Ainkaren, el ángel de las embarazadas y los bebés que sobrevuela Zaragoza

La casa cuna cumple 20 años de pasión, esfuerzo y nacimientos “prohibidos”: más de 600 niños han visto la luz gracias a la ayuda y el coraje de cientos de mujeres

Cuando uno busca en “Google” qué hacer ante un embarazo no deseado, encuentra decenas de alternativas para acabar con el “problema”. Sin embargo, entre las múltiples clínicas que promueve la industria del aborto, sobresalen faros capaces de iluminar las situaciones más oscuras. Uno de ellos es Ainkaren, que se presenta así: “Os abrimos las puertas de nuestra casa. Queremos que se convierta en tu hogar, en amor, en esperanza, pero, sobre todo, en vida”.

El mensaje nada contracorriente. Como la propia asociación, que desde su puesta en marcha en 1997, da cobijo a mujeres embarazadas y madres con hijos pequeños que se sienten solas y desamparadas, sin recursos para seguir adelante. “Todo empezó con una madre y, de repente, han nacido más de 600 bebés”, asegura Teresa González, la fundadora y presidenta de esta casa cuna, que habla de “veinte años de locura, de pasión, de mucho sacrificio y de nacimientos «prohibidos», bebés que en primera opción no iban a nacer y que hoy son chavales que vienen a visitarnos”.Cerca de 100 mujeres acuden cada año a Ainkaren. Algunas, explica González, con la idea de abortar, porque se han confundido al leer en la web lo de ayuda a las embarazadas: “Han venido chicas pensando que esto era un centro que practicaba abortos. Estaban angustiadas, con miedo, y al ver que aquí les apoyábamos, decidieron seguir adelante. Dios ha hecho auténticos milagros”.

Entre otros, está el de Julia, una joven a la que el mundo se le vino encima al quedar embarazada. “Tanto mis amigas como el médico me decían que debía abortar. Y yo no podía creer que no pudiera tener a mi hijo”, rememora esta mujer –ya mamá–, que encontró la luz en una iglesia: “Estaba destrozada y me informaron de la existencia de esta casa. A partir de ahí, todo cambió. Hubo dificultades, pero ya no estaba sola para afrontarlas”.

A día de hoy, Ainkaren tiene capacidad para acoger a 26 mujeres con sus respectivos hijos, a quienes –además de los servicios básicos de alojamiento y manutención– ofrece asesoramiento jurídico y laboral, apoyo psicológico, acompañamiento personalizado y talleres de capacitación para facilitar su inclusión en la vida laboral.

“Todo el trabajo está centrado en ayudar a las mujeres desde que llegan hasta que deciden marcharse porque han encontrado su sitio en el mundo”, asegura la presidenta, feliz al ver cómo la “cabezonada” que tuvieron en 1997 varias personas que amaban “locamente la vida” se ha convertido en un tierno hogar: “No entendemos que la sociedad no apoye a estas personas. Un hijo no debería ser nunca un problema, sino una alegría inmensa”.

Por ello, Vanesa –otra “madre Ainkaren”– pide a Dios que el proyecto pueda continuar: “Esta casa no solo da la opción de optar por la vida, sino que regala esperanza a mujeres desesperadas”. Es el ángel que sobrevuela Zaragoza y que ahora celebra su 20 cumpleaños.