Comentario dominical: 27 de mayo de 2018

Fiesta de la Santísima Trinidad

Cuando éramos niños nos explicaban este misterio con aquella anécdota que se cuenta de San Agustín. Mientras paseaba por la playa pensando en este misterio, se le apareció un ángel, en forma de niño. Le pregunta Agustín: ¿qué haces ahí? Le contestó: estoy tratando de trasvasar toda el agua del mar a este pocito que yo he hecho en la arena. !Eso es imposible! Pues más imposible es que tu puedas entender el misterio de la Trinidad. Me sirve ese ejemplo con tal de que ese Misterio no sea para la cabeza sino para el corazón. Es imposible comprender lo que Dios nos ama. Es un misterio, pero un misterio de amor. Un mar inmenso de amor que nos rebasa, nos trasciende y nos inunda.

EVANGELIO

Evangelio: Mt 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

COMENTARIO-REFLEXIÓN

Gran misterio. El misterio es lo que nos rebasa, nos supera, nos trasciende, está por encima de nosotros.  Pero  es  misterio de amor. Un Dios que arde en tres llamaradas de amor. Es propio de nuestra religión. Dios no es un ser solitario sino solidario. Dios es apertura, donación, diálogo, hogar, familia. Dios es éxtasis de amor. Y es el modelo de todo diálogo y de todas las relaciones humanas. Estamos hechos a imagen de Dios-Trinidad. Y nos realizamos en la vida en la medida en que sabemos imitar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

1.- Imitamos al Padre. Lo propio del Padre es dar y darse. El Padre Dios vive  como Padre dando todo y dándose del todo. Nos da todo: el cielo, el sol, la luna, la estrellas…La tierra, con sus  bellezas naturales, sus mares, sus bosques, sus montañas, el agua, el aire la brisa. Toda la variedad de animales en el cielo, la tierra y los mares, es para nuestro provecho. Toda la creación, con toda su belleza, es un don del Padre para que la cuidemos, la conservemos y así la podamos disfrutar no sólo nosotros sino los que vengan detrás. Más aún, tanto nos amó que nos dio a su propio Hijo. (Jn. 3,16). Nosotros mismos somos un precioso regalo del Padre. para Jesús y después para todos. “Tuyos eran y Tú me los diste”. (Jn. 17,6). Nosotros  imitamos al Padre en la medida que damos y nos damos. En el egoísmo nadie se puede realizar, ni puede ser feliz. Esas personas que nunca han hecho nada por los demás se entierran  en sí mismas y ahí se acaba la historia, una triste historia. Sin amor no hay historia humana. Las personas que han entregado sus vidas por los demás son un tesoro para la humanidad. Como madre Teresa de Calcuta.

2.- Imitamos al Hijo. Lo propio del hijo es recibir. No poner obstáculos a lo que le dan. El Hijo de Dios ha recibido todo el Padre. No ha puesto obstáculos a lo que el Padre le ha querido dar. Debemos  saber recibir de Dios. No ponerle  pegas ni condiciones. Hay que dejarse querer por Dios. Y dar gracias por todo lo que nos da. Todo nos lo da para que lo disfrutemos…Nos bañamos en el mar…es una caricia de Dios. Paseamos a la brisa de la tarde…es regalo de Dios. Etc. Nos ha regalado nuestro cuerpo. El ojo ¿cuánto vale? Pregúntaselo a un ciego. ¿Y el oído? Pregúntaselo a un sordo. ¿ Y el poder caminar? Pregúntaselo a un paralítico etc.  Y, sobre todo, Dios   se ha dado en la persona de Jesús. Hay que saber agradecer. También nosotros necesitamos de los demás. Nadie puede ser tan autosuficiente que diga: No te necesito. Unos podemos dar unas cosas y otros  otras. Aceptar lo que nos dan y saber agradecer. Así imitamos al Hijo.

3.- Imitamos al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el anillo que une el amor del Padre con el Hijo y el Hijo con el Padre. Pentecostés es lo contrario de Babel. Allí había confusión y nadie se entendía . En Pentecostés todos hablaban el mismo lenguaje: el lenguaje del amor. Imitamos al Espíritu Santo en la medida que somos capaces de  amarnos y unirnos. Dios ha querido que nos entendamos a través de las palabras, del diálogo, del mutuo entendimiento. Cuando queremos solucionar las cosas con guerras o violencia, cuando renunciamos a lo que es más propio nuestro , en seres racionales, nos convertimos en animales salvajes. En esta vida podemos tomar dos actitudes: la de ser puentes o la de  ser pantallas. Somos personas-puentes cuando evitamos  lo que nos puede desunir, separar. Somos personas-pantalla cuando no buscamos puntos de afinidad, encuentros, deseos de hacer las paces.  No dudemos de una cosa muy importante: en la medida que imitamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, somos imagen de Dios y nos realizamos como personas. El tema de la Trinidad es el que más nos interesa  como personas libres, hechas para el entendimiento y el amor.

PREGUNTAS

1.– ¿ Estoy imitando a Dios Padre dando y dándome a los demás? ¿Estoy convencido de que en el egoísmo no cabe la auténtica felicidad?

2.- ¿Estoy convencido de que  en esta vida necesito de los demás? ¿Estoy dispuesto a recibir con humildad lo que a mí me falta? ¿Siento necesidad de Dios?

3.- ¿Soy persona-puente o persona pantalla?  Dí, en concreto, cuando eres una cosa u otra.

ORACIÓN

ABRAZO, CARICIA Y BESO

En esta fiesta solemne

adoramos en silencio,

al Padre, al Hijo, al Espíritu,

Dios Trinidad, Dios “misterio”.

Creemos que Dios  es PADRE.

Creador de tierra y cielo,

origen primero, centro

y meta del Universo.

Confesamos que Dios Padre

envió  a su Hijo Unigénito.

encarnado en Jesucristo,

nuestro Pastor y Maestro.

Con la fuerza del ESPIRITU

nos anunció  el Evangelio:

Dios es Padre. Todos somos

sus hijos, sus herederos.

Bautizados en su nombre,

sale Dios a nuestro encuentro,

como Padre, Hermano, Amigo,

abrazo, caricia y beso.

Dios estará con nosotros

hasta el final de los tiempos.

Con su presencia vivimos

con gran paz, sin ningún miedo.

Dios Padre, te bendecimos.

Hijo de Dios, te queremos.

Espíritu Santo, gracias

Por brindarnos tu consuelo.

(José-Javier Pérez Benedí)

 

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Autor: Raúl Romero