Lectio Divina: 16 de junio de 2018

“Sea vuestro lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”

1.- Oración introductoria.

Señor, yo quiero escuchar hoy tu voz, tu propia voz; no la voz de los antiguos que ya está vieja y caducada. Tu voz es dulce. Tu voz es suave. Tu voz es joven. Y esta voz es la que quiero que penetre dentro de mí y arranque de mi corazón mis viejas pasiones, mis viejos pecados, mis viejas mentiras. Igual que amanece cada día, y cada día podemos estrenar tu nueva luz, así yo quiero estrenar mi vida en sinceridad y verdad.

2.- Lectura reposada del evangelio: Mateo 5, 33-37

Habéis oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.

3.- Qué dice el evangelio

Meditación-reflexión

Estamos demasiado acostumbrados a ver jurar sobre los santos evangelios. Y hoy nos dice Jesús que no podemos jurar. ¿Por qué? Se supone que un cristiano que está vinculado a Cristo que “es la verdad” no necesita ninguna autoridad externa. El cristiano no sólo tiene verdades sino que “es verdad”. Sus actos son auténticos y no necesita notarios. Donde un cristiano dice “sí” es un sí definitivo. Y si dice “no” es un no rotundo. El cristiano es un hombre auténtico, un hombre cabal y la palabra que dice es “palabra de hombre” El cristianismo es ser en Cristo. Y, como Cristo es la plenitud de lo humano, el buen cristiano lleva la verdad a su plenitud. Cristo no se fiaba de los fariseos que tenían sus labios lejos de su corazón. “Me honran con los labios pero su corazón está lejos” (Mt.15, 8). Éstos sí que necesitan apoyos externos. Entre cristianos los labios y el corazón están en perfecta armonía. Por eso no necesitan avales.

Palabra del Papa.

¿Qué es «la» verdad? ¿Po­demos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la mente la pregunta del Procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: «¿Qué es la verdad?» (Jn 18, 38). Pilato no logra entender que «la» Verdad está ante él, no logra ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Sin embargo, Jesús es precisamente esto: la Verdad, que, en la plenitud de los tiempos, «se hizo carne» (Jn 1, 1, 14), vino en medio de nosotros para que la conocié­ramos. La verdad no se aferra, la verdad se encuen­tra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona (Audiencia del 15.5.13).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto evangélico ya meditado. (Guardo silencio).

5.- Propósito. Decir siempre la verdad. Las medias verdades también son mentiras.

6.-Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, te doy gracias porque al hacerme más auténtico me haces más persona. Yo no quiero mentir. Tampoco quiero jurar por nada. Yo quiero ser hombre de palabra. La palabra dada es ya un juramento porque soy cristiano y el cristiano tiene siempre en sus labios la “Palabra de Jesús”.

 

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Autor: Raúl Romero