Lectio Divina: 14 de noviembre de 2017

A primera vista, parece que Jesús aprueba este trato abusivo y arbitrario de este amo. Se sabe que en tiempos de Jesús existía en Israel una esclavitud, aunque más moderada que en el imperio romano (J. Jeremías).Jesús se sirve de una realidad muy cotidiana para las gentes que le escuchaban, aprendieran cuál debía ser la disposición de la criatura ante su Creador.

 

 

1.- Introducción.

Señor, hoy quiero convertir en materia de mi oración una de las últimas palabras del evangelio de este día: “Somos siervos inútiles”. Quiero afincarme en esta gran verdad: soy un inútil, no sirvo para nada. Y no es que esto sea una falsa humildad, es la pura verdad. ¿Qué hubiera sido de mi vida sin tu gracia, sin tu presencia? Lo dices Tú muy bien: “una casa edificada sobre arena”. Todo lo que hay en mí de sólido, de firme, de consistente, te lo debo a Ti.

2.- Lectura reposada del evangelio. Lucas 17, 7-10.

«¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: “Pasa al momento y ponte a la mesa?” ¿No le dirá más bien: “Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?” ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer».

3.- Qué dice el texto.

Meditación-reflexión.

A primera vista, parece que Jesús aprueba este trato abusivo y arbitrario de este amo. Se sabe que en tiempos de Jesús existía en Israel una esclavitud, aunque más moderada que en el imperio romano (J. Jeremías).Jesús se sirve de una realidad muy cotidiana para las gentes que le escuchaban, aprendieran cuál debía ser la disposición de la criatura ante su Creador: Ninguno de nosotros es dueño de su vida. Somos criaturas de Dios; estamos colgados de Dios como lo estuvimos un día del cordón umbilical con nuestras madres. Por eso nuestra actitud profunda ante Dios es de gratitud, de alabanza, de adoración. Por otra parte, en tiempo de Jesús, los fariseos estaban cargados de méritos. Compraban a Dios con sus méritos y despreciaban a los que no los tenían (Fariseo y publicano). Cuando el Señor nos dice que “somos siervos inútiles” nos quiere elevar a otra categoría superior: la categoría de “hijos” que obran por amor. “Como criaturas de Dios”, lo que debemos hacer, es adorar, alabar y agradecer al Creador; y, “como hijos de Dios”, debemos amarle y demostrarle nuestro amor con obras. Pero no obras para adquirir méritos y presumir ante Dios y los demás, sino para responder con amor al inmenso amor que Él nos ha tenido. Ante Dios no debemos ir en plan de “exigencia” (como el fariseo soberbio) sino de “indigencia” (como el humilde publicano).

Palabra del Papa.

Porque la fe es un encuentro con Jesús, y nosotros debemos hacer lo mismo que hace Jesús: encontrar a los demás. Vivimos una cultura del desencuentro, una cultura de la fragmentación, una cultura en la que lo que no me sirve lo tiro, la cultura del descarte. Pero sobre este punto os invito a pensar —y es parte de la crisis— en los ancianos, que son la sabiduría de un pueblo, en los niños… ¡la cultura del descarte! Pero nosotros debemos ir al encuentro y debemos crear con nuestra fe una “cultura del encuentro”, una cultura de la amistad, una cultura donde hallamos hermanos, donde podemos hablar también con quienes no piensan como nosotros, también con quienes tienen otra fe. Todos tienen algo en común con nosotros: son imágenes de Dios, son hijos de Dios. Ir al encuentro con todos, sin negociar nuestra pertenencia» (S.S. Francisco, 18 de mayo de 2013).

4.- Qué me dice hoy a mí esta palabra ya meditada. (Guardo silencio).

5.- Propósito: En este día mostrar a los demás un rostro “alegre” y así manifestaré el gozo de servir a mi Señor Jesucristo.

6.- Dios me ha hablado hoy a través de su Palabra. Y ahora yo le respondo con mi oración.

Señor, hoy al terminar mi oración, mi mirada se dirige a María, tu Madre. Esa mujer maravillosa que, a pesar de la dignidad que le diste de ser Madre de Dios, sólo se fijó en lo poco que era: “ha mirado la pequeñez de su esclava”. Siempre se sintió pobre, humilde, sencilla, esclava. Haz que yo sepa imitar a María.

Autor: Raúl Romero