España, una crisis (moral) - Forum Libertas

El filósofo Rafael Alvira coincide con Frans Alting von Geusau en señalar que la crisis moral tiene ante todo un rostro personal. Y dibuja un retrato moral del hombre contemporáneo para hacer un diagnóstico de la crisis colectiva y proponer soluciones.

Para Alvira, la raíz de los límites de la democracia, se pueden buscar, en un primer acercamiento, en la actuación de cada individuo. A todo ser humano se le presentan tres tentaciones básicas: el poder, el éxito y el placer. No son tendencias malas; al contrario, son necesarias para el bien del hombre.

Aunque necesarias, esas tendencias nos causan problemas cuando no las buscamos de modo equilibrado. Nos inclinamos más hacia una de ellas (aunque entre todas haya una continua implicación mutua). Y, a veces sin saberlo, la convertimos en fin último de nuestra vida, lo que constituye el fallo moral por excelencia.

Mientras que la tentación del poder es escasa (en nuestra sociedad, pocos logran altas cotas de poderío), el éxito «es probablemente el elemento más distintivo de nuestra sociedad, en comparación con otras épocas». Los medios de comunicación hacen vivir de él a muchas más personas que antes. Y lo verdaderamente popular es el placer. «Placer —dice Alvira— lo puede tener cualquiera, y sin muchas dificultades. En la medida en que Occidente ofrece hoy medios materiales abundantes, la persecución del placer es el deporte más extendido».

En síntesis, este análisis concluye en que la crisis moral personal desencadena la crisis social: «El que busca el poder como fin último es un soberbio, y la sociedad de poder consiguiente es una sociedad arrogante. El que busca el éxito como fin último es un vanidoso, y la sociedad del éxito consiguiente es una sociedad de la apariencia. El que busca el placer como fin último es un sensual, y la sociedad del placer consiguiente es una sociedad hedonista».