Lectio Divina: 14 de diciembre de 2017

Normalmente, cuando nos preguntan como a Juan: Tú, ¿quién eres? sacamos todos nuestros títulos… soy doctor, soy licenciado, soy Obispo, soy párroco, soy maestro etc. En cambio San Juan dice Yo no soy… No soy el Mesías, no soy profeta… No soy… ¿Quién eres? Mi misión es ser referencia a Otro. Dar paso al que viene detrás de mí y es más que yo.

1.-Introducción

Señor, hoy quiero que me ayudes a meditar en la gran figura de tu primo Juan. Cuando se abrazaron las dos madres embarazadas, Él dio un salto en el vientre de su madre Isabel. Con un salto de júbilo te recibía en este mundo. San Juan recogía los deseos, las nostalgias, las ilusiones del pueblo judío y también de toda la humanidad que se llenaba de gozo ante tu venida.

2.- Lectura sosegada de la Palabra de Dios. Mateo 11,11-15

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «Les aseguro que no ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él. Desde que apareció Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos pretenden apoderarse de él. Pues todos los profetas y la ley anunciaron esto hasta que vino Juan. Y es que, lo acepten o no, él es Elías, el que tenía que venir. El que tenga oídos, que oiga».

3.- Qué dice este evangelio.

Meditación-Reflexión.

Jesús tiene para Juan Bautista el más grande de los elogios:” No ha surgido entre los hombres nadie mayor que Juan? ¿Por qué será? Su gran humildad. Normalmente, cuando nos preguntan como a Juan: Tú, ¿quién eres? sacamos todos nuestros títulos… soy doctor, soy licenciado, soy Obispo, soy párroco, soy maestro etc. En cambio San Juan dice Yo no soy… No soy el Mesías, no soy profeta… No soy… ¿Quién eres? Mi misión es ser referente a Otro. Dar paso al que viene detrás de mí y es más que yo. Lo importante para Juan es señalar con el dedo a Jesús y decir: Ése es el Mesías, ése es el importante. Nos cuesta dar paso a otro. Nos cuesta aceptar que no somos importantes, imprescindibles… que hay otro que viene detrás y hace las cosas como nosotros y mejor que nosotros. Nos cuesta decir como Juan: “Conviene que Él crezca y que yo disminuya”. Pero ahí está precisamente la grandeza de este hombre. Otro aspecto es la valentía como profeta. Herodes se ha separado de su legitima mujer y se ha unido con su cuñada. Es un escándalo para el pueblo. Y Juan tiene la valentía de decírselo. Por eso es encarcelado. Él sí que está en la cárcel, pero a la verdad no se le puede encarcelar. En la cárcel le cortarán la cabeza, pero esa cabeza en la bandeja seguirá hablando por los siglos.

Palabra autorizada del Papa.

“Con excepción de la Virgen María, Juan el Bautista es el único santo del que la liturgia celebra el nacimiento, y lo hace porque está estrechamente relacionado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como un profeta que termina el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, el Ungido del Señor. De hecho, será Jesús mismo el que hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: He aquí, que yo envío mi mensajero delante de ti / que preparará tu camino por delante de ti. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él»» (Benedicto XVI, 24 de junio de 2012)

4.- Qué me dice hoy a mí esta Palabra. Silencio. (Anoto en mi cuaderno lo que me sugiera)

5.- Propósito: Diré siempre la verdad aunque ésta me comprometa.

6.- Dios me ha hablado con su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, me ha impresionado la figura de Juan Bautista. Cuando queremos afirmar algo con rotundidad solemos decir: “Y esto será así hasta que San Juan abaje el dedo”. San Juan nunca bajará el dedo porque siempre está señalando a Jesús como la persona que más necesitamos, la que nos salva, la que nos libera, la que nos da la verdadera felicidad. Ojalá que mi dedo, mi mirada, y mi corazón estén siempre orientados a Jesús.

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Autor: Raúl Romero