gente que ha bebido la palabra del Señor, es ahora nutrida por su pan de vida. Y todos fueron saciados, anota el evangelista.

Muchas veces, nosotros estamos en torno a la mesa del Señor, a la mesa del Sacrificio eucarístico, en el que Él nos da una vez más su cuerpo, hace presente el único sacrificio de la Cruz. Y en el escuchar su Palabra, en el nutrirnos de su Cuerpo y Sangre, Él nos hace pasar de ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en Él. Entonces deberemos preguntarnos todos ante el Señor: ¿cómo vivo yo la Eucaristía? ¿La vivo en modo anónimo o como momento de verdadera comunión con el Señor, pero también con tantos hermanos y hermanas que comparten esta misma misa? ¿Cómo son nuestras celebraciones eucarísticas? (S.S. Francisco, 30 de mayo de 2013). 

4.- Qué me dice hoy a mí este texto. (Guardo silencio)

5.- Propósito: Procuraré vivir hoy la Misa como un adelanto de la fiesta definitiva. 

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy quiero agradecerte las sublimes enseñanzas que me has dado. Lamento profundamente el malograr tantas Eucaristías que vivo sin interés, sin sacar el sentido profundo que ellas tienen. Quiero que, de aquí en adelante, las viva con un interés y devoción intensas, como auténticas experiencias de fe. Y que esa Eucaristía la siga viviendo a lo largo del día con mis hermanos.

 

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Autor: Raúl Romero