La reciente decisión del parlamento europeo de declarar el aborto como un «derecho humano», viene a ser como una petición de los políticos que rigen ahora los destinos de Europa, para poder aplicar en su tiempo la plena ley de la Eutanasia a la misma Europa.

¿«Derecho humano» de quién? Suponemos que no será de la criatura que va a morir asesinada. ¿De la madre, del médico, del padre, de un pariente lejano o cercano? Entonces la pregunta surge inmediata: ¿desde cuándo unos hombres pueden decidir que los demás tienen derecho a matar a un ser humano? Tan ser humano es la criatura que tiene dos meses, dos días de vida, como la que sobrepasa ya los 100 años.

El calificar el aborto —nada de interrupción del embarazo, que nada tiene que ver con la realidad de provocar voluntaria y fríamente la muerte de un ser humano— de «derecho humano», es un insulto directo a los «derechos humanos», es engañar a la inteligencia con palabras más suaves. Y, ¿quién es el Estado, el gobierno, para dar a los ciudadanos el «derecho de matar» a otros ciudadanos, aunque todavía no estén inscritos en el registro civil, cuando la «vida», el derecho a nacer es el principal derecho que un gobierno tiene que custodiar y defender?

Los «derechos humanos» reconocen una realidad que hay que proteger y defender: la libertad de nacer, de enseñanza, de religión, de trabajo, de residencia, etc., etc. ¿Cómo se puede defender y proteger la libertad de matar?

(1) De un escrito de: Don Ernesto Juliá Díaz, Religión Confidencial (https://religion.elconfidencialdigital.com/opinion/ernesto-julia/europa-muerte-lenta/20210703010454041915.html), 05-VII-2021.

El título del escrito es nuestro.