Imagen referencial / Crédito: Pixabay

Este 12 de febrero se cumplen 213 años del nacimiento de Charles Darwin, el reconocido científico que planteó la teoría de la evolución a través de la selección natural, un proceso de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones.

El trabajo de Darwin, que se hizo público en 1859, es hoy aceptado prácticamente por todos los científicos. Sin embargo, ¿es esta teoría compatible con la fe católica?

El P. Jorge Loring, en su libro Para Salvarte, afirmó sobre la teoría de Darwin que si bien «el cuerpo puede venir por evolución, no ocurriría lo mismo con el alma de una persona, porque esta es espiritual».

«Hay muchos teólogos católicos que defienden esta teoría, que no está condenada por la Iglesia. Desde la fe y la filosofía no hay inconveniente en admitir la teoría de la evolución», añadió.

Por su parte, el P. Mariano Artigas, doctor en filosofía, física y teología, advierte en su libro Las fronteras del evolucionismo, que el hecho de la evolución «es una hipótesis y no algo científicamente indiscutible. Se afirma, pero no se prueba».

En 1950 el Papa Pío XII afirmó en la encíclica Humani Generis que el Magisterio de la Iglesia no prohíbe que «sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente».

Sin embargo, recalcó que «la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios».

El mismo Darwin al final de su libro Origen de las Especies dijo que «es grandioso el espectáculo de las fuerzas variadas de la vida que Dios infundió en los seres creados haciéndoles desarrollarse en formas cada vez más bellas y admirables».

En el Día de DarwinPew Research Center recoge 5 hechos sobre lo que piensa la gente en torno a la evolución.

1. La mayoría de estadounidenses aceptan la evolución

Según un estudio de 2019, unos 8 de cada 10 adultos estadounidenses (81%) dicen que los seres humanos han evolucionado con el tiempo. No obstante,  el 33% del total expresa la creencia de que los seres humanos y otros seres vivos evolucionaron exclusivamente debido a los procesos naturales sin la participación de Dios o un poder superior.

El 48% de los estadounidenses dicen que la evolución fue guiada por un ser supremo.

La misma encuesta encontró que el 18% de los estadounidenses rechazan completamente la evolución.

2. La mayoría de científicos creen que los seres humanos evolucionaron con el tiempo

De acuerdo a una encuesta del 2014 sobre ciencia y sociedad, el 98% de los científicos de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia creen que los seres humanos evolucionaron con el tiempo.

Asimismo, otro estudio reciente sostiene que tres cuartas partes (76%) de los estadounidenses perciben que la mayoría de los científicos sostienen esta opinión.

El público en general que rechaza la evolución está dividido sobre si existe un consenso científico respecto al tema: el 46% dice que la mayoría de los científicos piensan que los humanos han evolucionado debido a procesos como la selección natural, y el 52% dice que la mayoría de los científicospiensan que los humanos siempre existieron en su forma actual.

3. Fallos judiciales prohiben la enseñanza del Diseño inteligente en escuelas públicas

La teoría del Diseño Inteligente señala a una inteligencia superior que debe haber creado la complejidad del sistema de la creación.

A pesar de los esfuerzos de muchos estados y localidades estadounidenses por prohibir la enseñanza de la evolución en escuelas públicas y enseñar alternativas a la evolución, los tribunales han rechazado en las últimas décadas los planes de estudio que se desvían de la teoría evolutiva.

4. La mayoría de estadounidenses afirma que ciencia y religión suelen estar en conflicto

Según una encuesta del 2015, la mayoría de estadounidenses (59%) afirma que la ciencia y la religión están a menudo en conflicto. Sin embargo, quien son más practicantes de su religión son menos propensos que otros a ver este «choque».

Entre los que asisten a la iglesia al menos una vez a la semana, la mitad (50%) considera que la religión y la ciencia están en conflicto, en comparación de quienes rara vez o nunca asisten a la iglesia (73%).

Al mismo tiempo, la mayoría de personas (68%) dice que sus propias creencias religiosas personales no chocan con la doctrina científica aceptada.

5. Comparado con Estados Unidos, en otros países se rechaza más la evolución

En América Latina aproximadamente 4 de cada 10 habitantes de varios países –incluyendo Ecuador, Nicaragua y República Dominicana– dicen que los seres humanos y otros seres vivos siempre han existido en su forma actual.

Esto es cierto aun cuando las enseñanzas oficiales del catolicismo, que es la religión mayoritaria en la región, no rechaza la evolución.

Por otro lado, los musulmanes en muchas naciones están divididos. Sin embargo, la mayoría de en países como Afganistán, Indonesia e Irak rechazan la evolución.

