Lectio Divina: 1 de junio de 2018

“Mi Casa será llamada Casa de oración”

1.- Oración introductoria.

Señor, me impresiona esa maldición tuya sobre la higuera seca. Y pienso que, a veces, yo también soy como esa higuera. Vivo de apariencias, de fachada, pero por dentro no doy fruto. Pasan los días, pasan los años y sigo siempre igual. No hay en mí ningún avance ni progreso. Para la gente soy buena persona, incluso me piden oraciones porque creen que estoy más cerca de Ti. Pero yo no estoy conforme conmigo mismo. Ni me gusta la vida que llevo. Quiero cambiar, necesito cambiar. Dame tu gracia para que te siga a Ti solo y a nadie más.

2.- Lectura reposada del evangelio: Marcos, 11, 11-26

Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania. Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre. Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: Que nadie más coma de tus frutos». Y sus discípulos lo oyeron. Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo. Y les enseñaba: ¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones. Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza. Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: «Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado». Jesús respondió: «Tengan fe en Dios. Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: Retírate de ahí y arrójate al mar», sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas. Pero si no perdonan, tampoco el Padre que está en el cielo los perdonará a ustedes.

3.- Qué dice el texto bíblico.

Meditación-reflexión

Jesús viene de Betania, con los doce, y se dirige al Templo de Jerusalén. Betania es el lugar donde Jesús se retira a descansar, incluso con sus discípulos. En Betania hay tres hermanos: Lázaro, Marta y María donde se vive con gozo la fraternidad. Allí se come, se descansa, y, sobre todo, se escucha a Jesús y se le ama. A esta casa “de la fraternidad” invita Jesús a los doce. Allí se está gestando “la nueva Iglesia”. Una Iglesia doméstica donde se viven los valores del Evangelio con alegría, con sencillez, con amor, con mucho amor. Y de allí Jesús llega al Templo de Jerusalén donde se negocia con lo más sagrado. Todo se compra y se vende. No hay lugar para la gratuidad. “Los escribas y los fariseos”, es decir, los profesionales del culto, están vendidos y sólo buscan el negocio. Jesús no puede tolerar que la casa de su Padre se haya convertido en “cueva de bandidos”. Y quiere purificar el templo. Los escribas y fariseos son los que más se oponen porque les quitan el negocio. Por eso quieren acabar con Jesús. Jesús no soporta tanta hipocresía. Esa higuera que tiene hermosas hojas y flores y que no produce frutos, es el símbolo del pueblo de Israel. Religión vacía, estéril, de apariencia, de pura fachada, pero sin frutos de amor y de justicia. Por eso hay que dejar Jerusalén y volver a Betania, al verdadero templo “en espíritu y en verdad”, el que verdaderamente agrada al Padre.

Palabra del Papa

“La liturgia del día propone el Evangelio en el que Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, porque han transformado la casa de oración en una cueva de ladrones. Y lo que hace Jesús es un gesto de purificación, el templo había sido profanado y con el Templo, el pueblo de Dios. Profanado con el pecado tan grave que es el escándalo. La gente es buena, la gente iba al Templo, no miraba estas cosas; buscaba a Dios, rezaba… pero debía cambiar las monedas para las ofrendas. El pueblo de Dios no iba al Templo por esta gente, por los que vendían, pero iban al tempo de Dios y allí había corrupción que escandalizaba al pueblo. Por eso yo pienso en el escándalo que podemos causar a la gente con nuestra actitud, con nuestras costumbres no sacerdotales en el Templo: el escándalo del comercio, el escándalo de la mundanidad… Cuántas veces vemos que entrando en una iglesia, aún hoy, está ahí la lista de los precios, para el bautismo, la bendición, las intenciones para la misa. Y de todo esto el pueblo se escandaliza”. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de noviembre de 2014, en Santa Marta).

4.- Qué me dice hoy a mí este texto bíblico ya meditado. (Silencio)

5.-Propósito: Hacer de mi corazón una pequeña Betania donde Jesús pueda descansar.

6.- Dios me ha hablado hoy a mí a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, me encanta esa “Iglesia doméstica de Betania” donde Tú entrabas a descansar, a rezar, a crear fraternidad. Allí llevabas también a tus discípulos a vivir, a experimentar la auténtica y verdadera fraternidad. Tú eras el centro de todos. Todos te querían y te admiraban. Y cuando tu amor se derramaba sobre el corazón de cada uno, no les costaba ya nada el quererse los unos a los otros. ¡Qué bonito es amarse con el mismo amor que Tú nos amas!

 

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Autor: Raúl Romero