El saber es elección, y cuanto más sabemos, más posibilidades de elegir tenemos y más libres somos.

El saber es tolerancia, y esta es el sedimento de una sociedad feliz y afortunada.

Por ello, quien controla el saber de los individuos domina a los individuos, y así Stalin afirmaba que, “de todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario”.

Hay personas y grupos que quieren que pensemos y entendamos lo que ellos desean. Hay intelectuales que falsean la realidad; a todos ellos no les importa, lo más mínimo, el alejamiento de la verdad; pero quien así actúa, quien se desinteresa de la certeza, quien no tiene la voluntad de ser verídico, es políticamente un tirano e intelectualmente un bárbaro.