Etiquetas: Iglesia, Evolucionismo, Ciencia, ciencia y fe, Charles Darwin

Fuente: aciprensa.com

Otros escritos (publicados en iglesiaenaragon.com):

La evolución manipulada(1), de Javier Úbeda Ibáñez

Los doctrinarios materialistas vienen desarrollando una activa campaña destinada a difundir a nivel popular una versión de los orígenes y naturaleza del hombre que excluya cuidadosamente toda suerte de intervención divina. El principal método empleado consiste en la formulación y divulgación —recurriendo a las técnicas más eficaces de la propaganda— de una versión simplista y radical del evolucionismo y de las teorías evolucionistas.

Es bien sabido que la evolución de las especies constituye una hipótesis científica que, reconducida a sus justos y razonables límites, es admitida por muchos hombres de ciencia y no se opone a la Revelación divina ni tampoco, por tanto, a la fe cristiana. Será incumbencia del científico, dentro del ámbito de su legítima autonomía, aceptar o no la evolución como explicación válida de importantes problemas, sobre todo en el campo de la biología. Pero cosa muy distinta sería pretender elevar a la categoría de dogma un evolucionismo absoluto y total, para que sirviera así de fundamento a la concepción materialista del hombre y de la vida.

La divulgación a nivel popular del evolucionismo radical ha recurrido hábilmente a la acuñación de «slogans» rudimentarios pero eficaces, como aquel de que, «el hombre desciende del mono», plasmado a veces en imágenes que entran fácilmente por los ojos; o ha producido seriales televisivos atrayentes, que no rebasan el nivel de la ciencia-ficción, pero que aparecen revestidos de ropajes de apariencia científica y presentan una versión materialista de los orígenes del Cosmos y de la vida. La pretensión ideológica del evolucionismo radical es de sobra conocida: su intención no es otra que excluir cualquier intervención de un Creador en la génesis de la materia y de la vida. Según ese evolucionismo, sería la propia materia cósmica increada —operando en virtud de una ciega dinámica inmanente a ella, y sin la acción de una Inteligencia ordenadora— la que habría dado origen a la vida que, desde las formas más elementales, habría progresado gradualmente y por su propio impulso hacia formas superiores, hasta llegar al hombre, al ser racional dotado de entendimiento y voluntad.

(1) Artículo publicado en un blog personal del autor en febrero de 2008.

El dilema antropológico, de Javier Úbeda Ibáñez

La cuestión antropológica, siempre presente en la historia del pensamiento, constituye hoy un tema de creciente actualidad. ¿Quién es el hombre?, ¿qué es el hombre?: estas preguntas tantas veces formuladas a lo largo de los tiempos siguen siendo interrogantes abiertos y apasionantes, a las cuales se han dado y siguen dándose las respuestas más dispares. No solo el pensador sino hasta el hombre de la calle siente a menudo la comezón de dar también su propia respuesta, impulsado por sus experiencias personales y el espectáculo que le ofrece la humanidad que le rodea.

¿Quién es el hombre?, ¿qué es el hombre? La respuesta a estos dos grandes interrogantes dista mucho de ser unánime. De ella dependen dos concepciones de la persona humana, que son la resultante a su vez de estas dos primeras y decisivas cuestiones previas: ¿es el hombre un ser espiritual y trascendente o tan solo temporalidad y materia?; ¿es el hombre un ser creado —criatura— o tan solo una partícula trivial y anónima del Cosmos?

Las consecuencias de la respuesta son inmensas. Un hombre que sea criatura se hallará necesariamente inserto en la obra de un Creador y en el orden de una Creación. En el origen del hombre-criatura se encontrará una inteligencia y una voluntad. Se trata de un ser que ha sido pensado y querido: pensado por la mente y querido por la voluntad de un Creador. Su existencia, obra del Autor de la vida, tendrá razón y sentido y se dirigirá hacia un fin. El hombre creado sabe, en definitiva, de dónde proviene y hacia dónde va.

Un hombre no creado sería fruto exclusivo del azar. Su existencia constituiría el resultado final de un interminable encadenamiento de casualidades, del cual habría que excluir a priori cualquier ordenación inteligente y voluntaria. Un hombre no creado sería un ser proyectado a la existencia por el antojo caprichoso de un destino ciego. La vida de este hombre carecería de razón y sentido: no sería hijo de nadie, pues nadie le habría concebido ni querido darle vida; procedería de la nada y a la nada se encaminaría, carente de fin. Su muerte —según la desoladora definición de Marx— no será sino una dura victoria de la especie sobre el individuo. Esta es la condición a la que ha de resignarse el hombre que rechaza la condición de criatura.