Comentario dominical: 20 de mayo de 2018

Domingo de Pentecostés

En este día de Pentecostés y, dada la riqueza del tema, me parece bien dar una explicación de una oración clásica que solemos rezar para momentos importantes en la Iglesia. De ella destaco siete verbos (como sabemos, este número indica perfección). La oración es ésta: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que adoctrinaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el saborear según el mismo Espíritu y gozar siempre de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén

COMENTARIO-REFLEXIÓN

1.- VEN. Es un imperativo. Es una urgencia, una necesidad. El Espíritu es la “respiración del alma”. No se puede vivir sin comer, sin beber, sin dormir, sin respirar. El que vive en el Espíritu, respira a Dios por todos los poros de su ser. Jesús, antes de morir, dijo a sus discípulos: “Os conviene que yo me vaya, ya que, si no me voy, no puedo enviaros el Espíritu” (Jn.16,7). Para Jesús el Espíritu es más necesario que su propia presencia física. Es interesante el cambio que se realizó ya en la misma Iglesia primitiva con relación al E. Santo. San Mateo nos dice:: “Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas a vuestros hijos, ¡cuanto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las piden! En cambio San Lucas nos dice: ”Si vosotros, siendo malos , sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos ¡cuánto más el Padre del cielo dará el E. Santo a los que se lo pidan”. ( Lc. 11,13) Esta variante es importante ya que la comunidad ha comprendido que entre las cosas buenas que uno puede pedir al Padre, nada se puede comparar con el Espíritu Santo.

2.- LLENA. En la Biblia aparece muchas veces el verbo llenar, incluso rebosar. Y es que a Dios le encanta este verbo. Ahora bien, sólo el Espíritu Santo nos puede llenar: “Como llenó las tinajas en Caná “hasta rebosar”. (Jn. 2, 7) Como llenó a María, “la llena de gracia”. Como llenó a los santos: “El Señor es mi pastor, nada me falta con Él” (Salmo 23) “Quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta” ( Santa Teresa). “El alma humana puede llenarse de muchas cosas, pero rebosar sólo en Dios” ( San Bernardo). Si hay algo que desagrada a Dios es el quedar a mitad del camino (Joven rico); es decir, una vida a medias, una vida vacía, una vida anclada en la tibieza. Eso da nauseas a Dios. (Ap. 3,16). No podemos acabar la vida así.

3.– ENCIENDE. La Biblia nos presenta al Espíritu Santo en forma de “llama”. “Vieron aparecer unas lenguas como de fuego que se repartían posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo”. (Hechos. 2, 2-4). Así aparece en Pentecostés. La imagen de Dios en forma de fuego no es nueva en la Biblia. Dios aparece a Moisés bajo la imagen de una zarza que ardía y no se consumía. (Ex. 3,2) Es una imagen de un Dios sugerente, fascinante, cautivador. Este es el fuego que Cristo ha venido a traer a la tierra hasta que toda ella arda. ( Lc. 12,49). Y no es que Cristo sea un pirómano. Cristo lleva dentro el fuego del amor y no quiere otra cosa que ver arder el mundo en ese mismo amor. Este es el fuego que sintieron los discípulos de Emaús después de haber conversado con Jesús:”¿No es verdad que ardía nuestro corazón mientras Él nos hablaba por el camino? (Lc. 24, 32) Este es el “ardor” que sentían los primeros cristianos cuando se sentían gozosos de padecer por el nombre de Jesús. ( Hechos 5,41). El alma que lleva dentro el fuego del espíritu “arde” ante las cosas de Dios. Habla con ardor y entusiasmo. Pone “calor” en las reuniones, en las comunidades.

4.– ENSEÑA. Nos dice San Juan: ”Su unción os enseñará todo”. ( 1Jn. 2,27)   Es una enseñanza suave, delicada, penetrante. Como nos enseñan las madres en su regazo. ¿Qué nos enseña? Normalmente la enseñanza, la doctrina, hace referencia al entendimiento, a la cabeza. Pero aquí se pide una enseñanza para el corazón. Es el corazón el que no sabe, es el corazón el ignorante, es el corazón el que debe aprender. ¿Y qué lecciones tiene que aprender el corazón? Las lecciones del amor. “El Espíritu Santo os llevará a la verdad completa” (Jn. 16,13) . Nos quedamos a medias cuando hacemos las cosas sin amor.

5.–RENUEVA. Dios, al hacerse hombre, ha traído al mundo todo lo nuevo. Todo lo que hay en nosotros es viejo, aburrido, cansado, repetido. Lo propio del Espíritu es renovar, hacerlo todo nuevo. Precisamente para los tiempos mesiánicos, tiempos de la efusión del Espíritu, estaban dichas estas palabras de Isaías: ”Yo te he dado a conocer ahora cosas nuevas, ocultas y desconocidas. Acaban de ser creadas al instante, sin que antes las hubieras oído, para que no pudieras decir que tú ya las sabías” ( Is. 48,6-7). Lo propio del Espíritu Santo es hacer que todo sepa a nuevo. La palabra de Dios, la Eucaristía, la vida comunitaria, la vida diaria. Como San Pablo nosotros mismos somos testigos de que caen de nuestros ojos unas viejas escamas y estrenamos cada día los ojos nuevos del amor.

6.– DA SABOR. Es un don del Espíritu Santo. No es un simple saber, sino un saborear . “Gustad y ved qué bueno es el Señor” (Sal. 39,9). Nos da una cierta experiencia de la dulzura de Dios “Un cierto sabor de Dios” (Sto. Tomás), por lo que el verdadero sabio no es simplemente el que sabe las cosas de Dios, sino el que las experimenta y las vive . En la entrada de muchos monasterios de Carmelitas se citan unas palabras de Santa Teresa:” Esta casa es un cielo, para los que se contentan con sólo contentar a Dios”.

7.-GOZA. Hay una relación entre E. Santo y Gozo. “Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo” (Hechos 13:52. Este gozo es pleno. Si por definición, el gozo es la posesión del amor, el que tiene la plenitud del amor, debe tener la plenitud el gozo. Abarca cuerpo y alma. No es algo tangencial, epidérmico, propio del placer de una orgía en un fin de semana. Dura siempre. “Nadie os lo podrá arrebatar” ( Jn. 16,22). San Agustín termina su libro de la Ciudad de Dios, así: “Veremos, amaremos, alabaremos, gozaremos, en un fin que no tendrá fin”.

Este gozo dura siempre. “Nadie os lo podrá arrebatar” ( Jn. 16,22)

ORACIÓN

Este evangelio, en verso, suena así:

Sin tu Espíritu, Señor,

estamos tristes, vacíos,

solos, sin la flor de un beso,

perdidos en el camino.

Nuestra vida es un desierto,

muertes, sequedad, hastío.

Envía, Señor, tu Espíritu

y será un jardín florido.

Hoy le rezamos con fe:

Ven, Espíritu divino,

Consolador en el llanto

Y Padre de los mendigos.

Ven, viento liberador,

aire de vida, respiro.

Limpia nuestro corazón,

purifica sus latidos.

Ven, horno de amor, gran fuego

y copa de ardiente vino.

Calienta nuestras entrañas,

rompe nuestro hielo frío.

Ven, ramo de paz, perfume

que embriaga nuestros sentidos,

Música de Dios, arrullo

de luces y de sonidos.

Ven, Abogado, Maestro,

Hermano, Huésped, Amigo.

Pon aceite en nuestras lámparas

y seremos tus testigos.

(José-Javier Pérez Benedí)

 

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Autor: Raúl Romero