En este mes de mayo que nos toca disfrutar, me gustaría compartir con usted –  atento lector – unas reflexiones sobre la importancia de los vínculos afectivos en la familia.  Son muchas las veces que he oído este comentario: “Cuánto le quiero, sí… pero no sé demostrárselo…”.

Y es que el vínculo es algo más que la relación que se mantiene con el otro en una relación reciproca – de ida y vuelta – ;  es una estructura más compleja,  dinámica – y preciosa –  que se forma en nuestras primeras relaciones personales y que nos van estructurando y consolidando tal como nos vemos usted y yo ahora.

Los vínculos afectivos no se forjan en el vacío, no emergen de nosotros ex novo sino que tienen un escenario natural. Sí, lo están adivinando… ¡la familia! Estos “lazos de amor” hacen de puente entre nuestras mecánicas “bio-lógicas” y la interacción con el contexto que nos rodea.

De acuerdo entonces en que los vínculos afectivos se acunan principalmente  en la familia –  en la trama de relaciones entre padres e hijos, en la misma vida conyugal… – avanzamos un poco más.

La vinculación – el apego en edades más tempranas, cuando de hijos estamos hablando –  es posible gracias a la previa estimación en el origen. En este origen, y a través de nuestros padres, abuelos, hermanos, cónyuge…, se sembraron las condiciones necesarias para la supervivencia, crecimiento, desarrollo, maduración y perfectibilidad (¡). Y  se siguen sembrando, como usted bien sabe.

Mi reflexión quiere ahora hacerse práctica, pasando a compartir pautas muy concretas y sencillas, pero no por ello menos esenciales. Y es que el impacto de cada acción desarrollada en el hogar,  referido a la vinculación de los hijos en cada etapa evolutiva, o al cónyuge en el bendito ajetreo que cada nuevo día nos trae,  es de tal magnitud y proyección  que me temo que el desarrollo de los puntos de mi exposición pudiera quedarse corto en cantidad y calidad…

En primer lugar, demostremos el cariño a través del contacto físico. Toquemos,  abracemos, besemos,  acariciemos… achuchemos a espos@, hijos y padres. Pero cuidado, que también es importante saber cuándo y cómo el otro necesita y quiere estas muestras de cariño; la única manera es la observación atenta, el intento y el calibrar la reacción.

“Mano de santo” – como decía mi abuela – es el mostrar un rostro amable. El efecto que nuestras expresiones faciales tienen en el otro es impresionante.  Compruébelo, si no lo ha  hecho ya, y verá como una simple sonrisa o un guiño pueden reconfortar mucho más que un montón de palabras. Este contacto visual aumentará sin duda la deseada intimidad.

Estoy muy a gusto contigo…” Si así lo sentimos realmente ¡verbalicémoslo!  Qué bueno para la vinculación el asegurarse los sentimientos positivos mediante la palabra. Abrumemos al otro con  elogios y  piropos – ¡cuidado! sinceros- .

Y muy “vinculado” a esto – nunca mejor dicho ya que de vínculos estamos hablando  –  estará ese estilo de vida que vamos configurando en el que se  comparten nuestros sentimientos – con la transparencia hemos topado –. Cuando  compartimos nuestras alegrías y penas nos volvemos más humanos, menos amenazantes y mejores modelos de relaciones interpersonales. No en vano el ocultar nuestro sentir puede generar ansiedad, al no poder comprender lo que le  ocurre al otro.  Y es que, parafraseando a J. C.  Liadet, “Aquello que no pasa por el lenguaje permanece desprovisto de sentido”.

 

Y estamos ya de lleno inmersos en lo que se denomina clima familiar, que puede ser tan primaveral como este día, si nos acostumbramos a compartir intereses, aficiones, actividades y experiencias familiares. Hacer al otro partícipe de lo que hacemos: trabajo, aficiones, compras, hogar… indicando lo que significa para nosotros y el porqué.  ¿Qué no le piden esta información? No importa, apórtela con mano diestra para caldear el clima hogareño…

El objetivo de esta firma realmente es “abrir boca”. Ya que es usted, atento lector, quien mejor conoce su familia y quien puede diseñar nuevos espacios en la búsqueda de caminos alternativos y originales. ¡Un buen grado de vinculación bien merece este esfuerzo creativo!