(Un escrito de D. Ángel Cabrero Ugarte, publicado en Religión Confidencial)

He leído la primera parte de El infinito en un junco*, o sea, algo más de la mitad del libro, que tiene 450 páginas. Me han dicho que es la mejor. Ya veré si leo la segunda. Es uno de esos libros que lees porque lo ha leído mucha gente y le han dado el premio al libro más leído el año pasado en España, etc.

Podemos decir que es una obra con algunas partes interesantes sobre cómo empieza a inventarse la escritura y, sobre todo, cómo surgen los libros, primero tablillas, luego inscripciones en piedras, luego, ya en los rollos de pergamino. Se habla de los autores más conocidos de la antigüedad, por supuesto Homero y así otros muchos griegos. Explica bastante bien el cambio importantísimo en esta historia, que es la invención del abecedario por los fenicios, allá por el siglo X a.C.

Todo esto, de bastante interés, mezclado con historietas que se inventa la autora para explicar cómo debieron ser muchas cosas que no sabemos cómo fueron, de muy poco interés. Y todo esto adornado con diferentes historias eróticas, inventadas o supuestas de diferentes protagonistas. Esos son los temas. Y se mezclan argumentos sugerentes que pueden animar a leer más, con historias de personas que, a veces, no tienen nada que ver con los libros.

Sin embargo, no hay ni una referencia al libro más leído en toda la historia de la Humanidad. Son muchos los comentarios sobre esos siglos VII, VI, V a.C., interesantes porque empiezan a existir los libros, y resulta que un libro que nace en esos siglos como es la Biblia, evidentemente mucho más leído que todos los demás de los que habla, incluidos los de Homero, no dice ni una palabra. Hace una mención a la versión de los 70, que hicieron unos sabios judíos en Egipto poco antes de Jesucristo. Nada más.

Nada sobre esos profetas que escriben sus propios libros, Amos y Oseas, allá por el siglo VIII a.C. Ni el libro de Isaías escrito en su primera parte por el siglo VI a.C. Ni del libro de Jeremías, de la misma época. Con todo el interés que tiene para la historia universal saber cómo se van escribiendo los primeros libros, y para qué se escribieron y a quiénes han servido.

Resulta que Irene Vallejo es una perfecta ignorante que se mete a escribir sobre la historia de los libros y no sabe nada del libro más leído con gran diferencia con el siguiente. ¿O es que es tan tendenciosa que no es capaz de hablar de la verdad de las cosas porque no le interesa la religión?

No puedo entender que no haya ni una alusión cuando hay libros gordísimos, interesantísimos, sobre cómo van surgiendo los diversos libros de la Biblia. Sobre cuándo se escribió la Tradición deuteronómica, o sea, el libro del Deuteronomio, el de Josué, el de los Jueces, los de Samuel y los de los Reyes, que tiene un interés grande a la hora de su interpretación. ¿Cuándo se escribió el Génesis? Seguramente siglo IV a.C. ¿Y el libro de la Sabiduría? Siglo I a.C. Y cómo se saben estas cosas y qué sentido tienen y cómo han influido en la historia.

Nada. No sabe nada sobre la confección del libro que leen todos los judíos, que leemos todos los cristianos. Durante siglos y siglos en las estanterías de ricos y pobres, de lectores y de menos lectores. De sabios y de poco formados. Todo el mundo sabe cosas sobre la Biblia, menos Irene Vallejo, que se las da de saber de esto.

*Irene Vallejo, El infinito en un junco, Siruela 2019, 450 págs.

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